La guerra de los géneros

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El 8 de septiembre del año pasado, Ricardo, alias Débora, fue asesinado en su estética de Tlaquepaque con 96 puñaladas, infligidas con sus mismas tijeras, que le encontraron enterradas en el cuello. Un mes antes, la transgénero Gaby fue levantada cuando ejercía trabajo sexual por Plaza del Sol, en Guadalajara, luego torturada y degollada en una brecha apartada. Inclusive, la metieron a una maleta y le prendieron fuego.
Estos son dos de los 17 casos que ocurrieron en los últimos dos años en Jalisco de homicidios por homofobia, lesbofobia y transfobia, que se definen como el odio hacia las personas con orientación no heterosexual, que conducen a actitudes de rechazo y de discriminación.
Esos crímenes son la punta del iceberg de la aversión hacia homosexuales que existe en México. La última encuesta de CONAPRED revela que una de cada dos personas lesbianas, homosexuales o bisexuales, considera que el principal problema que enfrenta es la discriminación, y la institución que se percibe como más intolerante es la policía, incluso por encima de la familia.
En Jalisco la Comisión estatal de Derechos Humanos registró entre 2010 y lo que va de este año, 496 quejas en favor de personas de diversidad sexual.
La autoridad más señalada fue el Poder Ejecutivo del Estado, con 316, mientras que los hechos violatorios más denunciados fueron el ejercicio indebido de la función pública (379), la violación al derecho de la legalidad y seguridad jurídica (112), y discriminación por género (58).

