
Para estudiantes foráneos en Puerto Vallarta, la prevención no sólo consiste en preparar lo necesario para enfrentar una tormenta, han aprendido también que la alerta no debe confundirse con la certeza de que ocurrirá un desastre y tampoco con una situación que pueda ignorarse
Antes de pensar en clases, tareas o pendientes, una alerta meteorológica puede hacer que la primera preocupación sea otra: saber qué está pasando y decidir si es momento de quedarse en casa. Esto es lo que sucedió la semana pasada con el paso del huracán Polo.
Para Abril Arce Chavarín, estudiante de primer semestre de Turismo del Centro Universitario de la Costa (CUCosta), mantenerse informada fue una de las primeras cosas que hizo ante las condiciones meteorológicas de estos días. “Primero que nada, investigo en muchas páginas en internet sobre el fenómeno para no estar desinformada y no caer en noticias falsas”, cuenta.
Ella apenas comienza su vida universitaria en el CUCosta, por lo que todavía está conociendo los protocolos ante este tipo de eventos. Sin embargo, tiene claro que una alerta no debe desestimarse: “Me parece bien que cancelen las clases porque esas situaciones no se deben de tomar a la ligera”.
Ante la evolución del huracán “Polo”, la Universidad de Guadalajara, por medio del CUCosta y otras sedes, determinó suspender las actividades académicas, administrativas y presenciales durante los días 23, 24 y 25 de septiembre, como medida preventiva para salvaguardar a su comunidad universitaria. También llamó a mantenerse atentos a los canales oficiales, seguir las indicaciones de Protección civil y evitar traslados innecesarios.
Para Martha Graciela Peña Talavera, estudiante de séptimo semestre de Contaduría pública y originaria de El Agostadero, una localidad de Mascota, la suspensión significó pensar en algo más inmediato: volver a casa.
Cuando supo que las clases se cancelarían durante el resto de la semana lo primero que pensó fue en poder regresar a su casa para estar con su familia en esos momentos de advertencia. No fue sencillo, ya era tarde y no había transporte disponible, por lo que organizar el viaje terminó siendo una situación estresante.
Desde su pueblo siguió la información principalmente a través de redes sociales, aunque estar nuevamente con su familia le dio tranquilidad. También reconoce la incertidumbre que puede acompañar una decisión como ésa: “No nos es posible saber si podremos regresar con bien a casa o es mejor permanecer en la ciudad”.
Esa duda también forma parte de la experiencia de quienes estudian lejos de casa. Alondra Vanessa García Ramírez, estudiante de séptimo semestre de Psicología, llegó a Puerto Vallarta desde Jerez, Zacatecas, hace alrededor de tres años y medio. Antes de vivir en una ciudad costera, la palabra “huracán” significaba para ella algo mucho más sencillo: “De donde yo soy, el huracán era solo lluvia”, recuerda.
Vivir en Vallarta le hizo descubrir que la realidad es distinta. Durante su primer huracán se encontró con medidas que antes no formaban parte de su vida cotidiana: proteger documentos, preparar alimentos que no dependieran del refrigerador, colocar cinta en las ventanas y pensar con anticipación qué podría necesitar si se iba la luz.
Y desde entonces, su manera de enfrentar estos fenómenos ha cambiado. Ahora, cuando existe una alerta, procura mantenerse informada y también mantener al tanto a su familia.
Después de varios años viviendo en Puerto Vallarta, Vanessa ha aprendido que la alerta no debe confundirse con la certeza de que ocurrirá un desastre, tampoco con una situación que pueda ignorarse. “Por algo es una alerta, por algo la gente tiene que estar precavida”, reflexiona.
Las tres experiencias son distintas, pero entre ellas aparece algo que puede pasar desapercibido cuando una alerta llega a través de una pantalla: detrás de la suspensión de clases también hay decisiones cotidianas. Estudiantes que cambian sus planes, familias que esperan noticias y jóvenes que, lejos de casa, tienen que decidir cómo cuidarse.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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