Cómo aceptar y vivir las emociones ante una pérdida por COVID-19

El beneficio de expresar las emociones y enfrentar el duelo es válido para mujeres y hombres, sin embargo, éstos son más reprimidos al externar sus problemas, lo que provoca que se queden emocionalmente estancados y tengan reacciones adversas

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Ante la pérdida de un ser querido que enfermó por COVID-19 es importante que la gente acepte sus emociones como ira o tristeza, y las exprese de manera que no le ocasione problemas en el ámbito laboral, familiar o en el grupo de amigos, además de que tenga actividades que generen bienestar, afirmó la psicóloga Rubicela Ramírez Chávez, académica del Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá).

El beneficio de expresar las emociones es válido para mujeres y hombres, pero en el caso de ellos son reprimidos al tratar de externer, por ejemplo, la tristeza. No es casual, entonces, que se suiciden más; que tres de cada cinco sean más propensos a tener un infarto antes de los 30 años, o un accidente automovilístico antes de los cuarenta debido a los niveles de estrés que manejan, por la creencia de que deben ser el mayor proveedor doméstico, además de la vida sedentaria.

Explicó que los hombres poco saben hablar de los que les pasa porque nadie se los ha enseñado.

Se les reprime, y se les dice que no deben llorar. Tal vez por eso, sean las mujeres de 25 a 45 años las que más buscan ayuda emocional por problemas personales o de pareja. Los hombres no acostumbran, por lo general, a ir a consultas psicológicas porque cree que no lo necesitan. Entonces busca escapes como alcohol, drogas, infidelidad y relaciones paralelas.

Otro enfoque es el que tiene Nadia Yazmín Ocampo Álvarez, académica del Centro Universitario del Norte (CUNorte) para quien lo más importante es que la gente se permita sentir sus emociones, sin embargo la han educado para no hacerlo, para traicionar lo que siente.

“En el caso de las mujeres, el enojo es una emoción que no nos es permitida, entonces la negamos, y cuando estamos enojadas ni siquiera nos enteramos que lo estamos, y a la mejor actuamos como con tristeza, frustración e impotencia”.

Ante cualquier situación emocional hay que permitirse sentir. La expresión solo puede venir después de que hombres y mujeres habitaron y reconocieron la emoción. Hay que identificar qué y cómo se sienten, a qué se parecen, para poderlas describir, y dónde las sienten. Todas las emociones tienen un marcador físico, se perciben en determinadas partes del cuerpo, entonces es importante reconocer estas partes.

“La expresión emocional es algo que empieza conmigo en lo individual, y después en la conversación con los demás. No requiere hacerlo ante un otro siempre”

Expresar a través de dibujo, pintura u otras actividades

Ramírez Chávez señaló como conveniente que hombres y mujeres manifiesten sus emociones cuando sufren una pérdida a través de la escritura, el dibujo o la pintura. Pueden escribir un diario, hacer una carta sobre lo que le sucede, y posteriormente quemarla o tirarla. Puede servir platicar con la persona indicada. El no sacar las emociones puede provocar que de un momento a otro la persona, por ejemplo, se baje de su coche durante un alto y agarre a golpes a otra persona por cualquier incidente.

La especialista invitó a las personas a trabajar su inteligencia emocional para poder comprender y regular las emociones, y darse un “tiempo fuera” mientras están enojados, de modo que en ese instante puedan pensar las cosas de manera diferente, ya que en una discusión acalorada ambas partes podrían “noquearse”, ya que las dos quieren ganar e imponerse.

Es válido, por ejemplo, sacar la ira golpeando un colchón o gritar, y para la tristeza llorar, y hay que tomar en cuenta que:

«aunque se vale estar mal, lo que no se vale es quedarse ahí”.

La especialista recomendó a las personas que tengan un espacio para ellas mismas por lo menos una hora a la semana. Ese tiempo es recomendable que se destine el autocuidado y sea independiente de las actividades cotidianas. La persona puede hacer ejercicio como yoga o caminar, lo que es económico y genera endorfinas que actúan a través de los neurotransmisores, como la serotonina, que regula el estado de ánimo y hace a las personas felices.