I
Cuando iba hacia “Chedraui Río Nilo”, parado a un semáforo de la Calzada Independencia, pasó un travesti que usualmente ronda con su perro y duerme por la zona de Chapultepec. Es, por el acento, un migrante centroamericano, con un estilo punk-harapiento. Desde una pick-up a mi lado, una entera familia sentada en la caja trasera, desde niñas de cuatro años, mamá e hijos adolescentes, se burlaron alegre y obscenamente de él, que iba tranquilamente caminando por la banqueta sin hacerles mucho caso.
El recuerdo de esa escena se me hizo más vívido, como si lo estuviera viendo en el espejo donde nos reflejamos Alondra y yo, mientras ella me habla de la represión que vivió en su familia cuando todavía era un niño llamado César.
“Cuando supo que era homosexual mi papá me desconoció. Me decía que le daba vergí¼enza de que la gente supiera que era su hijo”. En la familia son seis hermanos: “Tres mujeres, dos hombres… y yo”, dice Alondra.
Es allí, explica, donde uno empieza a generar la homofobia, desde el hogar, en el que se crean prejuicios que se van arrastrando desde la infancia. “Fue muy difícil: primero tuve que llevar un proceso de aceptación personal, yo no me aceptaba como homosexual, tenía mucho resentimiento hacia mí misma, porque no me podía realizar como yo quería ser”.
Desde los seis años, cuando se veía al espejo, César soñaba con ser mujer. Y, como mujer, se vestía y se veía, pero, como había aprendido en la familia, odiaba a los homosexuales. Pasarían muchos años, muchos espejos, y muchas desaventuras antes de que César Velázquez se convirtiera y se aceptara plenamente como Alondra Hernández.
Después de una niñez llena de conflictos tanto con la familia como consigo mismo, decidió salirse de su casa a los 13 años. “A esa edad empecé a ejercer el trabajo sexual, como niño”. A los 17 años salió por primera vez a trabajar vestido de mujer, empezando un recorrido que lo llevó por calles y esquinas de Tijuana, Ensenada, Los Mochis, del D.F., de Michoacán y Manzanillo.
“Viví violaciones, abusos policiacos, de los clientes y de los mismos compañeros con quienes convivía. Fue una vida mucho muy difícil. A un cierto punto me enfadé de estar parada en una esquina a esperar que me llegara el dinero, que a veces había y a veces no, de padecer frío, a la intemperie, de pasar hambre y de correr continuamente riesgos”. Y, después de 14 años de no ver a su familia, regresó a Guadalajara.
Hace apenas dos años que César se realizó como transexual y que afirmó su nueva identidad de género como Alondra.
Ahora, a los 33 años, frente al espejo de su estética ubicada en la periferia de Guadalajara –“allá por el Chedraui de Río Nilo”– Alondra luce una blusa de tirantes, un pantalón apretado y sus largas extensiones negras que contrastan con la piel trigueña y los ojos claros. Es una transgénero imponente, corpulenta y de grandes senos. En su voz y su tono levemente afeminados, en sus modales amanerados, no se percibe una afectación mañosa y mujeril, sino una franca y escueta complicidad masculina, casi de compañero de correrías. “Físicamente soy media ‘lesbianona’, soy ‘amoderadita’ como una mujer pero no soy femenina”, dice con mirada pícara.
Frente al espejo de su estética, Alondra ya no es un hijo renegado por su familia, ni un niño violado en las calles de alguna triste ciudad fronteriza, no es ni siquiera una mujer transexual, es lo en que se ha convertido después de años de luchas y sufrimientos: un hombre transexual al que le gusta verse como mujer, y que se siente y actúa como quiere, y que ahora quiere ser un político: un político transexual.
Entre muertes y quejas
De acuerdo al Informe 1995-2009 realizado por la Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia en el periodo indicado, en el país 750 personas fueron asesinadas con motivo de su orientación sexual, aun si podrían llegar hasta los mil 650.
Jalisco aparece en quinto lugar a escala nacional, con 41 homicidios del total que se dieron en México. Dividiendo esta cifra a lo largo del periodo contemplado por el informe, daría un promedio de tres crímenes por año: lo que comparado con los 17 que se dieron en los últimos dos –8.5 cada año– representaría un aumento anual de más del 100 por ciento.
Karla Grajeda, presidenta del Centro de la Diversidad y los Derechos Sexuales, comenta que en los últimos dos años han documentado por lo menos 17 asesinatos de este tipo. “Estos son solamente los de que tenemos conocimiento, donde la saña y el odio se hicieron patentes en la brutalidad de los homicidios, lo que revela un móvil homofóbico”. Las víctimas, en su mayoría, eran transexuales, “hacia los cuales hay una doble aversión: la misoginia y la homofobia”.
Esos casos, según la activista, representarían un pequeño porcentaje de los que hay en realidad, un sub-registro que en la práctica no es ni siquiera tal: pues no existe en la legislación estatal una figura jurídica y penal para catalogar crímenes por homofobia. “Siempre se van por la tangente, y los archivan como crímenes pasionales”. Y esto es nada más la punta del iceberg: Jalisco es una de las 15 entidades mexicanas donde ni siquiera existe una ley estatal en contra de la discriminación.
Por otra parte, según la Encuesta Nacional en México sobre discriminación 2010, realizada por CONAPRED, cuatro de cada 10 mexicanos no permitirían que un homosexual viviera en su casa, y la misma cantidad considera que las preferencias sexuales provocan divisiones entre la gente.
Los atrasos en la legislación y los prejuicios que permean las autoridades jaliscienses, evidencian un desfase con la vitalidad el ambiente gay en Guadalajara, donde, como dice con sorna Alondra, “se dan los hombres… pero unos con otros”.
Karla Grajeda comenta que llegaron a contabilizar en un solo día en la capital tapatía, 70 puntos de encuentro para gays entre cafés, bares, antros, cyber cafés, sexshop, parques, cuartos oscuros y lugares donde se puede tener sexo ocasional.
“Pero esto no significa que haya habido avances en la cuestión política y legal, al contrario, están aumentando las agresiones. El que haya mucha oferta, no garantiza que la gente esté segura, qué bueno que hay lugares de encuentro, pero al final de cuenta son escapatorias para salirse de una realidad donde siguen matando a la gente por homofobia, donde prevalecen los contagios por VIH-SIDA y donde prevalece la estigmatización por parte del resto de la sociedad”.

II
De regreso a Guadalajara, Alondra terminó la secundaria, la preparatoria y al mismo tiempo cursó un diplomado de enfermería en una escuela incorporada de la UdeG. Empezó también, aun como hombre, a trabajar como voluntario en el Comusida de Tlaquepaque en el tema de diversidad sexual y también en la Cruz Verde.
Hace dos años, después de colaborar activamente y recibir capacitación en el Centro de la Diversidad y los Derechos Sexuales, César se realizó como transexual, y llevó a cabo plenamente su cambio de identidad de género. Ya como Alondra, “se me cerraron las puertas en el Ayuntamiento de Tlaquepaque, a pesar de que varias personas habían reconocido mi trabajo y mis capacidades de liderazgo”.
“Yo creo que en todos los lugares la discriminación es muy fuerte, pero donde más han sonado los crímenes por homofobia y transfobia es justamente en Jalisco”, agrega. “Aquí vivimos en una ciudad de doble moral, y de la cultura que impulsa la religión católica es donde se empieza a fomentar la discriminación”.
Y con su aire entre abrumado y polémico, se pregunta: “¿Por qué la gente no ve el talento de las personas, sino solamente las apariencias?”.

