El éxodo de los trasterrados

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El problema migratorio en México es un problema añejo. La migración hacia Estados Unidos (EE. UU.), dada la vecindad de más de tres mil kilómetros de frontera, ha sido algo heredado por muchas generaciones. En los años 40 del siglo pasado, después de la segunda guerra mundial, EE. UU. contrató a trabajadores temporales para el campo. Este fenómeno con el tiempo y los problemas económicos de México, generó una necesidad de emigrar hacia el vecino país. La emigración ilegal se fortaleció y expandió a numerosos países de Centro y Sudamérica.
Este trabajo fotográfico fue realizado en los últimos dos años, y continúa. El fotorreportaje busca captar el trayecto que va desde la frontera sur Guatemala-México, hasta llegar a la frontera norte Mexico-EE. UU. La búsqueda de un trabajo digno que les permita mejores oportunidades de desarrollo y el sustento para sus familias, obliga a estos trasterrados a recorrer miles de kilómetros. Sufren en su penoso éxodo todo tipo de violaciones a los derechos humanos, desde extorsión, robo, amenazas, violaciones físicas, raptos, secuestros y hasta la muerte. Estos migrantes son hombres, niños, mujeres (incluso algunas embarazadas) y jóvenes entre los 16 y 30 años, sin excluir a personas de mayor edad que buscan una última oportunidad en sus vidas.
Trasterrados, título de esta serie, tiene como intención mostrar el temerario, dramático y en ocasiones trágico tránsito de migrantes que, de forma ilegal, recorren el país hasta llegar a EE. UU. Van en esta travesía montados en el “tren de la muerte” o “la bestia”, como le llaman. En este largo viaje, los migrantes son auxiliados por organizaciones de ayuda social, principalmente religiosas, cuyos albergues les proveen de comida, descanso y aseo. Una vez en la frontera norte, los llamados “coyotes” intentan introducirlos a EE. UU., cobrándoles entre cuatro y cinco mil dólares. Sumas con las cuales endeudan a sus familias o que falsos “coyotes” les roban.
En esta aventura temeraria, muchos se quedan en el camino, son deportados, pero intentan una y otra vez cruzar. Han quemado sus naves en sus lugares de origen y no pueden regresar. Los que logran cruzar se establecen en un país sin ningún derecho, pierden hasta su nombre en una cultura ajena, para al final convertirse, para siempre, en trasterrados.

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