El Mar Muerto revela sus secretos

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Los manuscritos de Qumran fueron descubiertos por beduinos de la tribu Ta’amira alrededor de 1947, en la orilla noroccidental del Mar Muerto. Por esas mismas fechas siete rollos fueron localizados en Belén, por el sirio Mar Jesué Samuel, quien adquirió cuatro y al siguiente año los mostró a la American School of Oriental Research.

Los manuscritos restantes fueron obtenidos por la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde se estableció su autenticidad y se emprendió una búsqueda del resto de los documentos. La American School of Oriental Research reveló a la prensa la existencia de los manuscritos en 1948, y la Universidad de Jerusalén inició una lucha por adquirir el resto de los rollos de manos de los sirios, haciéndose de todos los documentos en 1955. Sin embargo, en 1966 los beduinos Ta’amira vendieron al Departamento de Antigüedades de Jordania, asociada con la Escuela de Arqueología Francesa de Jerusalén, más de 600 manuscritos hallados en otra decena de cuevas. La “Guerra de los seis días”, en 1967, puso en manos de Israel todos los documentos propiedad de los jordanos.

Debido a esta compleja “cacería de tesoros” en que tantas naciones competían en medio de los conflictos bélicos por la apropiación del hallazgo, las especulaciones acerca de los ya famosos manuscritos del Mar Muerto crecían, y el público general, ignorando las difíciles circunstancias, generó las inevitables teorías conspiracionistas para explicar por qué no se había publicado todavía el contenido de los documentos, llegando a asegurarse que éstos encerraban “revelaciones demasiado polémicas” y que gobiernos e iglesia “encubrían” los manuscritos. En realidad, los especialistas esperaban todavía la oportunidad de llevar a cabo un primer estudio completo.

¿Y qué contienen los manuscritos? Se trata, en primer lugar, de fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento; hay también textos apócrifos o seudoepigráficos, es decir, no incluidos en el canon bíblico generalmente aceptado, si bien ciertos grupos religiosos tempranos sí aceptaban algunos de éstos en sus escrituras sagradas (cabe decir que los textos apócrifos tampoco guardan revelaciones “peligrosas” o dramáticas, sencillamente contienen interpretaciones doctrinales y teológicas divergentes); y textos propios de la comunidad sectaria que reunió todos estos manuscritos en la ciudad de Qumran; ordenanzas, profecías apocalípticas, cantos, obras litúrgicas y comentario bíblico.

 

Los manuscritos de Qumran
La comunidad que habitó Qumran es en sí misma un foco de polémica: los esenios fueron descritos por Plinio el Viejo, en el año 77 y basado en lo que otros le habían narrado, de esta manera: “En la ribera occidental (del Mar Muerto), al abrigo de su influjo nocivo, viven los esenios, un grupo de solitarios que no tiene igual en el mundo, sin mujeres, renunciando al amor sexual, sin dinero”. Algunos puntos de esta descripción y otras similares se contradicen con lo que se trasluce de los escritos esenios, lo que no es de extrañar ya que se trataba de información indirecta, la cual se repitió incesantemente y por mucho tiempo constituyó la base de cuanto se sabía de la comunidad esenia. Algunos grupos filosóficos y místicos modernos, dejándose llevar por la fantasía, convirtieron a los esenios en una escuela de sabiduría hermética, no religiosa; en realidad proyectan sus propios ideales y actividades en la comunidad esenia. La realidad histórica que se nos muestra es la de una secta religiosa nacida entre 100 y 150 años aC, con cierto sesgo de fundamentalismo. Se especula que se derivan de un grupo de macabeos que, tras caer Antíoco IV Epífanes, marcharon a Qumran donde los organizó y unificó un sacerdote a quien llamaban “el Maestro de Justicia”, el cual les preparó para un ya inminente fin del mundo.

Los manuscritos supervivientes, y otros hallazgos como los de Nag Hammadi, nos han permitido saber todo esto, y su acervo se encuentra a nuestro alcance, sobre todo ante esta oportunidad única de aproximarnos al tesoro bibliográfico que representan.