La persona debe encontrar las actividades que le satisfaga, como disfrutar la naturaleza, leer un libro o tomar café, platicar con otras personas.

Recomendó abrazar a otras personas, ya que se genera una hormona llamada oxicitosina o la hormona del apego, que ayuda a generar vínculos más fuertes. Está incluida también al besar y al practicar el coito.

“Una persona que trabaja once horas y no conoce a sus vecinos, puede tener una mascota como un perro que brincará y ladrará cuando llegue del trabajo. Esto provoca que en el cerebro del humano se activen los neurotransmisores de la felicidad, que le provocan sentirse bien”.

Si las medidas que se adopten no son suficientes, hay que buscar ayuda profesional. La salud puede marcar la necesidad de terapia psicológica, psiquiátrica, o ambas en los casos en los que la persona a pesar del tiempo transcurrido después de su pérdida no se siente bien ni con terapia psicológica, y entonces vive una depresión mayor, y necesitaría medicamento.

Las emociones del duelo

Ramírez Chávez destacó que una persona que sufre la pérdida de un ser querido primero niega el hecho, no acepta que murió. Posteriormente, la persona siente ira, que puede ser dirigida hacia los doctores, personal de salud, enfermeras, hacia el sistema hospitalario y el familiar que muere. Posteriormente, enfrenta la melancolía, luego la frustración, ante la imposibilidad de despedirse, y por último está la aceptación, cuando la persona deja ir en paz a la ser que perdió.

Se puede experimentar también miedo, sentimiento de desvalidez e incertidumbre.

Reprimir estas cinco etapas de un duelo natural, lo que ocasiona es que la persona se quede emocionalmente estancados, experimente culpa. El deudo se pregunta qué pudiera haber hecho mejor y piensa que si hubiera llevado a su ser querido a un lugar donde le dieran otro tratamiento, no hubiera muerto. Hay rumiación de ideas. Se pregunta qué pudo haber hecho mejor.

Rumear las ideas, es similar a la caja de agua de un sanitario cuando se merma el líquido porque no está bien colocada la tapa. La gente experimenta cansancio y agotamiento, tiene semblante demacrado parece muerto en vida, y todo esto sucede cuando no maneja sus duelos adecuadamente.

Reprimirlos genera hombres y mujeres enganchados en el pasado que no viven el presente.

Las emociones están implícitas en cada una de las etapas del duelo, el cual definió la especialista como un proceso natural ante una pérdida, la cual puede ser real, como la muerte de un ser querido o temporal, como un divorcio.

Si la gente reprime sus emociones, lo que va a hacer es contenerlas y autoagredirse. Las enfermedades psicosomáticas, como colitis, gastritis, insomnio, depresión, ansiedad y angustia por separación, son formas de autoagresión.

“Y como la persona no puede reclamarle al fallecido y no puede enojarse con él, se enoja con las creencias religiosas que profesa, con Dios, con la vida, con los que sí superaron la enfermedad y consigo misma. Esto es totalmente inconsciente en muchas ocasiones. Quien lo vive y lo sufre no se da cuenta de su molestia o que tiene el estado de ánimo amargado”, dijo Ramírez Chávez..

Detalló que un duelo sano por separación o divorcio generalmente tarda la mitad del tiempo que la persona estuvo al lado de su ex pareja. De modo que si estuvo dos años casado, el duelo sería de uno.

Otro caso es un duelo por muerte de un padre o un hijo. En este caso no hay un tiempo específico. Definitivamente no es sano y se trata de un duelo no resuelto cuando la pérdida no permite al deudo disfrutar la vida que sigue después. El estado de ánimo de la persona es plano, no disfruta las cosas simples, todo el tiempo está deprimido, no encuentra motivo para seguir viviendo sin el ser querido que perdió.

Resaltó la importancia de atender la salud mental, tanto por haber padecido la enfermedad por COVID-19, tener un familiar cercano que la padece o tener un duelo por pérdida a causa de la misma enfermedad.