El campo mexicano un camposanto

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Los gobiernos federales, desde el expresidente Carlos Salinas de Gortari, hasta la actual administración de Felipe Calderón Hinojosa, “dejaron morir al campo”, coincidieron en dicho señalamiento especialistas de la Universidad de Guadalajara.
A partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), entre México, Estados Unidos y Canadá, en 1994, al campo mexicano se le dejó en el abandono, mientras que los gobiernos estadunidense y canadiense reforzaban su sector primario con subsidios, asistencia técnica y proyectos diversos de financiamiento.
Entrevistados por separado, el director de la División de Economía, del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), Martín Romero Moret y el profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), Salvador Mena Munguía, expresaron sin titubeos: al campo “lo dejaron morir”.
Quienes firmaron el TLCAN, presupusieron que el campo mexicano se iba a reconvertir en tierra para producir hortalizas y regir por las demandas del mercado, afirmó Romero Moret, quien agregó que desde el sistema alimentario propiciado por el expresidente José López Portillo, “no ha habido una política integral agropecuaria y agrícola… simplemente se ha dejado morir al campo, específicamente en cuanto a granos como el maíz y el frijol”.
Mena Munguía comentó que a los campesinos no se les apoyó para reconvertir sus cultivos, “para volverse competitivos y organizados, para engrosar la fila de los beneficiados. Parece que liberadamente se les dejó solos. Digo liberadamente, porque el expresidente Carlos Salinas dijo que habría una agricultura trimodal, por efectos del TLCAN. Un grupo sería más o menos exitoso, otro grupo trabajaría para el autoconsumo, con problemas severos, y el tercero desistiría y abandonaría la tierra”.

Cero renegociación
Inició el 2008 y con el año subieron de tono las voces de algunos políticos y de campesinos, quienes exigen revisar y renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN. Ante pregunta expresa, Romero Moret comentó que es inviable una renegociación del capítulo agropecuario. “Qué vamos a renegociar… solo alargarían la agonía del campo”.
En tal sentido, el presidente del Senado, Santiago Creel Miranda, así como su compañero de bancada, Ricardo García Cervantes, descartaron en conferencia de prensa cualquier modificación al TLCAN: renegociarlo sería tanto como abrir una “caja de Pandora”.
Creel advirtió que mantendrá la posición de cero renegociación de dicho tratado, particularmente en el capítulo agropecuario. Consideró que en esta materia “no hay que echarle la culpa más que a nosotros mismos, y buscar el espacio de diálogo y de negociación necesarios, con el propósito de arreglar el problema”.
Para él, esto consiste en “reordenar los intereses creados, los que han venido frenando el desarrollo” del sector agropecuario.
Salvador Mena comentó al respecto: “técnicamente quizá se podría. La pregunta sería: ¿qué van a renegociar?, ¿renegociar las condiciones? No creo que se pueda. ¿Renegociar una prorroga? Lo que se tiene que hacer es recomponer las políticas internas”.