Legislación insuficiente
Olga Araceli Gómez Flores, la diputada que desde la fracción parlamentaria del PRD ha impulsado iniciativas a favor de la diversidad sexual –faltando una comisión específica en el Congreso sobre ese tema y la discriminación en general– reconoce que en cuanto a legislación en favor de los homosexuales “aún estamos en pañales”.
Un precedente, agrega, se sentó con tres iniciativas que promovieron en esta legislatura. La primera es la que decretó el 17 de mayo de cada año como Día Estatal de la Tolerancia, Respeto y Aceptación de las Preferencias Sexuales: “Y tuvimos que luchar porque se pusiera el término ‘sexuales’, porque los representantes de la derecha no querían”.
Esta iniciativa, que fue aprobada y publicada por el Poder Ejecutivo y que ya este año apareció como conmemoración oficial, “además del hecho de que se reconozcan la discriminación y los derechos a la diversidad sexual, propone que los gobiernos estatal y municipales emprendan acciones informativas y educativas que fomenten el respeto y la tolerancia”.
Otra iniciativa fue la de decretar el primero de diciembre de cada año como Día Estatal de la Lucha contra el VIH-SIDA, y la tercera es la creación de la figura jurídica de la Unión de Convivencia.
Sin embargo, en el caso de esta última, todavía está siendo evaluada en diferentes comisiones, pero parece poco probable que sea aprobada en el poco más de un mes que falta al cierre de esta legislatura. La misma iniciativa por una Ley en Contra de la Discriminación, propuesta en 2010, sigue congelada.
“Con esto del día 17 de mayo se dio un primer paso, lo que ha faltado son los apoyos para que se vea reflejado ante la sociedad misma. Haces leyes, pero quedan allí si no se llevan a cabo con todas las actividades que propusimos en las escuelas, en los espacios públicos y laborales”, dice Gómez Flores.
Y agrega: “Desafortunadamente la idiosincrasia del jalisciense, el hecho de estar tan permeado por las cuestiones católicas, favorece que la discriminación y las muertes por homofobia se sigan dando”.
Felícitas Valdivia, de la asociación Ollin, opina que: “Debería de haber políticas públicas más claras, en particular en el ámbito educativo, para incorporar en la currícula temas como la diversidad sexual”.
Un avance, añade, se está dando con la Declaración ministerial Prevenir con Educación, que se firmó recientemente en México con meta a 2015: “Tiene como finalidad promover la educación sexual integral en todos los niveles, que es una manera de trabajar para que se promuevan los derechos y se reconozca y respete la diversidad”.
Dice que los homosexuales alcanzaron una fuerte visibilidad en Guadalajara, y que existe un nivel de tolerancia mínimo, del tipo “‘sé que estás allí, no te metas conmigo y yo no me meto contigo’, pero de allí a pasar a un nivel en el que puedas respetar, reconocer y valorar la vida comunitaria y la presencia del otro diferente a ti, a esta cultura todavía le falta un buen rato para llegar”.

III
A pesar de los rechazos y el descrédito en que había quedado su trabajo, debido a su identidad de género, Alondra estaba para meter la firma decisiva que cambiaría su vida para siempre. Fue la actual regidora del PRD en Tlaquepaque, Lourdes Macías, quien la invitó a formar parte de su equipo, hasta que obtuvo la Coordinación de la Diversidad del partido en el estado.
“Luego los eventos se dieron uno tras otro. A un cierto punto me encontré a llenar el registro de mis bienes, y cuando estaba por firmarlo, me dije: lo firmo o no lo firmo, porque sabía que mi vida iba a cambiar para siempre”.
Es la firma que sancionó su entrada al mundo político. En las pasadas elecciones de junio, Alondra fue candidata a regidor en Tlaquepaque, la primera transexual que aspiró a un cargo de este tipo en Jalisco. Recibió más de 8 mil votos, que sin embargo no le alcanzaron para obtener una regiduría. Pero para ella el camino hacia el mundo político apenas comienza.
Su objetivo principal lo tiene claro: “En tres años me voy a lanzar para diputada y voy a formar un equipo de gente de pura diversidad sexual, para que no se etiquete la homosexualidad de igual a muerte y destrucción. Voy a demostrar que la homosexualidad no es una maldición, sino una bendición”.