Un héroe sin esteroides

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Los primeros superhéroes sin máscara surgen en las historietas en 1961 (Los Cuatro Fantásticos): héroes cuya identidad no pasa por el misterio y la adivinación, aunque sus poderes les sean dados por factores ajenos. “Entre esos héroes (sin máscara) hay en México uno que recurre a la violencia sólo como defensa, que reflexiona y tiene serenidad y paciencia aun frente a la situación más desesperada. Es Kalimán, el hombre increíble”, escribe Marco Levario Turcott en “Trazos de historieta” (Etcétera, abril de 2004).
Hacia 1965 (en historieta, aunque en radio unos años antes) surgió Kalimán. El hombre increíble, cuyos creadores fueron Rafael Cutberto Navarro y Modesto Ramón Vázquez; se trata de una creación enteramente mexicana, aunque el personaje en sí no lo sea.
El ser increíble a Kalimán no le vino como producto de una mutación (como se estila con los superhéroes), ni de un experimento químico fallido o por radiación (como pasó con Hulk, el Hombre increíble u Hombre verde), tampoco de ser un artefacto creado por la mano del hombre (como Kitt, el auto increíble), sino, y esto lo vuelve un personaje cercano, sin ninguna clase de aditamento, salvo su blanca vestimenta; su poder provenía de sí mismo, de la mente humana, poderosa como no lo puede ser ninguna otra cosa. Kalimán encarna, como pocos, lo que la mente, gracias a un cultivo esmerado, es capaz de lograr.
Hulk (1962), una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) moderno –el Dr. Banner, un sujeto pensante y Hulk, un tipo que siempre está furioso–, bastaba que lo exasperaran de tal modo para transformarse por completo: sus ropas acababan rasgadas, porque de su interior emergía una fuerza inusitada. Su cuerpo adquiría una tonalidad verde y una musculatura imponente. Kitt, el auto increíble (1984) –otra creación hollywoodesca como Hulk–, una máquina inteligente conducida por un tipo alto, delgado, bien parecido, hábil y de mente rápida; ambos, Hulk y Kitt (y su conductor), resolvían favorablemente cualquier misión o conflicto que se les presentara: siempre con la conclusión del triunfo del bien sobre el mal. Esa antigua dualidad que Kalimán llevó hasta su grado máximo, sólo que sin ayuda ajena.
Kalimán, séptimo hombre en la dinastía de la diosa Kali (la diosa negra, guerrera de los mundos, que nunca evita la batalla), privilegia el uso de la razón por sobre la fuerza (“Nada es más poderoso que la mente humana”), y su credo personal, influencia directa de su formación con su maestro Ralma (un monje lama), quien lo encaminó por el difícil sendero del dominio de la mente, pasaba por no derramar jamás la sangre de los hombres.
El surgimiento de diversos héroes –reseña Levario Turcott–, como Thor, Hulk, Daredevil, Capitán América, X Men, Hombre Araña, y Kalimán entre ellos, se dio en los años sesenta, década de la Guerra Fría, la construcción del Muro de Berlín, la crisis de los misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la guerra de Vietnam, el asesinato del presidente Kennedy, la primavera de Praga y los movimientos estudiantiles alrededor del mundo. Es decir, como una respuesta a los embates de la realidad.
Kalimán, según sus creadores, surgió como “un desafío frente al ambiente de violencia imperante en aquel momento en la televisión y el cine.” En poco más de 20 años –de 1965 a 1986– la historieta vendió mil millones de ejemplares, una cifra estratosférica. “Dos millones de ejemplares llegó a tirar por semana Kalimán”, dice Adriana Malvido en Revista Mexicana de Comunicación (1989).
A Kalimán, héroe de carne y hueso, alejado de influencias sobrenaturales, de ingeniería avanzada y de la inyección de hormonas, le bastaba, para someter a sus enemigos, anteponer la inteligencia a la fuerza bruta: ahí están el conde Bartok, la Bruja Blanca (de la que también se enamoró) y, por supuesto, Namilak (Kalimán, al revés), quien encarna su séptima muerte, es decir, es él mismo, tiene iguales poderes, piensa de forma idéntica, sólo que se inclina por el mal; a todos sin excepción los derrotó sin ningún tipo de trampa o marrullería, salvo “serenidad y paciencia”, y su mente poderosa.

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