El universo del dr. Atl

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Después de su andancia por Europa y Asia; de buscar experiencias y conocimientos artísticos y filosóficos; de confrontar sus sentimientos y convicciones, el pintor tapatío Gerardo Murillo, en 1903, volvió a poner el pie en México. Así lo dice Pino Cacucci en su novela Nahui, centrada en la figura de la pintora, poeta y modelo Carmen Mondragón, quien tuviera una atormentada relación con Murillo, rebautizado para siempre como el Dr. Atl. El título doctoral se lo ungiría Leopoldo Lugones al saber que el otro se graduaba en filosofía en Roma, y el Atl, el propio Murillo lo tomaría del náhuatl por su significado de agua; porque había sobrevivido a la devastadora fuerza natural de ésta durante una tempestad en el Atlántico.

De vuelta a la patria, el Dr. Atl “escapó a las montañas, para refugiarse durante cerca de un año a los pies de los glaciares que rodean el Popocatépetl […] A veinte grados bajo cero, volvió a encontrar la lucidez y la inspiración: el volcán habría de convertirse en el protagonista principal de su arte figurativo. El Popo […] y luego todos sus hermanos mexicanos”, eran colosos que Murillo consideraba “como a seres vivientes, criaturas capaces de poner en contacto las turbulentas entrañas de la Tierra con la rarefacta inmensidad del cielo”.

Con tales antecedentes se puede adentrar a la exposición Rotación cósmica que a cincuenta años de la muerte del Dr. Atl, inauguró el Instituto Cultural Cabañas la semana pasada, en manos del curador del viejo Hospicio, Carlos Ashida.

De acuerdo a Ashida, la exposición se centra en dos lecturas: “Una es la que él profesó la convicción de que el artista es un protagonista dentro de la sociedad, no nada más posee una destreza excepcional para ejercer su arte, sino que tal acción debe tener una consecuencia social. Y la segunda es que Atl creía que el arte era una forma de conocimiento que tiene la misma solvencia que la ciencia”.

La exposición está dividida en varios temas: una introducción a su vida; una parte dedicada a su relación con Nahui Ollin; otra a sus ideas científicas; al proyecto no realizado de la ciudad de los científicos, llamado Olinka; otra dedicada al paisaje; una más sobre la perspectiva curvilínea, y cierra con el tema del volcán Paricutín.

Este montaje, que Ashida califica como didáctico porque no es mucho lo que se conoce del pintor de origen tapatío, toma su nombre de la idea que enuncia Atl en su texto Un hombre frente al universo, publicado en los años treinta: “La aspiración del hombre es conquistar el infinito, y su voluntad es una rotación cósmica que lo funda con el universo”. Tal es la intención que la exposición quiere transmitir, refiere el curador.

Ashida señala, además, que la información que dispone esta muestra del Dr. Atl, “no está filtrada”, porque “sí estamos honrando la memoria de este gran hombre, pero también es valioso manifestar sus contradicciones, su lado oscuro, y es una oportunidad de conocerlo en su complejidad”.

La exposición comprende obras que van desde la segunda década del siglo XX hasta cercanas a la muerte de Atl, ocurrida en 1964. Consta de 75 piezas, entre pinturas, dibujos, fotografías y documentos bibliográficos, que corresponden a 15 diferentes orígenes: el Museo Regional de Guadalajara, Museo de Arte Moderno, Museo Nacional de Antropología e Historia, Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, Instituto de Investigaciones Estéticas, así como colecciones privadas. Para su realización se invirtieron alrededor de 2 millones trescientos mil pesos.
Carlos Ashida recuerda que la concepción que el Dr. Atl —quien era ateo y anarquista— tenía de su pintura “era superlativa”, pues “decía que los políticos son despreciables, que la política es el campo de la mentira y los intereses para obtener el poder. Los únicos seres capaces de tener un impacto social son los artistas, porque tienen una capacidad de comprensión que les hace ir al sentido profundo de las cosas. Y dentro de los artistas, el pintor es el que tiene más tal capacidad, porque la conexión que existe entre el ojo y el cerebro, le permite una lectura de la realidad mayor que ninguno”.