domingo, junio 28, 2026
domingo 28, junio, 2026

Entre los colores del arcoíris se filtra el patriarcado

Aunque pueda parecer una contradicción, la comunidad LGBTIQ+ no está exenta de presentar y normalizar conductas heteronormadas, machistas y misóginas que replican prejuicios, jerarquías o prácticas discriminatorias hacia las mujeres, las personas trans o algunas otras identidades sexogenéricas

Especial

En el mes de junio se conmemora, a nivel internacional, la lucha de la resistencia LGBTTTIQ+, en recuerdo de la violenta redada policiaca en el bar Stonewall inn, de Nueva York, el 28 de junio de 1969, que desató varios días de protestas históricas que marcaron el inicio del movimiento moderno por los derechos de la diversidad sexual.

Hoy, 57 años después de aquella importante fecha, las personas pertenecientes a la comunidad diversa tienen una extensa lista de necesidades y prioridades en su agenda política; algunas, otorgadas con desgana por las autoridades y otras que siguen siendo motivo de lucha.

Sin embargo, dentro de la comunidad también existen retos a enfrentar: desarraigar las ideas patriarcales y heteronormadas que, en su mayoría, incluyen una profunda misoginia y machismo.

Arte de Mar Rodríguez.

El patriarcado: enemigo de todes, amigo de nadie

El patriarcado, definido como la “supremacía masculina en ámbitos culturales, políticos y sociales, así como la subordinación de lo femenino, tanto en la esfera pública como en la privada”, parecería no tener nada que ver con las vivencias LGBTIQ+, puesto que existe la creencia de que este fenómeno no puede afectar a relaciones disidentes. Pero esto es un error.

Cristian Cárdenas Becerra, fundador de Diverso UdeG, reconoció la importancia de saber que el patriarcado no afecta sólo las relaciones heterosexuales, porque absolutamente todas las personas que crecimos en esta sociedad hemos aprendido determinados roles de poder, control y dominación que se reproducen de manera sistemática cuando nos relacionamos.

“Las conductas patriarcales se infiltran cuando se normalizan dinámicas de control, de celos, posesión, e incluso de competencia; así como la idea de que una persona debe de tener más poder que la otra dentro de la relación. También se manifiesta en la presión para encajar en estereotipos de masculinidad, donde se valora la dureza emocional y se castiga la vulnerabilidad; se establecen jerarquías basadas en edad, posición económica, o incluso en la expresión de género, en la que ciertos hombres señalan ser más hombres que otros dependiendo de su expresión de género, o el repudio que existe hacia los hombres que suelen ser menos masculinos que otros”, mencionó Cárdenas Becerra.

¿Cómo se es más o menos hombre? ¿Qué define la masculinidad y la feminidad? ¿Por qué se siguen construyendo estos estereotipos absurdos dentro de una comunidad “diversa”?

El artista Gabriel Torres, egresado de la licenciatura en Artes plásticas del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), dice que la comunidad trans es la que más desafía los ideales heteronormativos y cisgénero que existen dentro de la sociedad; sin embargo, no quedan exentos y exentas de ser víctimas del más cruel y duro patriarcado, pues mediante la misoginia se ejerce violencia contra aquelles que transicionan.

La raíz de todo es la misoginia; hay un fuerte odio hacia las mujeres y las personas que se presentan femeninas. Cuando transicionas comienzas a ver con más detalle cómo existe un rechazo hacia lo femenino; la gente es mucho más cruel con las mujeres trans porque existe esta especie de odio, y con los hombres trans sucede algo similar, porque nos llaman ‘suaves’ o ‘lesbianas que odian ser mujeres’. Una vez que transcionamos, por ejemplo, se espera que comencemos a actuar como hombres, a salir con mujeres, a caminar y ver la vida como un hombre hetero o cisgénero, cuando no es así”, declaró.

En relaciones sáficas, es decir, aquellas que existen entre mujeres, la cosa no cambia mucho, ya que para la sociedad todo funciona en binarismos heterosexuales, donde una de las dos “debería ser el hombre”, “la fuerte”, mientras que la otra “debería tomar el papel” de la “mujer sumisa”.

“Apenas ayer fui al supermercado con mi novia y al pagar, el señor que embolsa las compras le hizo comentarios como si ella fuera la proveedora y cabeza de la relación. En principio fue tierno, porque no fue grosero y fue más en plan divertido; pero viendo hacia atrás, así se lee. Es complejo pensarse fuera de ese sistema, porque así está concebido el mundo, hasta en los gestos mínimos”, comentó al respecto la artista y curadora Mar Rodríguez, egresada también del CUAAD.

Cortesía de artista Gabriel Torres.

