Los estereotipos de género en la ciencia

Pese a que hay un aumento de la participación femenina en diferentes ámbitos científicos, subsisten sesgos y dificultades para las mujeres que impiden que haya una efectiva igualdad de oportunidades y posiciones

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Foto: Archivo UdeG

La ciencia es un conjunto de saberes abierto a que hombres y mujeres contribuyan con su talento a su desarrollo, sin embargo, los estereotipos de género son uno de los principales factores que limitan el quehacer de las investigadoras, al invisibilizar su participación en los distintos espacios de crecimiento.

En el mundo, menos del 30% del total de investigadores son mujeres. Aunque, se ha incrementado en número, como se desprende de un estudio realizado por Elsevier en 2017 sobre las autorías en las publicaciones, que cubre un periodo de 20 años y 12 países (incluido México), y revela que entre 2011 y 2015 se incrementó en un 40% la participación de investigadoras en al menos nueve países; en el caso de México fue del 38%.

En cambio, en el ámbito de las invenciones, se incrementó su participación en sólo el 14%, mientras que para México fue del 18% en el mismo periodo. Además, el estudio menciona que los hombres tienen una mayor producción académica que las mujeres, aunque tienen el mismo impacto en las citas y descargas de los artículos.

El problema se recrudece por la percepción que se tiene acerca de la masculinidad de la ciencia. Un estudio publicado en Nature Human Behavior señala que las mujeres están en desventaja al ser evaluadas por los comités científicos; al realizar un análisis durante dos años sobre los prejuicios de género explícitos e implícitos en la toma de decisiones para la promoción de puestos de investigación de élite, encontraron que la mayoría de los científicos —hombres o mujeres— asocian la palabra «ciencia» con «masculino» en su memoria semántica; aunque es un estereotipo implícito, afecta en la toma de decisiones al minimizar o negar los prejuicios contra las mujeres, ya que son menos promovidas; en cambio, cuando reconocen la posibilidad de sesgo, los estereotipos no influyen en las decisiones.

En el caso de México, a pesar de existir un incremento de científicas en el número de miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), al pasar de 18.1% en 1984 a 36.6% en 2017, este porcentaje disminuye en la medida que se avanza hacia la categoría más alta (nivel III), donde las investigadoras representan el 21.7%.

Por otra parte, en el Comité Consultivo de Ciencias del Conacyt, órgano de planificación nacional de las prioridades científicas y tecnológicas de México, integrado por investigadores distinguidos con el premio Nacional de Ciencias y Artes, se identifica, en la composición de sus comités disciplinarios, un sesgo de la representación femenina en disciplinas asociadas tradicionalmente al género masculino, tal como el Comité de Ciencias Físicas, Químicas y Matemáticas, donde solamente hay tres mujeres de un total de 33 integrantes, mientras que en el Comité de Ciencias Naturales una sola mujer participa entre los 38 investigadores que forman parte de éste.

Cambiar estas dinámicas para mejorar la inclusión femenina en la ciencia es complejo, porque múltiples factores intervienen en el desarrollo científico de las mujeres, desde las familias, el entorno en el que se desenvuelven y el campo laboral, a lo que se debe agregar que, en tanto mujeres, continúan haciendo tareas que son parte de los estereotipos, como, por ejemplo, su rol de cuidadoras del hogar y de los hijos o las opiniones que persisten sobre las profesiones a las que puede dedicarse una mujer.

Es necesario, como parte de la solución del problema, propiciar un diálogo intergeneracional para motivar, desde la primera infancia, a las niñas y adolescentes que enfrentarán la decisión de su proyecto de vida y carrera.

El amor por las ciencias se provoca si se incentiva el conocimiento y la curiosidad y se pierden los miedos y prejuicios acerca de las profesiones a las que una mujer se puede dedicar.

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el pasado 11 de febrero, se abogó, mediante la acción de múltiples colectivos e instituciones, por abrir más espacios para el talento científico de las mujeres, que está preparado, existe y tiene la disposición de contribuir en la generación y aplicación del conocimiento en beneficio de la sociedad.