Este es el año de la Peste

La película de Felipe Cazals sobre una extraña pandemia que golpea la Ciudad de México, ahora más actual que nunca, se puede ver gratis en la plataforma digital del Instituto Mexicano de Cinematografía

687

“En mi sexenio no hay ni habrá peste.”
[Personaje interpretado
por Tito Junco en El año de la peste]
Felipe Cazals habla de su cine
LEONARDO GARCÍA TSAO

Un hombre maduro, que viaja en el Metro de la Ciudad de México, de pronto se desvanece ante el azoro de los pasajeros. Gritos de auxilio y alarmas para detener el convoy. Es el inicio de la película El año de la peste, que realizó, en mil novecientos setenta y nueve, el cineasta Felipe Cazals.

El guión es una versión libre de la obra de Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, que escribió Gabriel García Márquez y los diálogos los hicieron Juan Arturo Brennan y José Agustín.

La historia, que se desarrolla en un tiempo en que la gran metrópoli mexicana contaba (al menos en el filme) con quince millones de habitantes, no sólo se inspira en la peste europea que sacudió a todo el continente en la Edad Media, sino que nos recuerda, de una forma premonitoria, lo que ahora mismo ocurre en todo el territorio nacional con la pandemia del Covid-19.

Felipe Cazals fue el creador de El apando (1975), Canoa (1975), Las poquianchis (1976), La güera Rodríguez (1977) y Los motivos de Luz (1985), y ni decir que fue —y es—, una de las más lúcidas miradas críticas de nuestra sociedad. Y una muestra es este trabajo que ahora es bueno revisitar, porque El año de la peste refleja nuestra realidad actual con absoluta puntualidad.

Después de que el hombre del Metro cae al piso y es llevado al hospital, dos médicos advierten que ocurren frecuentes y extrañas muertes, y sospechan que las causas de las enfermedades por las que mueren no es una simple neumonía, sino una peste similar a la que había asolado a los europeos del Medioevo.

Y con ello inicia otra de las pandemias: esa que crean los medios informativos y las autoridades y los políticos. Todos a la vez niegan a la gente que exista un mal y no se toman las acciones necesarias para combatirlo y quizás eliminarlo.

Se realiza una investigación; se va a visitar a los familiares de los fallecidos, que cada vez suman más, y la gente en sus respuestas permite ver la desinformación, la falta de interés y la poca atención hacia el malestar social que se avecina.

Una mujer, durante una entrevista sobre su esposo muerto, en unos de los diálogos de la película cuando una Inspectora de Salud la interroga, dice:

—¿Qué pasó con el bolígrafo y el reloj? Los llevaba cuando salió de casa —y no deja de ver la televisión.

—Fue todo lo que me dieron, señora…

—¿Y el anillo?, era el gemelo de éste, mire.

—Lo siento, pero ya fue una gran suerte que le devolvieran el cuerpo.

—¿Y ahora?

—Señora, por favor, escúcheme bien. ¿Hace cuánto tiempo fue que enfermó su esposo?

—Hace como dos semanas —responde casi sin dejar de ver la TV—. Primero le vinieron unos escalofríos muy fuertes; después ya le subió la temperatura; luego le dio un dolor de cabeza fuertísimo, como de esos que les dan a los bomberos…

—¿Y tosía, señora?

—¡Uy, sí mucho!

—¿Y no lo vio ningún médico?

—Es que yo creí que no era más que una gripa, ¿ve? Y le compré unas pastillas. No tenía fuerzas ni ánimo, pero ¿quién iba a pensar que se iba a morir?

—Señora, escuche, ¿sí? ¿No tenía dolor en las axilas o en la ingle?

—¿Dónde?

—En la ingle, señora, aquí…

—No. No. No me dijo nada. Estuvo acostado tres días y luego dijo que ya se sentía bien. El lunes, ya estaba bien y se fue al trabajo. Dijo que ya se sentía muy efectivo y que se iba en el Metro…

—¿No sabe si algún vecino, algún pariente, haya tenido los mismos síntomas?

—¡No! —dice con un tono de ya no pregunte usted.

Luego los médicos comienzan a preocuparse ante los extraños brotes de enfermedades como la tifoidea, que han llegado al Hospital General. Y los brotes, por contagio, se abren en todos los puntos cardinales de la ciudad, amenazando a aquellos que han estado en contacto con las personas contagiadas del mal que no se sabía que era la Peste.

Y comienzan los confinamientos y las cuarentenas. Y los trastornos sociales, políticos y laborales, como los que hoy padecemos por la pandemia del nuevo coronavirus.

 

El filme (que se puede encontrar en la web de manera gratuita en esta dirección: https://www.filminlatino.mx/director/felipe-cazals, una plataforma digital del Instituto Mexicano de Cinematografía), no es una de las obras cumbre de Felipe Cazals, quien tuvo su mejor época con un sinnúmero de películas que reflejaron la realidad mexicana de los años setenta y ochenta, tampoco le gustó mucho a su creador, como lo dice en el excelente libro Felipe Cazals habla de su cine (de Leonardo García Tsao/ Universidad de Guadalajara, 1994).

De algún modo la producción de El año de la peste, a su creador le incomodaba; no obstante, y mirada con ojos puestos en nuestra realidad y bajo los yugos que padecemos en nuestra situación social actual, resulta de algún modo premonitoria.

Un retrato social no solamente de México, sino del mundo, que mira desde el pasado el futuro. Esto es: es un retrato adelantado.

Mirar ahora El año de la peste nos coloca en el momento crítico de una realidad puesta en la ficción, pero extraída de la realidad que se vivió en la Europa medieval y que también Guadalajara vivió, ya que “En la primera mitad del siglo XIX, entre 1800 y 1851, se tiene el registro de ocho epidemias”, como la advierte la investigadora Lilia Oliver [http://udgtv.com/noticias/primera-mitad-siglo-xix-guadalajara-sufrio-ocho-epidemias-viruela-mato-2-mil-tapatios/], cuando, por ejemplo en el siglo XIX la viruela mató a dos mil tapatíos y se le recuerda en los anales de la historia como una etapa histórica catastrófica de la ciudad.

El año de la peste de Felipe Cazals es el espejo donde se refleja nuestra realidad pasada, presente… ¿y futura?