La transformación de hábitos cotidianos, particularmente en la alimentación, es una de las vías más efectivas para reducir la huella de carbono, coincidieron especialistas de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco.

En rueda de prensa celebrada en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemora el 5 de junio, Guadalupe Garibay Chávez, investigadora del cuerpo académico de Salud Ambiental y Desarrollo Sustentable del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), subrayó la relevancia de actuar desde lo local ante un problema global.

“La huella de carbono es importante porque nos habla de la prioridad o de la importancia que tienen las acciones humanas en la generación de gases de efecto invernadero. Estos gases son responsables del calentamiento global y tienen repercusiones no solamente en el contexto mundial, sino también local”.

“La gastronomía y el cambio de hábitos son una necesidad, pero también una oportunidad para impulsar medidas que reduzcan esa huella. Valorar lo que consumimos y cómo lo hacemos es fundamental para empezar a transformar nuestros estilos de vida”, señaló.

Por su parte, Arturo Curiel Ballesteros, coordinador de la maestría en Ciencias de la Salud Ambiental del CUCBA, advirtió que el mundo enfrenta un momento crítico ante el incumplimiento de acuerdos internacionales como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París.

Cuando hablamos de cambio climático estamos hablando del fenómeno más crítico en la historia de la humanidad. Los acuerdos internacionales buscaban reducir las emisiones para no rebasar el aumento de 1.5 grados en la temperatura global, pero lamentablemente ya estamos superando esa meta”, indicó.

Foto: Iván Lara

Explicó que en sus estudios encontraron que los estilos de vida, especialmente la alimentación, pesan más en la generación de emisiones que el transporte o el consumo en el hogar, lo que abre una oportunidad clara de acción individual.

El académico enfatizó que decisiones cotidianas, como el tipo de proteína que se consume, pueden marcar una diferencia significativa en la reducción de emisiones.

En este sentido, Juan de Jesús Taylor Preciado, profesor del Departamento de Producción Animal del CUCBA, explicó el impacto ambiental de la producción pecuaria y la necesidad de generar conciencia desde el consumo.

“La meta es crear una cultura de conciencia sobre el impacto ambiental del consumo de diferentes alimentos y su valor nutricional. Jalisco ocupa el primer lugar en producción pecuaria nacional, lo que también implica una alta generación de gases de efecto invernadero”, expresó.

Un bovino puede producir entre 26 y 60 kilogramos de dióxido de carbono, además de metano, mientras que otras especies como el cerdo o el pollo generan mucho menos emisiones”, precisó.

Dijo que no se trata de eliminar el consumo de carne, sino de reducir el de alto impacto y diversificar la dieta; así como consumir productos locales y de temporada, y disminuir el desperdicio de alimentos.

El especialista también propuso alternativas como el consumo de conejo, legumbres y pescados de bajo impacto ambiental, además de mejorar los sistemas de producción animal.

Foto: Iván Lara

Por su parte, Rodrigo Ramos Zúñiga, profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) y presidente de la Benemérita Sociedad de Geografía del Estado de Jalisco, destacó el concepto de “una sola salud”, que integra la salud humana, animal y ambiental.

“No es posible concebir la salud de forma integral si no tomamos en cuenta la salud animal y la salud ambiental. Esta interacción ha sido alterada por la actividad humana y ha generado consecuencias como epidemias y afectaciones al ecosistema”.

“Hoy enfrentamos más de 280 riesgos identificados a nivel global, por lo que se requiere una visión de resiliencia: no sólo resistir los impactos, sino aprender, adaptarnos y tomar decisiones proactivas”, indicó.

Explicó que la información científica es clave para que la sociedad tome decisiones informadas, frente a la desinformación y los hábitos de consumo poco saludables.

Los especialistas coincidieron en que el cambio debe comenzar desde el núcleo familiar y a través de pequeñas acciones diarias, como elegir alimentos con menor impacto ambiental, reducir el desperdicio y fomentar una cultura de consumo responsable.

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