Werther Ellerbrock

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Dice que le robo las palabras cuando le pregunto la relación de su nombre con el héroe romántico de Goethe. Ha leído la novela, sabe de la ola de suicidios que desató en el siglo XVIII. Pero no hay explicaciones complicadas: su madre lo eligió, sencillamente, y a su padre le pareció que sonaba bien con su apellido suizo. Y lo que importa es el sonido: Werther es un guitarrista recurrente y respetado en la escena local: profesor de la Universidad Libre de Música y colaborador asiduo de Tónica, sus proyectos más vigentes son Kingsmith y Americana, su travesía solista en clave de folk, blues, ragtime y modal con la que se presenta este 10 de marzo en Bajo Fondo.

Guitarra
En realidad yo empecé con el piano, y luego toqué el trombón en la banda de la escuela. Pero eran imposiciones, así que no me fascinaban. Hasta que negocié con mi papá: si la cosa era tocar un instrumento, mejor que fuera la guitarra. Me atraía la idea de hacer un grupo de rock y tocar las canciones de los Beatles. La guitarra fue mi ticket de entrada a otro universo sonoro. Y ahí me quedé. Desde hace 22 años.

Vuelta
Hace ya ocho años que volví. Fue algo natural también, todo se puso de modo: la vida ahí es muy solitaria, los inviernos no perdonan, había terminado con mi novia, la banda donde estaba se separó, mi mamá tuvo una cirugía, y mi visa expiró; lo de las Torres Gemelas era reciente, así que no quería jugarme la carta de quedarme de ilegal. Así que volví. Pero es apenas hasta hace poco que estoy retomando la actividad constante en los escenarios, aunque nunca dejé de tocar.

Boston
En su tiempo no me cuestioné mucho el hecho de ir a vivir a allá. Tenía un profesor en la prepa que había ido a Harvard y por él supe del Berklee College of Music: yo me había decidido a hacer de la música mi profesión desde los 13 o 14 años. Además, uno de mis mejores amigos también estaba en Boston así que la decisión fue fácil, natural. Fueron siete años que pesan mucho en mi vida.

Americana
Creo que este proyecto es único en Guadalajara porque es experimentación en guitarra acústica en muchos niveles: hay improvisación, escalas modales, sonidos, texturas y técnicas muy variadas mientras toco estándares de folk, ragtime, country y blues, que son géneros familiares para mí desde la infancia: estudié en una escuela anglosajona y pasaba muchas estancias breves allá. El folclore norteamericano es el eje principal, pero también tomo prestado de Mozart y Bach, y utilizo detalles árabes, griegos y judíos. Podría decirse que es world beat en guitarra.

Expresión
Los arreglos que hago en piezas que no son mías de ninguna manera se apropian de los derechos de sus autores, pero en ellos también va mi propia expresión, y en ello siempre se corre un riesgo: la gente te escucha haciendo una comparación con la imagen que tienen de ella en su memoria, y si les gusta o no es en función de esto. En mi caso lo que más me importa es que el arreglo le quede al instrumento. Puedes conservar la melodía y la armonía intactas, pero si hay una buena relación con el instrumento, el resultado puede ser sumamente expresivo, lleno de pormenores musicales. Yo digo que es como una receta de cocina: si la haces bien, la comida te queda bien. El secreto está en la expresión de cada quien.

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