El sacrificio de Regina

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    Regina Teacher vive entre nosotros. Tras su sacrificio el 2 de octubre de 1968, la parte femenina de México despertó. La conciencia colectiva dejó la  cárcel de la luna y en la víspera del año 2012 nos preparamos para la consolidación de los cambios, para el retorno de lo sagrado. No es casualidad que cada vez haya mayor conciencia ecológica,  respeto por lo esencial, la naturaleza, el vegetarianismo, amor a la humanidad y repudio a la injusticia. Pero eso está en una sola parte, hay otra ala  que nos debe preocupar: el ala donde se ubican los que buscan el poder, se deshumanizan y crean conflictos para consolidar intereses mezquinos. Y si para lograrlo hay que pisotear los derechos de las personas, humillar, ofender, violentar la ley, lo harán, sin remordimiento de conciencia, porque no la tienen. Esa parte de la humanidad, la que aprovecha  la permanencia de algunos dentro de la cárcel de la luna, de la que aún hoy nos habla Regina a través de las sabias palabras de  don Antonio Velasco Piña, es a la que hay que procurar; buscarles la cara, el corazón, encontrarles la parte humana que hay en ellos, tocar sus fibras sensibles, que, estoy segura, aún conservan, para dar a la gente la oportunidad de la que nos habla Regina, la de forjar la armonía del universo. 
    Don Antonio Velasco Piña, fue  invitado por la comunidad ecológica de los Guayabos, cuyo guía espiritual es el Jefe Luciano Pérez (1950-2003),  un buscador asiduo de la  paz. 
    Don Antonio entabló una charla informal, con unas 120 personas que le escuchamos y comprendimos perfectamente. Aun los que manifestaron no haber  leído sus libros. Así quedó clara la esencia de lo logrado con el sacrificio de la reina del país de las íguilas. Y comprendí muchas de las cosas que nos mantienen en este mundo, en nuestro hermoso México, en esta bellísima ciudad de Guadalajara, y en esta grandiosa Universidad. Comprendí que cada uno de nosotros,  puede poner su  partecita, que el mundo puede  vivir en armonía si empezamos por nuestros hogares, colonias, oficinas, con el saludo de cada día a la familia, compañeros y vecinos, con el gesto cálido que tantas veces olvidamos,  interesándonos por lo que le pasa al otro, mirándole a los ojos, estrechando su mano, y abrazándolo para conseguir que  la paz llegue a quien nos rodea, lo demás vendrá por añadidura. Es la voz del instinto.