Ruidos nocturnos en Guadalajara

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    Los ufólogos estarán muy contentos de que en nuestra ciudad, como en otras partes del mundo desde hace algún tiempo, desde los cielos se escuchen ruidos que, los ingeniosos han nombrado como “Trompetas de del Apocalipsis”. Lo cierto es que han sido grabados, al parecer, por quienes los han escuchado de “viva voz”. Son extraños y ocurren, lo que faltaría es que los expertos en estos fenómenos se pronuncien para poder creer que son ciertos, pues somos dados a creencias y a nombrar bíblicamente todo lo que no entendemos. O en su caso los ufólogos dirán, como lo hacen siempre, que son mensajes de los extraterrestres. Los hechos no están puestos en los cielos, pero los científicos hasta ahora no han dicho nada para poder creer en definitiva o no creer. Porque en la vida —y muchos estarán de acuerdo— proviene de nuestra fe en las cosas que realmente son o imaginamos, pues hasta lo menos tangible es cuestión de eso, de fe. Nada hay en este mundo que no provenga de la fe humana. Y no es cuestión de religiosidad ni de profesión de una ideología, todo, pero todo, es cuestión de fe. La misma ciencia requiere de esa fe. La literatura, la poesía, y nuestra propia existencia es un asunto de fe. Al menos es lo que a mí me parece. La fe no es, ya lo dije, asunto que tenga que ver con tal o cual religión, sino de creer o no en un hecho, en un acontecimiento y la fe —la verdadera— es lo que nos ha permitido estar a los seres humanos en este universo, esta tierra, en este tiempo actual en el que yo escribo esta carta a La gaceta y lee usted estas líneas. Es posible que mis palabras no las crea, o lo contrario, pues todo es asunto de creencia y —otra vez— fe.