Hiram Ruvalcaba y los retos de escribir con una agencia literaria

El docente de Letras Hispánicas del CUSur dio un paso importante hacia la profesionalización de su trabajo como escritor al formar parte de la agencia española VicLit

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Los últimos dos años han sido prolíficos para Hiram Ruvalcaba Ordóñez. El originario de Zapotlán fue ganador de los premios:

Se trata de obras de novela y cuento que son profundamente conmovedoras, pero también críticas y reflexivas, que descolocan a partir de historias sobre la pérdida, las violencias, el amor, la cotidianidad, muchas de la cuales tienen al Sur de Jalisco como escenario.

Recientemente este egresado y docente de Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur (CUSur) y estudiante del doctorado en Humanidades del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) dio el paso que muchos escritores buscan: formar parte de una agencia literaria.

Se trata de VicLit, firma española de gran nivel en donde también están autores y autoras mexicanas como Vicente Alfonso, Carmen Boullosa, Ave Barrera y Darío Zalapa.

Sobre la importancia de esta nueva vinculación y los retos que puede vivir un escritor cuando trabaja de la mano con una agencia, Hiram Ruvalcaba charló para Gaceta UdeG.

Foto: Adriana González

¿De qué va una agencia como VicLit y qué implica para tu trabajo?

El año pasado, con los premios de cuento y crónica que obtuve, pensé que era el momento de dar un paso adelante y buscar la profesionalización de mi trabajo. Finalmente mi chamba como autor siempre la he considerado como escribir; sin embargo, en la vida real, un escritor también se vuelve un promotor cultural, pero es mucho trabajo y tiempo que se podría estar ocupando en escribir.

Esto tiene que ver con producir. En cada agencia el sistema de trabajo es distinto, pues algunas te piden trabajos y otras te piden que mantengas un nivel de producción determinado. Aquí mi compromiso es mantenerme produciendo y estoy contento porque yo no soy muy dado a hacer actividades fuera de las que ya debo hacer; me libran a mí de estarme acercando personalmente con los contactos. las agencias se ocupan de esa parte: de establecer vínculos que quizá uno por su cuenta habrían tardado mucho más en llegar.

¿Qué representa para ti este paso?

Es un gran compromiso y es un poco profesionalizar y asumir a la literatura como un trabajo. Yo siempre le menciono a los alumnos que esto de escribir no es un hobby, pues como hobby no está muy chido, pues dejas de hacer muchas cosas. Escribir sí tiene satisfacciones personales emocionales e intelectuales, pero sigue siendo un trabajo y si no lo vemos así al rato hacemos cosas sin cobrar, por ejemplo. Es tener un compromiso de que si me piden algo yo debo tener algo preparado: uno, dos o tres manuscritos en el baúl.

¿Justo el hecho de mantener cierto nivel de producción no lleva a que el trabajo pierda el alma, debido a la presión y a escribir en serie? ¿Cómo evitar que eso ocurra?

No sé como sea con los demás autores, pero yo al menos tengo más o menos claro los temas que me importan. Si los tengo claro es más sencillo que cuando no sé de qué quiero escribir. Ya tengo unos años ocupándome de esto, preguntándome «¿el año qu viene de qué quiero hablar?». Y no es que tenga mil temas, yo tengo tres nada más y sobre ellos giro mi obra; pero son temas que me importan y profundizo en ellos. Busco distintos aspectos que puedan resultar interesantes e historias que se conectan. No me parece, hasta el momento, que esté escribiendo en automático.

Ciertamente cuando uno se vuelve un autor con muchísimas publicaciones al año, que eso no pasa con frecuencia y quién sabe si me vaya a pasar a mí, es probable que se agote la pluma; eso le ha pasado a muchos, que se les nota el agotamiento. Pienso que dos años es tiempo suficiente para que alguien emprenda un proyecto modesto.

También hay que ser humildes y reconocer que en este momento creativo de mi vida me da para algo y no más.

Leía el otro día a Neil Gaimen, el autor del comic de The Sandman, que decía que hay historias que te caen a los 20 años, pero que no tienes la capacidad de escribir sobre ellas, simplemente porque no estás preparado con las herramientas técnicas y emocionales para escribirlas. A mí por ejemplo, algunos cuentos del libro Padres e hijos me revoloteando la cabeza desde 2011, pero no sabía escribirlas y las tuve que guardar en el cajón. Y seguro ahorita me han caído ideas que no sé como hacerlas.

VicLit te acercará al mercado europeo, ¿cómo piensas que los lectores de allá reciban tu obra?

Siempre he tratado que mis textos afecten emociones más allá de lo regional y es complicado, porque siempre escribo sobre mi ranchito. Es mi zona, pero afortunadamente el Sur de Jalisco también es un paisaje que se reconoce con mucha claridad en el terreno de la imaginación, gracias a gente como Rulfo y Arreola. Ellos hablan de «Comala», Tuxcacuesco, San Gabriel, Zapotlán el Grande y de repente hay pequeñas boronas en la memoria de los lectores que dicen «¡ah, chingá! yo como que me acuerdo haber leído sobre esto». Rulfo y Arreola siguen siendo muy leídos y eso es una ventaja.

Otra ventaja es que hay autores jaliscienses que están pegando muy fuerte en España: está Juan Pablo Villalobos, Antonio Ortuño, eso a mí me parece un área de oportunidad para todos los autores de Jalisco. No sé como me vaya a ir en España, leo muchos autores de allá. Me parece que los temas que nos preocupan en este nuevo estilo a los autores latinoamericanos y los españoles ya no están tan lejos, no son tan diferentes.

Yo esperaría que algunos de los temas que trabajo sean considerados relevantes.