Un lujo asistir al teatro Diana

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    Yo suponía que al remodelar la UdeG el teatro Diana, la comunidad en general tendría acceso a un espacio que ofrecería presentaciones de calidad a un costo “accesible”. En forma lamentable descubro que es un negocio y, con seguridad, bastante jugoso.
    En días pasados, mi esposo y yo llevamos a nuestros dos niños a ver el espectáculo de Winnie Pooh. Para empezar, pagamos –solo por los boletos– 600 pesos (200 cada uno, pues por fortuna mi hija menor tiene dos años y no le cobran la entrada). El show, supuestamente reconocido en el ámbito internacional, resultó un poco aburrido y lento, aunque la escenografía era muy bonita.
    Ya antes habíamos asistido al show de Barney ahí mismo y al de Plaza Sésamo en el teatro Galerías, espectáculos que gustaron a mis hijos por lo dinámico de su desarrollo y el movimiento de escenografías. Aunque este aspecto no le concierne al teatro, creo que sí es responsabilidad de sus autoridades cuidar el valor del evento.
    En general el costo de los boletos para casi todas las funciones en el Diana es alto. Así, el acceso se torna elitista y asisten solo quienes pueden pagar, lo que le quita la oportunidad de cultivarse o divertirse (pues algunos espectáculos son solo de entretenimiento) a las personas con menos recursos, que quizá deben priorizar entre la ida a un evento en el teatro Diana y comer. La decisión resulta obvia.
    En esta última ocasión, los boletos costaban entre cien y 500 pesos si se compraban en taquilla, donde nos enfrentamos a largas filas. No hubo de otra, porque cuando pretendimos hacer uso del servicio de Ticket Master, vimos que cobran el 10 por ciento sobre el valor de cada uno de los boletos, sin importar si los recoges en alguno de sus módulos o en las ventanillas del teatro. En este último caso, también debes hacer una fila que pudiera retrasar el ingreso al teatro (esto sin contar que en variadas ocasiones he encontrado solo una de las tres taquillas operando).
    Al interior del recinto, además, solo dejan ingerir alimentos en la zona baja. Por supuesto, estas localidades son las más caras. Supongo que no lo permiten en las otras áreas porque no quieren limpiar, pero creo que cobran lo suficiente como para consentirlo si así lo desea el público. También a ellos les convendría, para aumentar la venta en sus tienditas. Con todo, las personas ingresan sus alimentos de contrabando.
    A pesar del gran cupo de el teatro, no hay estacionamiento disponible para todos y con tal de obtener “seguridad” en el cuidado del auto, es necesario utilizar el valet parking, que cuesta 35 pesos.
    A esto debe sumársele que entre los módulos para la venta de artículos conmemorativos, se presentaban altos precios, aprovechándose de que los niños tratan de convencer a sus padres de adquirir alguno.
    En este mismo teatro he asistido, en otras ocasiones, a espectáculos de gran calidad y me siento orgullosa (pues mi formación y desempeño actual se los agradezco a la UdeG) de que nuestra institución gestione, extienda y difunda la cultura de manera excelente. No obstante, también lamento que este no sea el único espacio en la ciudad en que la diferenciación de clases no venga marcada por la imposibilidad de “comprar” un boleto.

    Isset Peña Zárate.

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