Carlos Franz

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Que su padre fuera diplomático fue motivo de dos particularidades en la biografía de Carlos Franz: una, que naciera en Ginebra, Suiza, con la nacionalidad chilena; la segunda, la época dura del pinochetismo, que no asesinó a su progenitor, pero sí lo hizo morir de depresión. Su madre, por otro lado, era actriz. De ahí, tal vez, su vocación por la palabra.
Carlos Franz es escritor. Ha publicado cuatro novelas (Santiago cero, El lugar donde estuvo el paraíso, El desierto y Almuerzo de vampiros), un libro de relatos (La prisionera), y otro de ensayos (La muralla enterrada), cuyas solapas, desactualizadas, muestran a un hombre con barba. Desde hace una década vive fuera de su país, primero en Alemania, luego en Inglaterra, ahora en España; y desde hace dos décadas visita Guadalajara constantemente, ya como director de la Feria del Libro de Santiago, ya como invitado de la FIL, ya como autor. La última vez ha sido este 30 de junio, con la conferencia magistral “El triunfo de Casandra. Narrativas en la era de la perplejidad”, en el marco de la Cátedra Julio Cortázar.

Época
Para la novela esta es una época ideal. Nunca antes habíamos estado tan llenos de temas y relatos, nunca habíamos estado más conectados, y no sólo en el sentido virtual, sino que nunca tanta gente había viajado tanto. Hay una infinita ramificación de la cultura y claro, la complejidad es mucho mayor. Ya no se pueden escribir novelas totales, pero aún desde el minimalismo y la subjetividad la novela alcanza una gran variedad de interpretaciones, entre las cuales una de las más poderosas es la política

Almuerzo de vampiros
De aquí me voy a la Ciudad de México a presentar Almuerzo de vampiros, que es una farsa, una sátira sobre la gente que vive el proceso de la muerte de los ideales, ahora convertidos en meros intereses económicos. Y no soy un nostálgico de otros tiempos: cuando el 68 yo era un niño, y cuando el golpe, tenía catorce años. Pero me parece que se ha perdido la capacidad de hacer interpretaciones políticas, que asistimos a una privatización de la realidad.

Novela
Como forma estética, la novela tiene en su ADN la paradoja permanente y la confusión, porque funde fuerzas contradictorias en una sola entidad. Esto ya lo hacía cuando la tendencia del pensamiento era puramente racionalista, pues su nacimiento coincidió con el de la burguesía y la caída del orden feudal. Apenas desde Heisenberg se admite en la ciencia que hay conceptos azarosos que producen la incertidumbre y el caos. Pero eso ya estaba en la novela, porque un buen relato no lleva un proceso dialéctico y no se resuelve en un solo sentido: el relato se recompone de otra manera, encuentra otro equilibrio, que no es necesariamente superior.

Híbridos
Me gustan los híbridos, no sólo de género sino en general de pensamiento. Disfruto mucho intentar una sinopsis entre saberes aparentemente dispares, cuyo contacto produce una chispa iluminadora. Cuando hablo de literatura me gusta hacer eso, acercarla a otras del mundo, que a final de cuentas es de donde vino. Así trato también de recuperar el sentido profundo de las humanidades, cuyas diversas facetas (académicas, filosóficas, creativas) olvidamos que son aspectos de un mismo conocimiento.

Feria o biblioteca
El formato de la feria del libro iberoamericana es a la vez un gran evento cultural y comercial donde se puede ver lo mejor y lo peor de la producción de la temporada. Es pura actualidad, puro momento; es todo lo contrario a una biblioteca, que es pura permanencia. Pero a las bibliotecas no sé por qué no se les hace tanta fiesta. Yo recuerdo como los años más libres de mi vida los cuatro que estuve afiliado a la biblioteca municipal de Santiago, donde el tope semanal para préstamo eran cuatro libros: durante ese tiempo no hubo una sola en que no me los llevara todos y los devolviera leídos, a tal grado que las empleadas ya me querían dar un reconocimiento. No he vuelto a leer tan ávidamente como en esos años.

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