
El crecimiento, desarrollo y transformación de la capital jalisciense, de la mano de las rutinas y gustos de su gente, han posicionado lugares y platillos que ya son imprescindibles para locales y visitantes de la zona Centro de Guadalajara.
Quizá sea por la permanencia a través del tiempo, lo emblemático de las experiencias, la atención apapachadora o, simplemente, la costumbre de visitar un lugar conocido que te haga sentir en casa, así es como mercados, restaurantes, bares, fondas y esquinas concurridas se volvieron lugar de descanso y refugio en medio del tráfago diario de la ciudad.
Momentos de convivencia comunitaria que combinan perfectamente con la hospitalidad y herencia de tradiciones culinarias que muestran el verdadero corazón de la Perla tapatía.
Es por ello que decidimos hacer un viaje dentro de la cotidianeidad de la ciudad siguiendo algunas pistas de sabores, olores y lugares que ofrece más que una solo probada, sino la posibilidad de adentrarse a la historia hasta volverse parte de ella.
¿Eres tapatío?¿Quieres ser tapatío? ¿Te animarías a probar esto en 24 horas?
La ruta del sabor
Salimos a las 7 de la mañana del tren ligero: a la derecha, la catedral. A la izquierda los policías levantan a quienes durmieron en los portales. Las cortinas metálicas de los establecimientos siguen abajo. La ciudad apenas bosteza. Pero llega el primer tirón de tripas: hora de comer.
Comencemos.
7:00. Café
Se la bautizó “Cafetería siglo XXI” en el Mercado Alcalde, pero su origen pertenece a la centuria anterior. Los retratos del Subcomandante Marcos, Frida Kahlo, Fidel Castro o José Alfredo Jiménez se disputan las miradas junto a decenas de tazas cosmopolitas y el barista que se ganó la atención al prepararnos café, molletes y los “jokeis”, con movimientos precisos dentro de los escasos metros cuadrados del establecimiento.
8:00.
Tacos al vapor (El Gallo)
Si los mexicanos aquilataron el maíz como un regalo de los dioses a través de las tortillas, los tacos al vapor son prueba del mejor talento de un clan, el de “El Gallo”. El destino nos lo puso para gozar una fiesta de texturas: hundir los dientes en los rellenos de frijol, papa o chicharrón, romper la col fresca y las zanahorias encurtidas. Y terminar con las manos ensopadas.
9:00.
Tacos de birria (9 esquinas)
Cuando el amor se junta con el apetito, aparecen tacos de birria en nuestras calles. Se comprueba que este platillo de fiesta —carne desmechada de chivo o res en su baño rojo especiado—, remueve recuerdos. Reinicia la vida. Así son los tacos de “La Birriería 9 Esquinas”.
10:00.
Tortas ahogadas (Príncipe heredero)
Bajo lo que aparenta ser un campamento que recela el paso de los rayos del sol, está el reino de la torta ahogada. El manjar del “Príncipe heredero” trasciende el origen francés del birote, el tasajo de puerco y la salsa de tomate para crear un clásico que reclama la primacía de los desayunos de Occidente.
11:00
Madoka
El café Madoka pertenece a la estirpe de los cafés fundacionales. Sus platillos provienen de un recetario antiguo: chilaquiles con salsas balanceadas, huevos estrellados como soles. Y te detienes a escuchar el deslizamiento de las fichas de dominó y de la charla llenas de verbos y adjetivos de otros tiempos, que se cruzan con la miradas jóvenes en un puente real construido con tabiques de cafeína.
12:00.
Escamocha (Mercado Juárez)
Con la escamocha nos pasa como a Aladino cuando descubrió la cueva: cada fruta es una joya; mango, piña, papaya, manzana, fresa, plátano, guayaba, todo bañado con jugo de naranja y coronado con gotas de limón y sal. Calma el hambre del mediodía. Refresca. Cura. Es uno de los singulares inventos de los tapatíos que les dan la fama de generosos.
