Flagelación develada

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Qué le dicen a usted frases o términos como los siguientes? Espada en la mano, boca en los dientes, soldadura, coz, precipicio, luz negra, tajo de hierro candente, puñal, lijas, corte de cuchilla, estilete, veneno, trepanación, guillotinar, silla eléctrica, rastrillo, alambre, esqueleto…
Por donde los examinemos, remiten a violencia, martirio o automartirio, agresión… por lo regular poco frecuentes en la producción creativa de los o las poetas.
La novela, el cuento y la narrativa han sido los géneros “propios” para el despliegue y desenlace de conflictos y truculencias. Los personajes hilvanan y deshilvanan historias en el límite, van de lo intrascendente a una concatenación de hechos que culminan en catástrofe personal o familiar.
El poema o la prosa poética favorecen menos el ejercicio de buscar el punto esquizoide y neurótico del lector.
En la poeta Franí§oise Roy acontece lo contrario. Parte de su producción va a la prosa poética armada de cilicios, lo que de golpe enfrenta al lector a dificultades para penetrar a su horizonte de espadrapos.
El lector naufragará o saldrá ileso de túneles saturados de magma, de sutiles escatologías e imágenes que esbozan un ambiente gris.

Le voile premier-El velo uno
Franí§oise Roy no es una poeta maldita, aunque maldiga tan bien y con tal oficio.
Le voile premier-El velo uno, poemario de su autoría en español y francés, no huye de la paradoja, de los campos semánticos en pugna, de la aparente contradicción, del juego de palabras que denuncian un juego más hiriente que las palabras mismas: la realidad es un devenir de horas en que la sangre invisible no es sangre, pero sangra. La sujeción como premisa. La ternura para sujetar más. El ciclo de la violencia verbal de ida y regreso: “lo que te nutre me mata”, “dulzura que me corroe hasta el tuétano”, “Córtame en dos, y dame en la nuca, en la sien, el beso de gracia”, “la danza fúnebre es en mí oración nupcial”.
“Violencia verbal”, según algunos sicólogos, es una frase inofensiva si desconocemos lo que ésta involucra: flagelo que permite o cultiva el o la flagelada, dinámica del círculo torturador: azote y beso para disimular el azote, insulto-regalo, zancadilla-elogio, domesticación-discurso para encubrirla. El flagelador murmura al oído: “no acontece nada”, cuando el golpe en sí constituye un infame acontecimiento.
Texto clarificador para entender los mecanismos de la trampa en que se envuelven los amantes. Entrega de síntomas y diagnósticos. Cirugía a corazón abierto, para que sin aleccionar, aleccione.
Los temas son varios y uno el velo que insinúa más de lo que enuncian los campos semánticos del dolor que no suelta una lágrima, aunque llore, que no disiente de las heridas, pero las encubre y recubre en el centro del martirio o del automartirio.
Para “compensar” este agravio, entra el enigma en juego, sin que la autora nos avise: a ver cómo respondes a muchas interrogantes, o cómo preguntas cuando no hubo respuesta: ¿veneno de agua estancada que he de sorber?, ¿amante tuya en la crujía?, ¿tu cordel que se desenrolla en mi cuello?, ¿baño maría de corneas en almíbar y corazones al marrasquino?, ¿cada vez que me tocas, me dejas con un hambre de país devastado por la guerra y la sequía?, ¿cordero de lobo?, ¿hambre de carnero sacrificial?, ¿a mi cuerpo místico le crece dentadura?, ¿mortaja sobre un cuerpo de vivo?, ¿nuestra cárcel es tan grande que no me basta el mundo de los vivos para recorrerla toda?, ¿estás hecho para la hoguera verdadera, la de las partes más sutiles?, ¿ahora mi alma está encerrada en ti a cal y canto? (A partir de las interrogaciones, las líneas son textuales, sólo que en el poemario no las formuló su autora como preguntas).

Lo confirma Lamartine
“Después de su sangre, lo mejor que el hombre puede dar es una lágrima”. Cita de Lamartine. Y también el trasfondo del poemario, una memoria que esparce trapos viejos, los desentierra y los vuelve a enterrar.
Poemario complejo, tanto como la realidad neurotizada de los amantes o parejas que no han podido esquivar un amor que destruye.
Porque nos cobija el pensar judeo-cristiano, los intertextos bíblicos abundan en este poemario: Cristo paradigma de hecatombes, tesitura de coágulos; la virgen o vírgenes a expensas del cordero, en este caso, con piel de lobo y dentadura de cocodrilo; el santo grial dispuesto para comuniones de lumbre: “Yo que he sido sacada de la costilla de la incertidumbre, me asusto: soy el caballo encabritado ante un escorpión. Y aunque dos infinitos metros nos separan, tú posas los dedos sobre mi hombro”.
“Quítame esa muerte de encima, tu puño que se hunde en lo más profundo de la garganta”: con esta oración, a la vez que anhelo, resulta agradable concluir, porque la muerte es negaciones o exterminio.

Obra publicada
Iridio (poemas, 2002), A flor de labios (2002), Razones para la redención del zafiro (2003), Si acaso hubiera (Si par hasard il y abatí), (2003, en colaboración), Le voile premier (El velo uno) (2003), Variaciones sobre cinco pinturas de Leonora carrington (2004), Atrás de la máscara (2004), Suelos en forma de laberinto/Rí¨veries en forme de labyrinthe.