El efecto House

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Con alrededor de 1.90 de estatura y 55 años de edad cumplidos en Guadalajara, Hugh Laurie corre y brinca por el escenario, se arroja al piso, toma whisky entre las piezas que canta o toca con The Copper Bottom Band; baila tango, se impulsa sobre el piano para aporrear las notas agudas con el zapato, hace constantes chistes y gestos, puede vestir como un británico elegante e informal, pero si el dramatismo local de la noche lo exige, volverse un niño héroe cobijado con la bandera mexicana, y arrojarse no al vacío pero sí a  una muda de piel con la camiseta de la Selección Mexicana de futbol, un eco de su acercamiento previo al orgullo nacional en la capital del país, y rematar con el jersey de los Leones Negros, también de exacerbadas ilusiones futboleras y mediáticas pero a niveles  de apreciación tapatía.

El viejo ex Doctor House es un showman, y la gente que acudió al Teatro Diana a ver al personaje sarcástico y talentoso no salió defraudada, de hecho la mayoría buscaba más que al músico, al médico genio y desmadroso que conocieran en televisión. Aquí no se trataba de diagnosticar o curar enfermedades raras, de ser mezquino con los demás para mantenerse a salvo del sentimentalismo, o de mantenerse drogado para aguantar el dolor físico y moral, pero sí de sostener un personaje bufonesco que también puede adentrarse a la melancolía del blues, y sonar con buen swing en las piezas más rítmicas. Y Laurie, que además de músico y actor es comediante y hasta escritor, sabe perfectamente cómo provocar y aprovechar las reacciones de su público.

James Hugh Calum Laurie, nació el 11 de junio de 1959 en Oxford, Inglaterra. De su padre que fue médico y remero olímpico con medalla de oro ha tomado el gusto por ese deporte con el que se hizo un nombre en la universidad, y, tal vez sin pretenderlo, la caracterización de una profesión que se convirtió en su indisociable sombra. Es posible que por ello, alguna vez dijera sobre esta relación que “Él era un alma muy gentil y, creo, un muy buen doctor. Y probablemente estoy siendo mejor pagado para convertirme en una falsa versión de mi propio padre”.

La iniciación de Laurie en la actuación se dio a través de su estancia en la Universidad de Cambridge, ya que ahí formó parte de los Footlights, un afamado club de interpretación y comedia del que surgieron personajes reconocidos de este medio, del cual llegó a ser presidente, y que a la vez lo llevaría a conocer a Emma Thompson y a Stephen Fry. Con estas amistades es que se iría abriendo paso a la televisión y luego al cine en su carrera actoral, de la que para bien o mal se recuerdan las cintas 101 dálmatas o las de Stuart Litte, aun cuando también participara en otras como El hombre de la máscara de hierro. Pese a sus múltiples facetas, porque ya en 1996 había escrito su novela The gun seller, la gran proyección le llegaría con el personaje irónico de House, que emprendería en 2004 y hasta finalizar la serie televisiva en 2012.

Así que el aura de aquella quizá insuperable interpretación dramática, ha hecho posible que sin demeritar sus talentos, Laurie se hiciera un fenómeno mediático que vende discos, libros, imagen, y que llena los lugares donde se presenta. Algo de lo que más que ufanarse, agradece y se toma con humor: “Soy razonablemente bueno en muchas cosas, pero no grandioso en nada. Soy razonablemente buen escritor. No escribo como Martin Amis, pero me gustaría hacerlo.

Pero es probable que pueda actuar mejor que Martin Amis. No puedo actuar como Kenneth Branagh, pero es probable que pueda tocar el piano mejor que Kenneth Branagh, aunque no puedo tocar el piano como Dr. John. Pero soy capaz de cocinar mejor que Dr. John”.

Bajo el contexto de fama, se puede entender el porqué en su noche en Guadalajara, Laurie fue idolatrado por hombres que tal vez quisieran ser como él, pero sobre todo por mujeres que lo encuentran demasiado atractivo y no dejaron de gritarlo; el porqué un teatro abarrotado y emocionado como pocas veces le cantara Happy birthday, y luego Las mañanitas con un mariachi que invadió la escena; que la cobertura del evento para fotógrafos y las entrevistas fueran dificultadas por los organizadores y sólo se privilegiara casualmente a dos medios; que a la puerta del evento ya se vendiera el DVD pirata con el concierto del día anterior y las camisetas de recuerdo; que afuera de la entrada para artistas, un guarura tuviera que gritar: “Váyanse, no va a salir” a la gente que después de dos horas y media de concierto se apostaba ahí”.

De nuevo, no se puede sino pensar en el efecto que el Dr. House continúa ejerciendo, y del que Laurie se refirió así: “Es una cosa maravillosamente liberadora. Me gustaría poder ser más así. Creo lo que todos los actores piensan. Ellos quieren ser amados. Quieren aplausos. Es patético, pero así es”.