Chango Spasiuk

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Chango Spasiuk es un compositor argentino que entiende la relación entre la música y el terreno personal más recóndito. El chamamé, género de corte bailable que recurre al bandoneón, representa la apuesta principal de este experimentado músico, quien tiene en Atahualpa Yupanqui a uno de sus principales referentes. Tierra colorada en el Teatro Colón, es el álbum más reciente de Spasiuk, una grabación que nos lleva por distintos estilos que conjugan elementos tradicionales, pero que, especialmente, muestra la etapa renovadora por la que cruza el argentino.

Tocar en México abre un horizonte prácticamente nuevo en tu carrera, ¿esperas que esto motive el inicio de una relación entre tu trabajo y el público de esta región?   
No lo sé. Hace más de 30 años que solamente toco el acordeón y que también indago en tratar de entender para qué y al servicio de quién estás cuando eres músico. Digamos que está la canción y las palabras, todo lo que puede llenarse de contenidos, pero la música es un terreno que no es conceptual. Tengo muchas ganas de tocar para la gente de México, pero es algo significativo, porque en realidad me interesa tocar para toda la gente de Latinoamérica.

Dentro del terreno de la música, ¿qué te cautiva de Latinoamérica?  
En Latinoamérica se plantean una serie de problemas, pero terminamos conociendo poco de lo que sucede en los diferentes países que la componen. Hay mundos sonoros que sobresalen más, circulan algunas canciones. Por este motivo quiero conocer estas tradiciones. Estamos en una era de redes sociales y de grandes herramientas de comunicación. Sin embargo, los contenidos no circulan con tanta fluidez. En Argentina hay una canal que se llama Encuentro, que es del Ministerio de Educación, y que de alguna manera pone a circular música latinoamericana. Aprendemos mucho gracias a este espacio. Es una pequeña herramienta.

Tierra colorada en el Teatro Colón es un trabajo que funciona como radiografía de la etapa musical más reciente de Chango Spasiuk, ¿qué fue lo que plasmaste en este material?
Es un concierto de música acústica, que es lo que he efectuado en los últimos diez años. Mi música no está editada en Latinoamérica, está editada en Estados Unidos y en Europa. Supongo que eso es parte de la ignorancia del circuito.

La industria de la música está colocando la mirada en otro lado…
Inclusive la pequeña industria. La industria más artesanal no genera un espacio para que circulen contenidos alternativos. Es importante debatirlo.

¿Qué cosas se han revelado en estas décadas de trabajo, me refiero al aprendizaje profesional y de vida?
La música no está separada de la vida. Tu vida enriquece tu música. Los acontecimientos que vivimos, lo que aprendemos y lo que reflexionamos se ve reflejado en las acciones. Si mi música ha cambiado es porque he vivido cosas que de alguna manera me han tocado, me han modificado.

¿Cómo evalúas esas modificaciones?
No las evalúo. Simplemente agradezco que mi vida sea tan rica. Tengo 46 años y siento que todavía no es el momento de evaluar mucho, sino que es un instante de decir mucho más. Lo que ha cambiado respecto al pasado es que ahora sé lo que quiero decir y cómo decirlo, nada más. Espero tener la posibilidad de desarrollar más cosas y de poder agradecer por hacerlas.

Eres un músico agradecido… 
Atahualpa Yupanqui dice: “Estoy tratando de encontrar la sombra que el corazón ansía”. Lograr una nota, lograr un sonido, lograr un acorde que me lleve a un estado del corazón es una gran tarea que posiblemente me lleve toda la vida. Me preocupa poder encontrar esa nota, porque llegar a ese estado y conseguir que otros aunque sea por un momento lo saboreen, posiblemente le dé sentido para entender cuál es nuestro lugar en el mundo.

¿Cómo defines el sonido de Chango Spasiuk?
Toco una música de raíz folclórica y rural. Pero soy un músico contemporáneo, que también desarrolla un lenguaje con elementos de cámara y arreglos contemporáneos, algo muy actual… Pero parado sobre una tradición que amo profundamente.