Ganadores y perdedores
En definitiva, el TLCAN tiene dos ángulos: hay ganadores y perdedores. Para el sector oficial, desde hace 15 años a la fecha y para algunos integrantes de la iniciativa privada, son más los beneficios que los perjuicios. Para la academia y los políticos de izquierda, son más los perdedores que los ganadores. La senadora perredista Yeidckol Polevnsky aseguró en la ciudad de México que dicho tratado ha traído ventajas, pero para “los menos”, que son un conjunto de empresas, las más poderosas, las más ricas; de tal forma que si es tan “bueno” el TLCAN, no habría hoy más pobres que los que se tenían antes de la firma de este acuerdo. Tampoco habría más desempleados ni más jóvenes sin oportunidades.
El académico Martín Romero agregó que el TLCAN ha permitido el crecimiento, pero sólo de las empresas exportadoras, sobre todo aquellas que se prepararon para la competencia internacional, y son las que controlan el monopolio de algún sector o están enmarcadas en un oligopolio.
Aseveró que “el TLCAN ha permitido el crecimiento de esas pocas empresas exportadoras”, de entre las que se encuentran las de la industria electrónica, que además, en su mayoría son de capital extranjero.
A partir del 1 de enero entró en vigor la última fase del TLCAN, que da apertura al sector agropecuario en los rubros de maíz, azúcar, leche en polvo y frijol, situación que mantiene disgustados y preocupados a los campesinos, pues el consumidor final podrá adquirir dichos productos importados a mejor precio que los que ofrezcan los mexicanos.
El TLCAN también benefició a un sector del campo, pero el minoritario.
Mena Munguía comentó que hay algunos agroproductores a los “que no les ha ido mal, pero tampoco les ha ido excelente. Han aumentado su producción, pero se trata de un grupo que no rebasa el 20 por ciento del total de los agricultores”.
La mayor parte de los productores del campo afectados con la apertura, desde hace más de un quinquenio, no ve la suya, y cada año cierran miles de empresas por la entrada de productos sin aranceles, la piratería y porque tampoco se prepararon para la competencia internacional, como son los sectores del calzado, vestido y textil, principalmente.

El incumplimiento
Romero Moret añadió que es indudable que ha crecido el sector comercio en México. Sin embargo, cualquier tratado de libre comercio tiene como objetivo el desarrollo de su comercio, de la mano de más empleos y mejor remunerados, así como elevar la calidad de vida de sus protagonistas. “En eso el TLCAN ha fallado”.
Desde 1994 a la fecha, ni ha crecido el empleo, ni está mejor pagado. No hay oportunidades para jóvenes y adultos y la calidad de vida de los mexicanos no ha mejorado, insistió la senadora perredista Yeidckol Polevnsky.
En los primeros días del año, organizaciones campesinas y algunos políticos demandaron la revisión del capítulo agropecuario del TLCAN. Incluso varias centrales campesinas, entre éstas la Confederación Nacional Campesina (CNC), advirtieron que realizarán una marcha el 31 de enero.
Ante ello, en la primera aparición pública, el presidente Felipe Calderón expresó que el TLCAN ha sido benéfico para México, con todo y los naturales convenientes e inconvenientes de un acuerdo de esta naturaleza. Además, ha significado empleo formal y salarios mejor pagados para los sectores vinculados.
Durante el último informe, el expresidente José López Portillo lloró y pidió perdón a los habitantes de México, porque no pudo sacar de la pobreza “a uno o dos millones de personas. A pesar de la abundancia petrolera, hoy son 50 millones de pobres y los políticos de ahora ni siquiera lloran y menos se avergí¼enzan: ven a los pobres como parte del paisaje”, dijo Romero Moret.

Los marchistas solo conseguirán ampollas
Ante lo inviable y poco factible de renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN, los marchistas contra la apertura comercial solo terminarán el 31 de enero con ampollas.
Salvador Mena aseveró que las agrupaciones que harán marchas y manifestaciones contra el TLCAN, no conseguirán lo que tanto pregonan ante los medios de comunicación, pues las mismas centrales campesinas, que son parte de organismos políticos, tampoco hicieron nada durante más de 15 años para brindar asistencia técnica a los campesinos y con ello reconvertir sus cultivos para hacer frente a lo que se anunció en 1994 que ocurriría el 1 de enero de 2008: la apertura comercial.
Romero Moret dijo que no hay tiempo para manifestaciones ni para lamentarse. “Ahora hay que ver lo que se puede hacer. Las manifestaciones de nada van a servir, porque es un tratado que está en vigor desde 1994”. Quienes dirigirán las manifestaciones y que sostienen que obligarán al gobierno a que intervenga para renegociar el TLCAN, sólo “están dando atole con el dedo a los campesinos”.
Consideró que el TLCAN “no se mueve”. Al gobierno sólo le queda otorgar “mayores subsidios” a los campesinos, tal y como lo hacen los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, pero éstos deben hacerse acompañar de una audaz política interna y externa con respecto al campo.