COVID-19 implicaría recesión de trece años en América Latina

Por la contingencia se corre el riesgo de perder lo que se había ganado en la región en índices como liderazgo, un Estado de derecho que permitiera una mayor atracción de inversiones y que fomentara la creación de nuevas empresas

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Foto: Abraham Aréchiga

El aumento de la incidencia de pobreza por la COVID-19 podría implicar una recesión de 13 años en América Latina, por lo cual el reto es la reconversión laboral basada en habilidades digitales y organizaciones que ponen a disposición de sus clientes servicios digitales de forma ágil y sencilla.

Así lo dijeron los participantes en el webinar “Liderazgo en tiempos del COVID-19”, organizado por el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la UdeG.

Yolanda Martínez, representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Chile, explicó que la economía digital, antes de la pandemia, representaba 15.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y las proyecciones estimadas para 2025 describían un crecimiento de 24.3 por ciento; pero habrá que hacer ajustes. De 360 unicornios a nivel global, sólo 19 están en Latinoamérica: en México, Argentina y Brasil. Además, el índice de digitalización aumentó 155 por ciento entre 2014 y 2018, pero el índice de capital humano únicamente tuvo un incremento de 1 por ciento.

La recesión en estos meses en que ha bajado de manera significativa la actividad económica, puede significar para América Latina un retroceso de 13 años, y esto es algo que hay que tener presente cuando hablamos de liderazgo y de los desafíos que tienen las organizaciones públicas y privadas frente a este contexto. Era mucho lo que se había ganado en la región en estos índices, en tener un Estado de derecho que permitiera una mayor atracción de inversiones, que fomentara la creación de nuevas empresas; pero eso se ve altamente amenazado por la recesión en la que estamos entrando”, dijo Martínez.

La experta en innovación y tecnología dijo que el gran desafío organizacional es apostarle al desarrollo del capital humano, tener estrategias y políticas públicas de reconversión laboral que permitan tener habilidades como pensamiento analítico e innovación, análisis y evaluación de sistemas, inteligencia emocional, diseño y programación de tecnología, resolución de problemas complejos, liderazgo e influencia social, entre otros. Ente 30 y 60 por ciento de las actividades profesionales serán automatizables.

El gran desafío ante la recesión es cómo aprovechar al máximo la conectividad para el acceso a cursos y programas, desarrollar habilidades digitales que incluso puedan emplearse desde casa. La transformación digital es un proceso continuo, ahorita es Zoom y mañana será otra cosa. Hoy se vende en Amazon y mañana será reinvertir totalmente el esquema de negocio. Y las crisis deben atenderse de forma multisectorial; un gran ejemplo es lo que hace Jalisco con el trabajo colaborativo con la UdeG, a través del análisis de datos y el diseño de política pública. Las crisis deben atenderse de manera intersectorial. Pero el verdadero reto es el cambio cultural”, apuntó Martínez.

Finalmente, la egresada del CUCEA detalló que el BID ha tenido esta transformación: desde el 15 de marzo, todos los días, están conectados más de 3 mil 800 usuarios utilizando aplicaciones en la nube, y se realizan más de 2 mil 400 reuniones virtuales, además de una interacción colaborativa en más de 30 mil archivos. Es decir, las fronteras se han roto.

Xavier Marcet, Presidente de Lead to Change, consultor en estrategia, innovación y emprendimiento corporativo, declaró que quien ocupa un cargo directivo debe de crear perímetros de confianza, sobre todo ante situaciones de trabajo a distancia, modalidad que no es nueva. Lo que más se aprende de esta pandemia es la necesidad de tener organizaciones flexibles con mayores oportunidades.

“Una de las características clave de los líderes es que ante la máxima adversidad sean constructores de oportunidades. En esta coyuntura han pasado cosas que no sucedían en las organizaciones, y por eso lo que toca es inspirar, porque la gente siempre respeta más a la gente de la que aprenden. Mucho me temo que habrá muchas organizaciones que tendrán muchos recursos, pero no implementarán nada. Pasando esta crisis volverán al punto de partida, volverán a sus inercias, a la dictadura del día a día. Y es que la gran falacia es hacer los cambios al volver, porque cuando volvamos no cambiaremos nada”, reflexionó Marcet.

Guillermo Cisneros, fundador y Director de Unnivers, además de consultor en estrategia e innovación, relató que la función de un líder es reducir incertidumbres y crear más liderazgos y, particularmente, en el mundo de la música se aprenden muchos aspectos del manejo de organizaciones, sobre todo en el jazz.

“Si uno ve un concierto de jazz, ve cómo, aunque hay un líder de la orquesta, el líder de la banda, todo el mundo tiene su momento de liderazgo, todo mundo tiene iniciativa en algún momento; todo el mundo lidera, innova, improvisa, porque es un liderazgo compartido y distribuido, y eso crea una fortaleza organizativa aún más fuerte”, apuntó Cisneros.

Agregó que lo más importante en estos momentos en los cuales necesitamos generar cambios y reducir incertidumbres, lo que tenemos que hacer las organizaciones es no matar a los líderes, porque estamos acostumbrados, en el comportamiento social, a instalarnos en la crítica al líder que asume riesgos del error.

No matemos a los líderes, porque al final los necesitamos y necesitamos todos ser líderes. Como instituciones educativas, tenemos una alta responsabilidad porque nos enfrentamos a una necesidad de cambio insospechada, acelerada. Somos instituciones conservadoras donde nos cuesta asumir las transformaciones, donde la incertidumbre es nuestro paradigma y nuestro trabajo es crear líderes, a los futuros gestores de incertidumbres. Nuestro reto como institución es ser capaces de adaptarnos de forma rápida y siendo ejemplos de liderazgo para la sociedad”, concluyó Cisneros.