Isela Vega. ¡Viva Vega!

La actriz, emblema del cine mexicano, falleció el día de ayer a los 81 años de edad. La recordamos en su última participación en el FICG

891
Fotografía: Jorge Alberto Mendoza

«Cuando se hace cine uno debe saber que tiene algo que decir, algo verdaderamente importante y uno debe hacerlo con ética y, claro, con mucho amor”, expresó  Isela Vega, durante su presencia en la edición número 30, del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, tras recibir el Mayahuel de Plata.

La actriz, emblema del cine mexicano, falleció el día de ayer a los 81 años de edad.

«A Isela Vega la vi, por vez primera, en las ‘cartulinas’ del Cine Juárez de Zapotlán, a donde íbamos un compañero de la primaria y yo, de una manera casi ritual: nos escapábamos todos los días —a la hora del recreo— para ir a ver los carteles de las películas que se exhibirían alguna vez, y a las cuales nunca podríamos asistir», reseña Víctor Manuel Pazarín en su crónica publicada en el suplemento 02 Cultura.

«No fue sino hasta pasado el tiempo que supe realmente de Isela. Y para eso, tuve que verla de cuerpo entero en filmes como El deseo llega en esta noche (1968), Las pirañas aman en cuaresma (1969), El llanto de la tortuga (1975), Muñecas de medianoche (1979), Una gallina muy ponedora (1982)…»

Una de las películas más conocidas —y que el público aún mira con gusto— es Las pirañas aman en cuaresma, que en 1989, el año de su estreno, permaneció en carteleras por largas dieciséis semanas con llenos totales.

Actriz, guionista, productora y directora de la película Los amantes del Señor de la noche, no comenzó naturalmente a actuar en los escenarios, sino que sus estudios —y de allí su buen gusto en el vestir—los realizó sobre diseño de modas.

Sobre la actuación, en la charla realizada en aquella ocasión junto con Roberto Fiesco, quien presentó su primer libro: Isela Vega. ¡Viva Vega!, comentó que en 1965, había participado dos películas en 1965, cinco para el año siguiente «y para 1968 está haciendo once filmes donde básicamente hace papeles de prostituta o vampiresa».

«Era, es cierto, la época de ese cine. Y esos eran los tipos de mujeres que les interesaban entonces, son de cierta manera el prototipo de personajes —o los arquetipos. En el cine de época, o bien la mujer era prostituta o santa. A mí de santa nunca me dieron un papel…, pero lo primero que hay que saber cuando uno decide dedicarse a la actuación es que no debes llevar tus complejos o atavismos…», dijo Vega en aquella charla.

«Para mí trabajar en el cine siempre fue un gusto, un gran gusto. Creo que uno debe tener una ética en este trabajo. Si uno quiere hacer algo lo hace y ya. Uno no debe trabajar pensando en el reconocimiento. El trabajo cinematográfico es una chamba muy sacrificada, pero que da mucho placer porque lo haces con placer ya que es lo que te gusta».