Mientras todo esto transcurre y traspasa a la mente de cientos de jóvenes mujeres mediante redes sociales, en Estados Unidos figuras públicas como Erika Kirk, viuda del activista de derecha Charlie Kirk, organizan congresos para apoyar una moción que ha dado mucho de qué hablar: el fin del sufragio para las mujeres.
Kirk y otras demócratas estadounidenses propusieron en la Cumbre de liderazgo femenino (Women’s leadership summit 2026), celebrada en junio en San Antonio, Texas, modificar el voto femenino por el “voto por jefe de familia”, el cual, según explicaron, sería ejercido por un hombre; si no es un esposo, sería un padre, si no es un padre, un hermano, eliminando así la emancipación política femenina.
Pero, ¿qué relación existe entre mujeres vestidas de colores pastel, promoviendo matrimonios tradicionales y vidas perfectas, con la idea de que las mujeres cedamos nuestro derecho al voto? Al parecer, mucho más de lo que pensamos.
María del Rosario Ramírez Morales, investigadora del departamento de Sociología del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y especialista en género, explicó: “El fenómeno de las tradwifes conecta con varias corrientes. Por un lado, el nacionalismo conservador y los movimientos natalistas preocupados por la caída de las tasas de natalidad en países del norte global (principalmente, en este caso, con una marca de raza y clase); también está la machosfera –o manósfera–, el antifeminismo digital, y sectores de la derecha alternativa que ven en la restauración de roles de género tradicionales una vía para reconstruir un orden social”.
“En otras palabras, no es un fenómeno aislado, ya que coincide con el ascenso de liderazgos de derecha a nivel global, con el retroceso de derechos reproductivos en Estados Unidos y con una crisis más amplia de precarización laboral y de cuidados que hace atractivo un discurso que promete ‘descansar’ doble o triple jornada para centrarse solo en el trabajo reproductivo y de cuidados”, añadió Ramírez Morales.
A pesar de esto, el panorama en nuestro país parece más esperanzador. Aunque algunas diputadas del Partido Acción Nacional (PAN) han mostrado estar en favor de las propuestas sugeridas por Kirk, Ramírez Morales dijo que existe una probabilidad muy baja de que esto pueda escalonar hasta una reforma electoral. Sin embargo, los problemas que atraen este tipo de olas de conservadurismo ya están afectando a muchas mujeres alrededor del mundo.
“Una eliminación formal y explícita del sufragio femenino es altamente improbable en el corto plazo, puesto que implicaría una reforma constitucional, un consenso político inexistente hoy en día, y un costo político y de legitimidad internacional enorme. Sin embargo, es muy preocupante que haya personajes que lo consideren como una posibilidad”, comentó la investigadora del CUCSH.
“Lo que me alerta es lo que estas ideas tienen detrás y que podemos ver desde ya en cosas como recortes a políticas de paridad, desmantelamiento de institutos de las mujeres, retrocesos en derechos reproductivos y en protocolos contra la violencia de género; o el ascenso de discursos que deslegitiman la participación política de las mujeres y, en general, el retroceso o al menos el cuestionamiento de derechos que ya se pensaban ganados”.