Conversaciones con Sergio Pitol

    85

    Xalapa es una ciudad mestiza, atenta a los cambios de siglo, símbolo de educación y cultura, que acoge a grandes y renombrados artistas.
    Tal es el caso de Sergio Pitol, escritor con raíces veracruzanas y que a sus 71 años prosigue en su fabuloso quehacer literario, como nos lo dio a conocer durante la plática que sostuvimos con él en marzo de este año: “Acabo de enviar a España mi último libro. Estoy cansadísimo y tengo dos novelas comenzadas. También libros en los que empleo “el arte de la fuga”, donde narración, crítica, ensayo, crónica y autobiografía se conectan”.
    Investigador y catedrático de la Universidad Veracruzana, Pitol confiesa: “Mi obra tiene unidad, pero las formas se van disolviendo y creando otras. Después de escribir algo así como tres libros con un canon que invento, ya no me interesa utilizarlo más, porque convertiría mi escritura en mecánica”.
    Afirma que en los últimos 15 años han surgido en la literatura hispanoamericana varias corrientes que no siguen los escritores del boom.
    Las novelas de Pitol son por lo general satíricas, carnavalescas, como la trilogía novelística compuesta por El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal, donde la forma no obedece las reglas anteriores.
    Ahora los novelistas de América latina “tratan a la realidad como una materia distinta a como lo hizo el realismo mágico, la literatura política, aunque la mayoría, debajo de la escritura, al burlarse de la realidad, del Estado, de las formas que viven sojuzgadas al poder, guardan elementos revolucionarios”.
    De los clásicos aprende que hay hilos que comunican todos los géneros en la literatura, en todos los tiempos. Aunque existen autores que aseguran no leer mucho para no imitar, “hay que imitar a Cervantes, a Shakespeare”, dice Pitol, como invitándonos a seguir nutriendo nuestra cultura literaria.
    En su obra existe la dualidad de lo posible e imposible. Ahí encontramos la presencia del maligno en sus relatos iniciales, por allá desfilan estudiantes, hombres de negocios o de la literatura.
    La creación en Pitol es aprendizaje de Gombrowicz, puesto que ve la literatura como una emanación de la realidad.
    Fiel admirador del insigne polaco, de Henry James, Gogol o Bustos Domecq, su literatura encarna en lo absoluto cotidiano, en las apariencias que surcan los límites con lo fantástico.
    Aprender de su paciencia, de su escritura, es reconocer la literatura mexicana, renombrar los vastos horizontes para continuar acechando al arte literario.
    Su presencia resulta enigmática, sencilla, pero certera. Su conocimiento vasto, su andar tranquilo, sus palabras e imágenes entre sorbos de café y humo, nos sorprenden.

    * Estudiante de letras.