Adiós a la pluma rosa

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MD18. GIJîN, 11/04/09.- Fotograf’a de archivo (24/04/07) de la escritora Mar’a del Socorro Tellado L—pez, conocida como Cor’n Tellado, que ha muerto esta madrugada en su domicilio del barrio gijonŽs de Roces, segœn informaron a Efe fuentes familiares. Las mismas fuentes han explicado que la autora se levant— a la siete de la ma–ana y se cay—, probablemente tras sufrir un infarto cerebral o card’aco. EFE/J.L.Cereijido

El 11 de abril de 2009 tiene algo en común con el 27 de agosto de 1635. Son las fechas de muerte de dos de las plumas más prolijas de la lengua española: Corín Tellado y Lope de Vega. Sí, Corín Tellado, la que es inevitable haber leído alguna vez en la sala de espera del dentista, abarrotadas las mesitas de revistas viejas. La que con sus incontables anécdotas ficticias de las vidas amorosas de unas tías igualmente ficticias, influyó indudablemente en su símil mexicano, íngeles Mastretta, que hace la misma cosa en Mujeres de ojos grandes y Maridos.
Nacida en 1927, en un pueblo de Asturias, donde alcanzó a ver en vida una calle con su nombre, María del Socorro Tellado López no escribió más de tres mil sonetos para asombro, diversión y cariño del pueblo español como el “Fénix del ingenio”, pero sí publicó cuatro mil novelas y vendió más de 400 millones de copias en papel delgadito, ediciones rústicas con portadas que muestran idílicas parejas listas para encender la chispa romántica en las mentes de sus lectoras.
Fue por 63 años una profesional de la novela rosa, una estructura literaria tan perfectamente delimitada que es difícil evadir el cliché. También el soneto terminó desgastado y lleno de herrumbre tras el Siglo de oro. Pero algo tienen estos moldes literarios que le siguen funcionando a la industria editorial: los cien que le dedicó Neruda a Matilde, el éxito abrumador de Barbara Wood, Nora Roberts y Danielle Steel, las crónicas aristocráticas de Guadalupe Loaeza y los libritos de historias amorosas que se ofrecen en los quioscos en la misma hilera que el Libro vaquero.
Mario Vargas Llosa, en el diario español El País, escribió de la literatura de Corín como un fenómeno: “Hizo leer a gente que jamás lo hubiera hecho, personas a las que les permitió soñar”, y en seguida aclara que nunca leyó ninguna de sus novelas. Más adelante señala que la suya es una “literatura menor y popular, sin pretensiones intelectuales, dirigida a un público humilde y poco informado”.
Tal vez esas características sean tan evidentes que se noten sin abrir sus obras, pero semejante actitud se ha convertido en una bruma de prejuicios que no siempre atinan. El más claro ejemplo es Jane Austen, novelista inglesa del siglo XVIII, cuya lucidez y estilo para analizar las relaciones personales no fue reivindicada entre los académicos sino hasta bien entrado el siglo XX. La misma indulgente etiqueta de literatura de segunda han recibido otros géneros, como la fantasía, la ciencia ficción, el misterio y el terror, que han demostrado ser capaces de producir obras maestras por su arte e independientemente del tema. Borges, Cortázar, Byron, Maupassant y el mismísimo Shakespeare escribieron obras de estos géneros menospreciados.
La pluma rosa de Corín Tellado dejó de escribir, pero su nombre se lía ya con el de Cervantes, por ser, según la UNESCO, la autora en lengua castellana más leída después del creador de El Quijote. Y esta sola realidad la vuelve digna de un estudio serio que le asigne un lugar, aunque no sea noble, entre las letras hispanas.