Luis Argueta, cine comprometido con la causa migrante

El director guatemalteco descubrió en Estados Unidos su pasión por el cine, así como la mirada crítica y humana que acompañaría a toda su obra cinematográfica. En esta edición del FICG, en que Guatemala es país invitado, ofreció una Master class en que habló de su experiencia

200
Foto: Iván Lara

A diferencia de muchos cineastas, Luis Argueta (Guatemala, 1946) vivió sin mucha imaginación hasta que conoció el mundo del cine. Acostumbrado a no cuestionar su entorno, recuerda que de chico le fascinaba escapar de las prohibitivas dinámicas del hogar para emocionarse con las imágenes y sonidos que envolvían la sala de alguno de los dos cines que estaban cerca de su casa. Pero no pasaba de ser para él una diversión. 

Hasta que la inercia de no cuestionar lo que sucedía en su vida lo llevó a aceptar una beca para estudiar Ingeniería en Estados Unidos y, ya en este país, todo cambió.

“Allá había una universidad paralela a la mía donde daban cursos de súper 8, donde pegamos esos pedacitos de celuloide; entonces dejé la ingeniería y estudié literatura”, recordó. 

Y, de repente, “encontré la afinidad de que puedo contar cosas por absurdo que sea. Y esa gran libertad de poder expresarme, hace que me enamore del cine y descubro que más que arte es una artesanía”.

Foto: Iván Lara

Esta anécdota de cómo el guatemalteco se adentró en el séptimo arte la compartió él mismo durante la Master class , en un diálogo con la directora guatemalteca Izabel Acevedo.

Argueta indicó que vivir en otro país le dio una mirada que contrastó con la que tuvo en sus primeros años en su Guatemala, una que le permitió entender cómo el país estaba sometido a una división política, motivada por la intervención de Estados Unidos.

Esa mirada crítica encontró salida en su arte cinematográfico y en 1977 presentó el documental El costo del algodón, en el que documentó la realidad migratoria.

“Entrevisté a dos o tres personas (que trabajaban en los campos de algodón) y me contaron que les pagaban algo así como 50 o 75 centavos de dólar. Les pregunté por qué lo hacían si ganaban tan poco en condiciones tan difíciles; me dicen ‘de algo a nada hace mucha diferencia’”. Explicó que esa frase le resonó por años.

“En ese rodaje por primera vez me encontré con migrantes y 30 años después son personas que hoy en día me acompañan”.

Este documental es considerado un clásico, que permitió ver personajes en el cine con el acento e historia guatemaltecos.

Luego, Argueta se dedicó de lleno a la publicidad, que le permitió crear una obra hito del cine guatemalteco: El silencio de Neto, que a decir de Izabel Acevedo “es el clásico que nos permitió ver personajes en el cine con nuestro acento e historia”.

Al ser una película contestaría sobre, el Gobierno de Guatemala la tachó de comunista y fue perseguida.

Durante la primera década del 2000, Luis Argueta decide tomar su cámara e ir a buscar y entrevistar a migrantes para que den cuenta de sus historias, mismas que ha subido a su canal de YouTube, dijo.

“Decido contar las historias para mostrar el rostro humano de la migración y alejarnos de las estadísticas. Yo no conocí información de migrantes, sino personas: hombres, mujeres y niños que podían ser cualquier persona”.

Luis Argueta se dice comprometido con la causa, que sigue siendo invisibilizada y sometida por gobiernos y grupos criminales a lo largo del mundo.

Él se dice optimista de que el futuro del cine guatemalteco está transformándose, para que el mundo ponga la mirada en sus realizadores y el séptimo arte en este país siga creciendo y muestre más realidades.