Solos contra el mundo

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En los 35 segundos que dura la luz roja del semáforo de las calles Pablo Neruda y Ontario, Luna apenas alcanza a recorrer las ventanillas de tres coches. No suelta su cochinito de plástico rojo y apenas se le entienden dos palabras: “mi regalo”.
Esquivar las raíces de los árboles del amplio camellón no es fácil para la niña de cinco años, originaria de El Espinal, Oaxaca, quien parada de puntitas deja sus dedos marcados en las ventanas de los autos de los conductores que ni siquiera se percatan de que Luna les pedía el regalo de Reyes.
Tropieza por segunda vez y un niño de unos ocho años que la acompaña con unos huaraches igual de rotos y un cochinito de mayor tamaño, la toma de la mano. Su piel, ojos y cabello oscuros los hace parecer hermanos y corren uno detrás del otro durante los 52 segundos en los que transitan los autos en luz verde.
Toca la luz roja. Con la misma sonrisa y energía, Luna se acerca al auto que está detenido frente a ella y pronuncia las únicas dos palabras que se le entienden: “mi regalo”. Una mano más pequeña que la de ella, pero de piel blanca, le entrega un billete de veinte pesos que Luna arruga y con dificultad intenta depositar en la pequeña alcancía.
Los dos niños son parte de los cien millones de infantes en el mundo en situación de calle. Según datos de la Unicef, 40 millones viven en América Latina y en el caso de nuestro país, en 2009, casi 95 mil niños se encontraban en situación de calle. En Jalisco suman cinco mil 740 niños en estas condiciones, de acuerdo con datos de la Dirección de Protección a la Infancia del DIF Jalisco. La mitad de ellos están en la zona metropolitana de Guadalajara.
No es nueva la actividad de pedir dinero en colonias como Providencia o en Tlaquepaque y en zonas como el centro de la ciudad, plaza Tapatía, avenida Alcalde y otras cercanas a la avenida Hidalgo, pero que en época navideña y de fin de año aumenta el número de niños que piden dinero en los principales cruceros.
En junio o julio, cuando son vacaciones de las escuelas, el número de personas que piden limosna, aumenta. Y cada vez es menor la edad de los niños que lo hacen. “Son muy usados para eso”, indicó el jefe del Departamento de Desarrollo Social, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Ricardo Fletes Corona.
Comentó que en los últimos años, grupos formados por diversas comunidades de Oaxaca llegan a la zona metropolitana de Guadalajara y se ubican en las principales avenidas a pedir dinero, porque la consideran una “buena plaza”.
En un diagnóstico situacional que realizó el investigador en el periodo 2008-2009, encontró tres mil 674 infantes de cinco a 17 años en situación de calle en la zona metropolitana de Guadalajara, incluido el municipio de El Salto. Dos mil 548 eran niños y el resto niñas, pero este número podría triplicarse y llegar a los 10 mil si realizaran un censo más amplio, sin contar a niños jornaleros o los que venden artesanías, según comentó Ricardo Fletes Corona.
La presencia en las calles de niñas aumentó de manera importante y se están expandiendo a otras zonas.
“Entre 1984 y 1985, cuando comencé a trabajar este tema, las niñas representaban apenas el 10 por ciento del total de los infantes que trabajaban en las calles. Esta variación en la incorporación es preocupante, porque las niñas se exponen más a los riesgos de la calle. Antes podíamos ver que eran más útiles cuidando a los más pequeños o ayudando en el hogar”.
De los niños encontrados, casi 300 hacían actividades de payasitos, limpiaparabrisas, malabaristas y tragafuegos. Otros 127 vendían flores, globos o dulces. Una tendencia que va a la alza son los niños que trabajan como peones de albañiles.

Flagelo social
El trabajo infantil en México afecta a cerca de tres millones de menores de 18 años –que representan el 10.6 por ciento de los menores de edad del país–, según la última Encuesta nacional de ocupación y empleo de INEGI. El 66.9 por ciento son niños y el 33.1 por ciento, niñas, y de ellos, 850 mil tienen entre cinco y 14 años.
En la conmemoración del Día internacional del trabajo infantil, celebrado el 12 de junio de 2011, Alfonso Poiré Castañeda, de la organización no gubernamental Save the Children, dijo que esa cifra podría subestimar la magnitud del fenómeno, ya que en ésta no consideran a los menores involucrados en el narcotráfico y los que son explotados como sexoservidores. “La infancia no es un elemento visible en políticas públicas”, añadió al respecto.
En este sentido, la Organización Internacional del Trabajo dio a conocer que de estos tres millones de niños, el 40 por ciento no asiste a la escuela. En un comunicado oficial, constató que el trabajo infantil, además de interferir en la educación, les impide jugar, relacionarse con otras personas de su edad y realizar actividades necesarias para su desarrollo.
La Secretaría del Trabajo estima que del total de niños trabajadores en México, 600 mil infantes se emplean en sectores de alto riesgo, como la construcción, el minero y el agrícola. Un flagelo social que perjudica física, moral y mentalmente a los niños.
El 59.2 por ciento de los que trabajan, de acuerdo a información de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), lo hace de jornaleros en las diferentes cosechas estacionales. En su mayoría son indígenas migrantes. La tercera parte labora en condiciones de riesgo, tiene horarios de 35 horas semanales y el 70 por ciento no percibe remuneración alguna, explicó al respecto Norma del Río Lugo, coordinadora del Programa de infancia, de la Universidad Autónoma de México.
Hugo Rossell, del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical, habla de una estadística que revela que Jalisco se ubica en el tercer lugar en el ámbito nacional entre las entidades que más abusan de la mano de obra infantil en condiciones de riesgo, con un porcentaje sobre el total de “baby-trabajadores” del 6.4 por ciento, precedido solamente por el Estado de México, con 13.4 por ciento, y Veracruz, con 6.7 por ciento.
Las cifras resultan incómodas. La investigadora del CUCSH, María Antonia Chávez, dijo en otra ocasión a este semanario (La gaceta, 614): “La cultura arraigada en México es que un niño es propiedad absoluta de los padres; que un niño en la calle sin padres es peor que un perro sin dueño. Porque a lo mejor con un perro nos sensibilizamos y le aventamos un pedazo de carne, en cambio a un niño de la calle le tenemos miedo”.
No son consideradas, muchas veces, las condiciones que impulsan u obligan a un niño a trabajar en la calle. Adriana Rodríguez Salguero, operadora social y experta en derechos humanos, en particular de menores, dice al respecto que: “Son niños que muchas veces vienen muy agredidos: no salen de ‘a gratis’ de sus casas. Se salen porque el nivel de violencia en que se encuentran es sumamente alto”.
En este sentido hay que tomar en cuenta que, como informó el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), de los 50 millones de pobres que existen en México, 22.9 millones son niños.
“La forma en que salen a las calles esos menores, aunque no saben qué van a encontrar, en muchos casos implica un estar mejor que en sus casas, sin importarles el riesgo”, concluye Rodríguez.
El riesgo implica ser humillados, atropellados o, en el mejor de los casos, ignorados por la multitud, que en el periodo de fiestas transita feliz, envuelta en el clima reconfortante de la navidad.

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