viernes, noviembre 6, 2026
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Investigan cómo se busca a las niñeces desaparecidas en México

Mónica Ocampo, docente del CUGuadalajara, plantea utilizar herramientas tecnológicas y técnicas tradicionales para sumarlas a la búsqueda

Cuando un niño desaparece, las familias suelen buscarlo con la última fotografía que tienen de él. Pasan los años, el rostro cambia y esa imagen deja de servir. De ese problema parte la investigación de Mónica Ocampo, docente del Centro Universitario de Guadalajara (CUGuadalajara), publicada en ¿Por qué los buscamos? Aproximaciones teórico-metodológicas para comprender la búsqueda de personas desaparecidas en México, libro coordinado por los doctores Fernanda Ramírez y Darwin Franco.

Su capítulo, “Un rostro para volver: desaparición infantil y el poder de la progresión de edad”, nació de su tesis de la maestría en Antropología social, presentada en 2019 en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Según explica, esa investigación “se basaba en una pregunta muy sencilla, ¿cómo se busca a una persona menor de edad en este país?”. Dejó pasar casi seis años sin publicarla, hasta que llegó la invitación de la doctora Ramírez y decidió actualizarla.

Ocampo trabajó con familias del Estado de México. Su caso central es el de Daniela Xóchitl Elizarrarás Rojas, quien desapareció el 31 de mayo de 2006 en Tultepec. La investigadora la conocía de lejos, Daniela fue compañera de kínder de un primo suyo. En 2017 buscó a la familia y pasó dos años acompañando a la madre, Claudia Rojas.

Lo que encontró fue una búsqueda sin herramientas. La Alerta Amber se implementó en 2012 y los casos que estudió ocurrieron en 2005 y 2006. “Estas personas comenzaron a buscar a sus hijos antes de que existiera una ley, antes de que existiera una Alerta Amber”, señala Ocampo.

Inteligencia artificial, con límites

El capítulo documenta dos vías para obtener una imagen más certera. La primera es Regresa, proyecto de la UNAM encabezado por la antropóloga Ana Itzel Juárez Martín, que entrena un algoritmo con más de mil 500 fotografías de población mexicana. Los programas internacionales, en cambio, se apoyaron durante años en una base europea con apenas 82 personas.

La segunda es la Liga forense de México, fundada en 2017 por peritos que, según Ocampo, “están conscientes de la precarización” institucional. Ante la falta de datos genéticos para entrenar algoritmos, proponen volver “al papel y al lápiz”, con proporciones del rostro y fotografías de padres, hermanos y abuelos.

Ella advierte contra las soluciones rápidas: “No basta solamente con subir una fotografía de esa persona que está desaparecida y pedirle a ChatGPT que la haga cómo se vería en seis años”. Hace falta, dice, una estructura algorítmica, datos de ADN y especialistas, que escasean; el capítulo cita al perito David Dorantes Monterrubio, quien calcula que en la Fiscalía General de la República (FGR) apenas una docena de peritos atiende la demanda nacional.

Regresar con las fuentes

Ocampo, periodista de formación, defiende devolver el trabajo a quienes lo hicieron posible. Antes de publicar, regresó con Claudia Rojas para revisar la información y decidir qué quedaba fuera. Cuando publicó Ayotzinapa. La travesía de las tortugas, coescrito con 60 periodistas, las regalías se entregaron a las familias de los 43 normalistas. “Tienes una responsabilidad de retribución con las personas”, sostiene. Rojas acompañó a la investigadora en la presentación del libro en el CUGuadalajara.

Para Ocampo, este plantel tiene en sus licenciaturas lo necesario para sumarse. Menciona las carreras de Inteligencia artificial, Ciberseguridad y Creatividad digital, esta última para contar el problema a públicos amplios, incluso en formatos transmedia.

La docente recuerda que en México hay 130 mil personas desaparecidas. “Pero eso, en sí mismo, no nos dice mucho”, lamenta, y advierte que muchas veces esa crisis se normaliza y sólo se percibe como una cifra más: “Al ser universidad pública nos toca. Nos toca pensar, nos toca cuestionarnos”.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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