Fotos: Cortesía Salvador Encarnación

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Famosa es la cabeza de Juárez ubicada en Acatlán. Cada año, el 21 de marzo, las autoridades municipales y escuelas de la población le rinden homenaje a ese prócer que descansó unas horas del año de 1858 en la población. Su rumbo era el Puerto de Manzanillo. Recordando ese día, una antorcha recorre las poblaciones del Sur de Jalisco y Colima en respeto para ese corazón que era, y es, luz y llama. 

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—…y desde entonces Acatlán vive bajo la sombra de Juárez.

—Bajo su luz, compadre, bajo su luz. Acuérdese de los versos de Enrique González Martínez: “Sin que lo manche la mundana escoria/ se eleva altivo, inquebrantable y fuerte,/ impasible y sereno ante la muerte,/ sereno e impasible en la victoria”.  

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“Dicen los díceres que como don Benito era chiquito, lo sacaron del pueblo escondido en una canasta pisquera a cuestas, rumbo a la hacienda de Estipac, en donde pasó su cumpleaños. Eso dicen”.

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Escribió Matías Romero en su diario: “[Marzo] 21. Anduvimos sin cesar hasta las 3 [de la tarde] que llegamos a Santa Ana Acatlán en donde supimos que los pronunciados nos seguían. Montenegro salió a reconocer el campo y los encontró a corta distancia. Entonces dispuso Iniestra que tomara a su tropa (sic) la iglesia y la casa que estaba frente al mesón que ocupábamos y el resto de su gente la distribuyó en el mesón. A las 4 ½ llegaron los pronunciados y empezó un fuego activo por parte de ellos. (…) Dentro del mesón hubo mucha alarma, mandaron ensillar violentamente los caballos (…) A las 8 nos llamó Iniestra a los de la comitiva y nos dijo que íbamos a salir del mesón (…) Como a las 10 ½ salimos, primero cinco soldados de caballería, después Degollado con Ramírez Lazo y los dos Montenegro, en seguida Juárez y Ocampo, Ruiz y Guzmán… (…) Salimos ordenadamente sin que nadie nos molestara.  

[Marzo] 21. A las 5 llegamos a la hacienda de Estipac, propiedad de don Manuel Corcuera. (…) Felicité a Juárez por el día de su santo. A las 2 seguimos para adelante y como a las 4 entramos en una sierra. A las 7 empezamos a encontrar a los vecinos del pueblo de Atemajac de las Tablas que salían a recibirnos llenos de júbilo”. Diario personal de Matías Romero (1855—1865). 

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“Atrás de donde está la cabeza se encuentran unos vestigios del viejo mesón: tres arquerías y el cuarto en donde descansó el Benemérito. Una placa informa de este hecho: ‘El C. Benito Juárez, Presidente de la República estuvo a punto de perecer aquí, el 20 de marzo de 1858 a manos de los enemigos de la Constitución del 57 y debió su salvación a la lealtad de los vecinos del pueblo’. En la habitación se encuentran dos murales y en un capelo unos documentos de la época”. 

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Recuerdo: al pasar el camión de pasajeros por la población de Santana, las vendedoras ofrecían las mulitas, una artesanía hecha con totomoxtle (hoja de maíz seca), pintada con anilinas. Tiempo después trasladaron su venta al cruce de la carretera con las vías del tren, por el rumbo de Villa Corona. Ahora es un lujo encontrarlas. Las mulitas, cada una, cargan sus tercios, unos huacales en donde llevan un dulce sencillo.  

Santana sí, para todos los del Sur de Jalisco. Esta población es conocida también como Santa Ana Acatlán o con su nombre oficial: Acatlán de Juárez. Las nuevas generaciones la nombran simplemente Acatlán.

Santa Ana, la vieja población, olía a caña. Era un terreno verde con agua por doquier. Un frescor se presentía por sus calles y más por el viejo río con sus casas vetustas a la orilla. Era, y es, visita obligada el balneario Los Chorros, un paraíso entre árboles. En otra época escondía al fondo un pequeño salto de agua o chorrera; de ahí su nombre.

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“Maestro, permítame corregirlo. Somos Santa Ana o Acatlán de Juárez, pero Santana, no”.  Era julio, en los últimos días de la fiesta patronal en honor a Nuestra Señora Santa Ana, la madre de la Virgen María. Los carros alegóricos cruzaban por el pueblo. Un acatlense gritó: 

—¡Viva nuestra madre Santana!

—¡Viva! Contestó la multitud. 

—¿Decía?   

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Son famosas las birrierías de Acatlán, desde siempre. Birria de chivo como debe ser acompañada con tortillas recién torteadas, más chile, cebolla y limón. “Si viene de Guadalajara a bordo de carretera están los restaurantes que ofrecen, además, otras delicias: enchiladas, queso fundido, arrachera… Y por la salida al sur de Jalisco están otros tantos”. 

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Por la salida de Acatlán rumbo a Guadalajara, a un lado de Los Chorros, está La Huerta, un restaurante entre árboles. Fuimos ahí a comer un jueves. La tranquilidad era abundante: la luz del sol y retazos de cielo se filtraban entre el verdor. Una centenaria higuera es quien se encarga de la bienvenida. 

“Espero que la comida esté como el lugar”. Para abrir apetito pedimos un queso fundido con chorizo y una jarra de agua de guayaba. Luego llegó la orden: unas jugosas arracheras a los tres cuartos. “¿Ya se fijaron? Se evapora el agua fresca”. Algo raro en un restaurante: la música ambiental estaba a un mínimo de volumen, eso permitió la plática y acompañar, con la comida, la tranquilidad del lugar. 

“Para la próxima vez me voy a traer una sábana. En tanto ustedes platican yo me duermo en ese pastito”. 

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En Manzanillo, Colima, estaba un conjunto escultórico que la población bautizó como “Las cabezas”. Atrás de ellas había palmeras, adelante, el mar. Las originales, parecidas o copias, ya expuestas en lo individual, se encuentran en Zacoalco de Torres, Acatlán de Juárez, Cuquío, Torreón, Cuyutlán y Guadalajara. “Rodaron las cabezas” expresó el cronista de Colima, Abelardo Ahumada, al comentar que el conjunto escultórico fue removido para ampliar el Puerto.     

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—…y en qué quedó la historia de la canasta pisquera con Juárez.

—Vox populi, hermano. Vox populi. 

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