Tejuino
El tejuino, como el pulque, es la cerveza de esta tierra. Nadie le regatea su lugar en el altar de las bebidas tapatías junto al tequila y el mezcal. Pero el tejuino es rebelde porque no pide una etiqueta. Sólo exige una mano paciente que sepa fermentar sus granos. Y, ya en su punto, hielos, sal y jugo de limón en generosa pero justa medida. Si su cuerpo ya está listo, la nieve de limón será su cabellera. Y, después, saldrá a triunfar en las calles para imponerse en lo cotidiano. Tanto para él como para nosotros es un placer inmenso que caiga en nuestras bocas y enfríe nuestros pechos donde encontrará su sepultura, porque muere para nutrirnos.
13:00.
Lonches (Amparito)
Los lonches Amparito exigen compromiso, y te lo pagará a precio de cualquier espera. Toma esa torta con ambas manos, desgarra la porción de pierna, que se roba un trozo de aguacate, salsa y jalapeño. Y no habrás llegado a la Fuente de los Niños Miones cuando ya la hayas devorado.
14:00.
Café San Remo del centro histórico
En el Café San Remo del Centro Histórico el tiempo se diluye. Porque el café, pese a su naturaleza excitante, guarda su ritmo. Como la charla que no se precipita, que aprovecha cada elemento para madurarla: un café de olla, unos molletes, un platillo del día. Todo con la discreción y eficacia de los baristas.
15:00
Café Madrid
Si los años pudieran tener un sabor y este fuera el de café, seguro sería el del Madrid. Esto lo saben los actuales parroquianos, los políticos y escritores del pasado apiñados allí desde la barra baja. Junto a su clientela, el lugar ya resistió regímenes políticos, crisis económicas, manifestaciones. Y se ha adaptado al gusto de los parroquianos. Ahora no sólo sirve café, también hamburguesas, chilaquiles, carne asada. Guarda un tesoro: La ciudad de las mujeres, un mural de Alfredo Santos a prueba de tiempo.
16:00
Lonchería La Playita
Con la sensación de una fuente de sodas de los 80´s, La Playita es un negocio que comenzó en 1935 en casa de la Familia Navarro y se consolidó en las calles del centro de Guadalajara con su famoso lonche caliente de pierna adobada, preparado con la base estrella de varios platillos tapatíos: el birote crujiente partido por mitad, una abundante embarrada de crema, rodajas de jitomate, tropezones de cebolla y chiles jalapeños en rajas. Reafirman la simpleza de un platillo práctico, delicioso y respaldado por la tradición del lonche caliente en Guadalajara. De pollo, lomo, panela o mezclado cualquiera que sea tu gusto, no te arrepentirás.
Nieve de garrafa (San Antonio), raspados (Parque Morelos)
La nieve de garrafa es el único postre que se inspira en el reloj para crearla: surge de miles de giros impulsados por el maestro nevero y una cuchara de palo. Y en las nieves de San Antonio, una cuna modesta, les proporcionan una textura estelar. Cualquier helado en el trópico es un milagro, y también lo son los raspados del Parque Morelos. El cepillo arrastra copos perfectos que se acumulan en forma de prisma y que sólo esperan los jarabes que superan el arcoiris.
17:00
Carne en su jugo (Kamilos 333)
Con la sensación de estar en una cabaña de la sierra jalisciense, la sazón del campo y el platillo tapatío por excelencia, la carne en su jugo se disfruta en el corazón del barrio de Santa Tere. Kamilos 333 es un restaurante familiar y acogedor donde se reúnen todos en Guadalajara para recordar y preservar este platillo a base de carne de res cocida en su jugo, acompañado de trozos de tocino crujiente, decorado con cebolla y cilantro picados finamente y finalizado con una buena cucharada de salsa picosa para coronar la experiencia del sabor más tradicional. Para acompañar, en la mesa siempre encontrarás frijoles refritos con queso fresco y rajas de chile güero, tortillas calientitas, encurtido de zanahoria y totopos recién hechos. Es la sensación de un remedio casero caliente y un abrazo familiar en cada cucharada que reafirma la bienvenida al conocimiento culinario más antiguo en Guadalajara.
