El patriarcado, definido como la “supremacía masculina en ámbitos culturales, políticos y sociales, así como la subordinación de lo femenino, tanto en la esfera pública como en la privada”, parecería no tener nada que ver con las vivencias LGBTIQ+, puesto que existe la creencia de que este fenómeno no puede afectar a relaciones disidentes. Pero esto es un error.
Cristian Cárdenas Becerra, fundador de Diverso UdeG, reconoció la importancia de saber que el patriarcado no afecta sólo las relaciones heterosexuales, porque absolutamente todas las personas que crecimos en esta sociedad hemos aprendido determinados roles de poder, control y dominación que se reproducen de manera sistemática cuando nos relacionamos.
“Las conductas patriarcales se infiltran cuando se normalizan dinámicas de control, de celos, posesión, e incluso de competencia; así como la idea de que una persona debe de tener más poder que la otra dentro de la relación. También se manifiesta en la presión para encajar en estereotipos de masculinidad, donde se valora la dureza emocional y se castiga la vulnerabilidad; se establecen jerarquías basadas en edad, posición económica, o incluso en la expresión de género, en la que ciertos hombres señalan ser más hombres que otros dependiendo de su expresión de género, o el repudio que existe hacia los hombres que suelen ser menos masculinos que otros”, mencionó Cárdenas Becerra.
¿Cómo se es más o menos hombre? ¿Qué define la masculinidad y la feminidad? ¿Por qué se siguen construyendo estos estereotipos absurdos dentro de una comunidad “diversa”?
El artista Gabriel Torres, egresado de la licenciatura en Artes plásticas del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), dice que la comunidad trans es la que más desafía los ideales heteronormativos y cisgénero que existen dentro de la sociedad; sin embargo, no quedan exentos y exentas de ser víctimas del más cruel y duro patriarcado, pues mediante la misoginia se ejerce violencia contra aquelles que transicionan.
“La raíz de todo es la misoginia; hay un fuerte odio hacia las mujeres y las personas que se presentan femeninas. Cuando transicionas comienzas a ver con más detalle cómo existe un rechazo hacia lo femenino; la gente es mucho más cruel con las mujeres trans porque existe esta especie de odio, y con los hombres trans sucede algo similar, porque nos llaman ‘suaves’ o ‘lesbianas que odian ser mujeres’. Una vez que transcionamos, por ejemplo, se espera que comencemos a actuar como hombres, a salir con mujeres, a caminar y ver la vida como un hombre hetero o cisgénero, cuando no es así”, declaró.
En relaciones sáficas, es decir, aquellas que existen entre mujeres, la cosa no cambia mucho, ya que para la sociedad todo funciona en binarismos heterosexuales, donde una de las dos “debería ser el hombre”, “la fuerte”, mientras que la otra “debería tomar el papel” de la “mujer sumisa”.
“Apenas ayer fui al supermercado con mi novia y al pagar, el señor que embolsa las compras le hizo comentarios como si ella fuera la proveedora y cabeza de la relación. En principio fue tierno, porque no fue grosero y fue más en plan divertido; pero viendo hacia atrás, así se lee. Es complejo pensarse fuera de ese sistema, porque así está concebido el mundo, hasta en los gestos mínimos”, comentó al respecto la artista y curadora Mar Rodríguez, egresada también del CUAAD.