Salón Jalisco

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En la música tradicional del Sur de Jalisco, como en otras partes del país, está presente la influencia de la música española. Pero la que en esta región se desarrolló —sobre todo a principios del siglo XX—, quizá como en ningún otro lugar está arraigada a la fiesta brava. Y eso porque los pueblos de ahí “daban para criar el ganado, y para las plazas trashumantes en dónde realizar las corridas de toros”, que luego se edificarían de manera formal, y de entre las cuales la plaza de Autlán se convirtió en la más representativa.

Desde estas consideraciones, el músico y profesor de guitarra en la UdeG, José Guadalupe López Luévano, luego de una investigación académica sobre un análisis musicológico del pasodoble en Autlán, decidiría enfocar el proyecto a una grabación con ésta y otras formas musicales de la región, como schottises, valses o polkas, pero con la particularidad de ser adaptadas para su ejecución en la guitarra. Así, este disco titulado Música jalisciense de salón en la guitarra, fue presentado la semana pasada mediante un recital, en el Paraninfo Enrique Díaz de León, como parte del programa Noches de Música y Museo de Cultura UDG.

Además del rescate de estas piezas, la intención de la grabación era “generar también un repertorio que no se toca nunca en la guitarra, porque toda esta música fue escrita para piano. A la hora de transcribir a la guitarra, es encontrar otro sabor, porque aunque ésta es muy popular en México, en este tipo de música no fue tomada en cuenta; el piano era la base y de ahí se arreglaba para las bandas que tocaban en las plazas de toros o en los kioscos”.

Además de estas obras creadas en el periodo mencionado, también tuvo auge toda la que cumplía una función social con la cotidianidad de la región, y así se generó un amplio espectro que hasta la fecha sigue vivo.

De esta manera, la grabación ayuda a que las nuevas generaciones de músicos “tengan acceso a una música que es propiamente jalisciense, ya que no hay repertorio original de compositores jaliscienses para guitarra, o son muy pocos, y que es una fuente de producción artística que da identidad”.

Las piezas originales se han escuchado a través de las bandas de pueblo, pero con esta transcripción se les da otro sentido, porque el instrumento posee “una diversidad de colores que puede aportar mucho, por su conexión con las raíces españolas”, dice López Luévano.

Por eso, también se da una mayor valoración a la guitarra que nunca ha podido competir en sonoridad con los instrumentos de banda u orquesta o con el mismo piano, para los cuales ha sido escrita la mayor parte de la música existente. Pero aun así la guitarra “ha cautivado al mundo, y está tomando presencia como un instrumento de cámara con sus características particulares, y que incluso ha evolucionado mucho en los últimos treinta años. A la vez es muy joven y no se puede comparar con instrumentos como el violín o como el chelo, que ya tienen más de quinientos años diseñados y que tienen una gran historia técnica, y con un repertorio prácticamente interminable, sin embargo, el de la guitarra clásica ha ido creciendo, y las nuevas generaciones de ejecutantes suenan mejor, al mismo tiempo que se tiene entrada en círculos musicales que antes no nos tomaban en cuenta”.

Entre las obras interpretadas la semana pasada por el propio López Luévano, acompañado del también guitarrista Juan José Arias, se encuentran “Adela” (polka) de Apolonio Moreno; “Tierra baja” (pasodoble) de Nicolás Sánchez Moreno; “Nueva España” (pasodoble) de Juan Carbajal Beaz; “Flores de El Grullo” (vals) de Ignacio Pérez Monroy, y “Viva Autlán” (marcha) de Clemente Amaya.