19:00
Bar Mascusia
Paradójicamente, el mejor lugar para comer es en un bar, el Mascusia. Olvídate del mosaico de botellas de tequila y de mezcal que cuajan la barra, de las finas mezclas cocteleras y hasta de las bajas temperaturas de las cervezas. Es lo de menos. Lo mejor es acomodarse en la mesa, pedir tu bebida favorita, escuchar el rumor cantinero. Y luego dejar que toda esta naturaleza obre en ti: cacahuates, pozole, carne en su jugo, tortas ahogadas. Si llegas de buenas, llegará un caldo de espinazo, tostadas de ceviche. Y terminarás el ritual con un viril.
Bar Antillanos
Una casona tradicional del centro de la ciudad alberga una peculiar sensación de abandono y hospitalidad al mismo tiempo, que te invita a pasar un rato de contemplación solitaria o un encuentro grupal. El Bar Antillanos ofrece platos de fruta, botanas fritas, cacahuates infinitos, así como un trovador que ameniza momentos de tranquilidad, antes de que los éxitos populares suenen en las bocinas. Carne asada con chorizo recién salido de las brasas, frijoles de la olla, guacamole, pico de gallo y salsa picosa para acompañar tus bebidas. Experiencia de cantina tapatía al 100%.
20:00
Antojito mexicano (cenaduria Gloria)
La cenaduría Gloria es el faro de la colonia Artesanos que te toma del olfato antes de que veas sus luminarias, sillas rojas y el humo del comal. El género garnacha comprende especies deliciosas: flautas, sopes y tacos se sumergen en un baño de manteca que chisporrotea. Luego, se despliegan en tu mesa con su plumaje de col y tomate colorado.
La Morenita
Es un restaurante clásico cerca del Santuario que nos recuerda la sazón de las abuelas y madres tapatías que han ido perfeccionado tras el paso de los años una variedad de antojitos mexicanos, pero con las especificaciones y contextualización de especias en la zona. La Morenita propone un sabor conciso en sus salsas, encurtidos, mole, tostadas, pozole, guisos y platillos que han logrado comprimir la extensa tradición culinaria jalisciense en un solo lugar familiar.
21:00
Postre (el parque del Santuario)
La receta de los buñuelos con caldo de piloncillo del Santuario se perdió, cuentan los vecinos. Hay papeles viejos, libros y cuadernos. Pero en ninguno es posible recuperarla. Sólo se sabe el ritual para comerlos: trocearlos en un plato y derramar la miel con gusto a canela, guayaba, hojas de otra época. La verdadera receta vive solamente en la memoria de las cocineras.
Ricos Tamales
“Una rica tradición tapatía desde 1953” es el lema de una de las cenaduria y local de tamales más reconocido del barrio artesanos, en Guadalajara. Cerca del mercado IV Centenario se encuentra un pedazo de historia local que reafirma su existencia, con el paso del tiempo, gracias a una gran variedad de tamales, sin dar protagonismo a algún sabor o color, sino que cada uno ofrece momentos peculiares al degustar. Una propuesta que mezcla tradición pero también el gusto para seguir estando presente en los paladares tapatíos.
22:00
Tacos el Santo Goyote
Tacos ligeros, al vapor, pequeños y bañados en una salsa de tomate verde hacen una combinación que hará que no pares. Don Goyo siempre está listo para atenderte después de un largo día con su receta tradicional. Mientras te sumerges en el ambiente, no dejes de aprovechar una de las vistas nocturnas más apreciables del centro de la ciudad, la plaza y el Templo Expiatorio del Santísimo Sacramento, un conjunto de experiencias que se complementan entre sí para cerrar tu noche o seguir con ella.
24:00
Después de saciar el apetito, ahora sí con buenas bases, sumérgete en La Fuente, camina a la Occidental, atrévete a pisar el Morelias. Si te fatigas no hay mejor lugar que Los Equipales. Sabemos del trabajo que cuesta trasnochar. Detente un momento, respira el sereno, escucha al perro callejero. Ve al Rey por un burrito, por una torta. Si dejas atrás esas letras rojas, seguro vas camino a casa.
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