Machismo y misoginia dentro de la comunidad LGBTIQ+

Aunque parezca una contradicción, lo cierto es que ninguna comunidad está libre de replicar conductas de violencia hacia las mujeres, personas que no encajan con los estereotipos de masculinidad, o incluso contra aquellas que no cumplen con los estándares heteronormativos como belleza, peso, color de piel, clase social, etcétera.

Ana Victoria Morales Barajas, quien se desempeña en el área de Diversidades en Defensoría de Derechos Universitarios (DDU) de la UdeG, subrayó: “Tanto el machismo como la misoginia no dependen de la orientación sexual de una persona, sino de los procesos culturales y sociales mediante los cuales aprendemos a relacionarnos con todas las personas. Por eso, pueden ser reproducidos por personas de cualquier orientación, identidad o expresión de género, y replicar prejuicios, jerarquías o prácticas discriminatorias hacia las mujeres, las personas trans o algunas otras identidades sexogenéricas”.

Dentro de la comunidad, mujeres trans, bisexuales, lesbianas, pansexuales y aquellas con expresiones de género diversas pueden llegar a enfrentar invisibilización y discrimininación en diferentes situaciones.

“La minimización de sus liderazgos, la exclusión de los espacios de toma de decisiones, la sexualización de sus experiencias, o incluso las formas de violencia simbólica y verbales, son algunas violencias que llegan a sufrir las mujeres dentro del colectivo. En ocasiones, sus demandas son consideradas como secundarias frente a otras causas, reproduciendo las mismas desigualdades que históricamente han enfrentado en otros ámbitos de la sociedad. Y por eso es que ha habido un esfuerzo gigantesco por parte de las organizaciones para que la lucha LGBTIQ+ sea encabezada lo más que se pueda por las mujeres, y por todas las mujeres de la diversidad sexual”, mencionó Cristián Cárdenas.

Para derribar estas prácticas que perjudican a la comunidad, Ana Victoria Morales sugirió: “Es fundamental promover la educación con perspectiva de género, derechos humanos, fomentar las perspectivas feministas y de la diversidad sexual, fomentar un diálogo crítico, visibilizar experiencias de las mujeres lesbianas, bisexuales, trans y algunas otras disidencias, así como garantizar espacios de participación y liderazgo para todes”.

Cortesía de artista Gabriel Torres.

Arte como motor de la diversidad

Entre las políticas que fomentan la integración de todas, todos y todes dentro de la comunidad, el arte ha sido fundamental para plasmar las vivencias disidentes. Mediante películas, libros, canciones, poemas y arte pictórico miles de personas diversas han podido compartir sus experiencias, abriendo la conversación acerca de otras maneras de percibir y reflejar la identidad, el amor y las diferentes maneras de vivir.

En su obra fotográfica, Mar Rodríguez explora lo oculto, la búsqueda de la identidad queer desde la infancia, así como el amor y la conexión: “El arte es fantasía, es la reivindicación de todo lo que existe. El arte nos entrega esas imágenes, para saber que lo que deseamos y lo que no deseamos es posible”, comentó.

Desde su trabajo curatorial en el Museo del periodismo y las artes gráficas (Mupag), Rodríguez ha creado espacios de difusión para la comunidad LGBTIQ+, proponiendo exhibiciones artísticas, círculos de cine y conversatorios.

“Tuvimos reuniones en el Mupag para hablar sobre arte sáfico en la historia, sobre cómo van cambiando los signos y modos de expresión sobre el deseo entre mujeres. La sesión pasada hablé sobre Catherine Opie, su pieza más famosa y controversial es Self portrait/cutting, de 1993, donde se muestra de espaldas con un dibujo infantil realizado sobre su piel con un bisturí de dos mujeres, una casa, dos aves y una nube cubriendo el sol. Opie menciona que la hizo porque sus amigos se estaban muriendo de sida y ella prefería soñar con una vida doméstica (una vida tranquila, tener un hogar con su novia). Es una contradicción, porque esa vida doméstica con la que soñamos es el fin que el sistema heterocapitalista tiene para las mujeres; sin embargo, por ser lesbianas se nos es negado y, por eso, en algunos casos, lo deseamos”, mencionó.

Para Gabriel Torres el arte ha sido la forma para encontrar su autenticidad, uniendo su identidad y su personalidad con la manera en la que creaba.

Con santos y deidades, súplicas y agradecimientos, Torres ha generado una discusión acerca de la divinidad, la identidad y la comunidad, creando una serie de imágenes que unen lo terrenal con lo sagrado.

“Tenía mucho odio hacía mí mismo y no sentía esa autenticidad tampoco en mi trabajo. Y después de mucho pensarlo, me di cuenta de que yo quería transicionar. Ese fue el momento en el que acepté quién era yo y qué es lo que quería hacer con mi vida, y también en el que empecé a soltarme más artísticamente”.

Cortesía de la artista Mar Rodríguez.
Cortesía de la artista Mar Rodríguez.

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