Fotografía: Abraham Aréchiga

Al llegar al Museo de las Artes (MUSA) para nuestra entrevista, Pedro Valtierra está esperando pacientemente en la puerta, alegre por su propia puntualidad. Vestido de camisa a cuadros y pantalón caqui, acompañamos al fotógrafo por el patio del museo, donde saluda alegremente a todas las personas que se encuentra. A sus 71 años, el maestro continúa demostrando que la cercanía y la empatía con el otro no sólo crea buenas fotografías, sino momentos y conexiones inolvidables. 

A finales de 1971, mientras trabajaba como bolero en Los Pinos, Valtierra conoció por primera vez un laboratorio fotográfico: las luces ámbar, el olor al químico, las charolas que se mueven al tempo, la magia del revelado fueron como un hechizo para él, una especie de amor a primera vista del que ya no pudo escapar.

“Me pareció algo misterioso, algo muy atractivo, imprimir las fotos parecía como ballet, imprimían y aventaban las fotos, que caían en la charola, todo muy mágico, muy real. Y a partir de ese momento me gustó tanto la foto que me quedaba todos los días a ayudarles, pero mi idea era que me enseñaran y poder revelar mis fotos. Eran fotos casuales, de mi familia, las tomaba con una pequeña instamatic. A mí ya me interesaba la fotografía, pero en el laboratorio terminé de enamorarme de ella”, dice. 

Poco a poco, el joven Pedro comenzó a involucrarse en aquel mundo que tanto le interesaba, y a empaparse de los términos del oficio: diafragma, velocidad, encuadre, conceptos nuevos e inquietantes con los que fue familiarizándose desde que completó su primer rollo analógico (36 tomas) en una semana. 

“El fotógrafo que me enseñaba, me dijo: ‘al aprender fotografía tú tienes que darte cuenta de los errores, tienes que reflexionarlos’. De las 36 fotos, tres habían quedado bien. Así fui aprendiendo. 
Él me dijo: hay que perderle el miedo a la luz y en aquel momento comencé a andar con menos temor de lo que pudiera salir mal”, agregó. 

Fotografía: Ulises Ayala

Atraído por la fotografía periodística debido a la cercanía propia y familiar con el impreso, luego de seis años de duro aprendizaje Valtierra logró entrar a formar parte del periódico Unomásuno, luego trabajó como corresponsal de guerra, fue jefe de fotografía en La Jornada, fundó su propia agencia y se fue convirtiendo así en uno de los fotógrafos más reconocidos de México. 

De todos estos años de experiencia y cambios, Valtierra recuerda con nostalgia la magia de lo analógico, que se ha ido perdiendo poco a poco con los medios digitales.

“En Nicaragua o en El Salvador o Guatemala, mandar una foto impresa se tardaba 14 minutos, imprimías el rollo, lo secabas con una secadora de pelo, era un proceso muy lento  y todo eso desaparece de un día para otro, ahora tomas una foto y antes de tomarla ya la mandaste. Sin embargo, uno tiene que adaptarse. Yo me adapto y tengo que adaptarme porque soy profesional”, ríe. 

Sobre “Cuartoscuro”, agencia y revista de fotografía fundada hace más de 37 años, que primero se llamó “Imagen Latina”, dice que nació con el propósito de apoyar la fotografía independiente y actualmente reúne el archivo de fotógrafos y fotógrafas mexicanas de distintas generaciones. 

“La idea de mis compañeros y mía era manejar nuestros propios temas y dar cobertura a temas sociales que generalmente no tenían espacio en los periódicos. Un poco como el ejemplo de Magnum, o como lo hacían, por ejemplo, los hermanos Mayo aquí. En fin, ser fotógrafos independientes, tener libertad y cubrir temas importantes y no depender del gobierno ni de nadie. 
Ese era el sueño. Hacer una revista. Y bueno, después de 40 años hemos avanzado y ahí vamos, nos mantenemos, tenemos el archivo más organizado de México y hemos logrado darle cobertura a muchos medios”. 

Para el maestro, la facilidad con la que ahora se crean y se reproducen las imágenes, desde la cámara colocada en nuestros dispositivos móviles hasta las creadas por la inteligencia artificial, ha cambiado la manera en la que las y los fotógrafos realizan sus tomas y también en el cómo las y los espectadores las miran e interpretan. Por ello, hizo un llamado a las fotógrafos para que mantengan siempre la autocrítica y sigan esforzándose en la búsqueda. 

“La facilidad que tenemos para producir imágenes nos ha hecho perder muchas necesidades a los fotógrafos: ser cuidadosos, buscar, ver, observar con más detenimiento ciertas cosas, ¿no? No todos hacen eso. Muchos jóvenes, yo lo veo, están muy preocupados por la producción de imágenes, por la creatividad, a pesar de la facilidad, porque al final el teléfono es solamente un instrumento, y es bien sabido que no por tener un instrumento que tome fotografías eres buen fotógrafo”, dijo. 

Para él, Jalisco es uno de los lugares dentro del país con más producción fotográfica de calidad, por lo que la revista Cuartoscuro ha dedicado su edición 190 a la creatividad y realización hecha por artistas visuales del estado.

“Sí que hay buenos fotógrafos, sigue habiendo buenos fotoperiodistas, y es una de las razones por las que nos animamos a hacer una colección, por ejemplo, de Jalisco. Crecieron el número de fotógrafos y también crecieron los fotógrafos que están preocupados por la imagen, por hacer buenas fotos, por producir, por involucrarse. 
O sea, no se masificó todo ni se popularizó todo. No porque haya muchos lápices significa que todos van a ser poetas”, agrega. 

Aunque ya no lo hace con la misma intensidad, Pedro Valtierra continúa tomando fotografías, llevando su cámara a todas partes, evitando a toda costa las fotografías de tipo “turista”: “Yo me siento bien, si salgo a hacer fotos de un reportaje,  la gente me dice: te ves diferente. Rejuvenezco cada vez que hago foto, porque para mí no hay cosa más hermosa que la foto y los temas periodísticos”.

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