Las sombras del Jazz

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El escenario se halla en una semioscuridad. Unas ráfagas de luz azul lo cruzan en una de sus partes, rozando, dibujando apenas en la leve penumbra las siluetas de algunos instrumentos ahora fríos y apagados. Un par de faroles acompañan tímidamente los flancos que enmarcan el cuadro. Y en el foco de éste, una luz blanquecina se arroja perpendicularmente sobre un hombre sentado ante sus tambores. Su postura absorta, es como la de quien medita en un ritual, en un diálogo espontáneo con el ritmo; la danza simultánea de manos y pies, entre un oleaje que crece y baja, de percusión y pausa. Él es el baterista Antonio Sánchez.

La noche del jueves pasado, Sánchez, uno de los mejores instrumentistas y compositores actuales de jazz, estuvo de regreso en Guadalajara para ofrecer un concierto en el Teatro Vivian Blumenthal al lado de su banda Migration, compuesta por Seamus Blake en el saxofón; John Escreet en el piano; Matt Brewer en el bajo y Thana Alexa en la voz, quienes presentaron su reciente disco La suite de los meridianos. Este material Sánchez lo considera como “el más ambicioso” de sus proyectos en “lo conceptual, la composición y la ejecución”, por ser un trabajo que se interpreta como una sola pieza, y que admite que fue influida por el efecto de un único plano secuencia que utilizara Alejandro González Iñárritu en Birdman, película de la que Sanchez compuso e interpretó la banda sonora.

En charla con varios medios locales, Sánchez dijo —como tantos otros lo han señalado— que el jazz es marginal en todo el mundo, salvo excepciones contadas, pero que en parte esto es culpa de músicos que tienden a volver muy elitista el género o a algunos medios que no lo difunden, y por ello está convencido de que hay que hacerlo más accesible y popular como fuera en su origen.

Desde ello, como la pregunta obligada y de respuesta obvia es cuánta más proyección puede darle a un músico el éxito de una película como Birdman, acepta que es mucha, y que “es lo que estamos buscando, porque estamos en las sombras de la fama siempre”.

La diferencia entre hacer un concierto o un disco a realizar una banda sonora de una película, suele ser para Antonio Sánchez que ésta es una experiencia más restringida por el director o productores, pero como “yo me dediqué al jazz por la libertad, fue lo que me gustó de Birdman, porque tuve casi completa libertad para tocar como lo hago, sin adaptarme a otras ideas. Porque muchas veces la música de películas acaba siendo nada más de fondo, y se termina componiendo para la visión de alguien más que no sabe de música”.

Otras de las causas del reconocimiento de Sánchez en su larga trayectoria, es el formar parte desde hace varios años del Pat Metheny Group, cuyo guitarrista y líder de la banda es una suerte de rockstar del jazz. Sánchez cree que el público de esta banda de más de veinticinco años es prácticamente el mismo, por lo que es “difícil conseguir nuevos escuchas, y los jóvenes que quisieran ir no tienen el dinero para pagarlo. Me ha dado proyección, pero también deseo renovar el auditorio. No quiero dejar de tocar con él, pero tampoco dejar de hacer mis cosas”.

Antonio Sánchez prefiere ejecutar su propia música, porque “es como abrir tu propio restaurante: si estás copiando la comida de alguien más, nunca serás original. Quiero que la música hable por sí sola, y que el grupo a través de ella tenga un sonido propio”.

Y en esa búsqueda de definir una voz, Sánchez dice que “la batería es el instrumento ideal para liderar un grupo, porque es el motor del autobús; el corazón del cuerpo, y desde ahí puedo cambiar la dirección de la música en un abrir y cerrar de ojos. Porque puede haber un grupo bueno, pero si el baterista no lo es, no va a sonar bien”.

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