Una feria de luces

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Un país de ocho millones de habitantes, con apenas 65 años de existir; una comunidad de 14 millones de personas con más de tres mil años de historia y tradición. Hablar de Israel y del pueblo judío no es lo mismo, aunque han estado indisolublemente ligados y han seguido identificándose durante toda la diáspora, desde la expulsión hasta el regreso a la Tierra Prometida. Una aspiración milenaria, que luego se convirtió en un movimiento político en el siglo XIX, con el sionismo —fundado por Theodor Herzl que propugnaba el restablecimiento del pueblo judío en la Tierra de Israel, y que se concretó en 1948 con el reconocimiento como Estado soberano por parte de la ONU.

Israel es, entonces, un crisol de culturas y cultos, que se desarrollaron en diferentes partes del mundo a lo largo de siglos de migraciones, persecuciones y escisiones al interior del mismo judaísmo, con la creación de diferentes corrientes, muchas veces nacidas las unas como reacción a las otras. Una diversidad y una riqueza que se podrán apreciar durante una semana, del 30 de noviembre al 8 de diciembre, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que ofrecerá un amplia panorámica sobre la cultura como la tradición de su pueblo.

Durante ocho días habrá presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas y otros eventos en que participarán renombradas personalidades tanto de América Latina como del país invitado, entre las que destacan los premios Nobel Mario Vargas Llosa y Shimon Peres, presidente de Israel, y los escritores israelíes David Grossman y Etgar keret.

Ocho días que “cabalísticamente” —el término no es quizás el más apropiado pero afín al contexto— coinciden con el Janucá, una importante festividad del judaísmo que dura también ocho días y que este año inicia el 28 de noviembre.

Janucá, que se puede traducir como la fiesta de las luces, conmemora la victoria de los Macabeos contra los Seléucidas y sus partidarios judíos helenistas, que culminó con la reconquista del Templo de Jerusalén en el año 165 antes de la era común. Consiste en encender un candelabro con ocho brazos, una vela por día, hasta prenderlas todas el octavo, para celebrar el milagro que acaeció cuando, al recuperar el templo, los judíos quisieron encender la Menorá (candelabro sagrado de siete brazos), pero había solamente aceite para un día: sin embargo ardió ocho, hasta que se consiguió más aceite.

El significado metafórico de Janucá es el de llevar la luz al mundo, para disipar la oscuridad, y conmemora un evento que marcó profundamente la espiritualidad y el desarrollo educativo de la totalidad del pueblo judío, como dijo Martin Hengel, importante estudioso de las religiones del siglo pasado. La coincidencia cobra acaso mayor significancia por el paralelismo con un espacio como la Fil, cuyo objetivo durante ocho días es el fomento de la educación y la difusión del conocimiento.