Un almanaque para la memoria

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El 2014 fue el año de Los Charros de Jalisco, también un año de violencia en los estadios, de movilizaciones sociales, de danza, de toros y lunas de octubre, en definitiva “2014 estuvo nutrido de imágenes y temas que en conjunto hacen un año muy especial”, dice Saúl Núñez, fotoperiodista y curador, al lado de Alfredo García, de la exposición “Almanaque Fotográfico Guadalajara 2014”. Un título sugerente para una exposición que más que un capricho visual representa un intento por hacer frente a “la necesidad de tener una memoria visual colectiva de los eventos más importantes que surgieron en 2014”.

El proyecto comenzó a tomar forma hace un año en coordinación con el Museo del Periodismo y Cultura Guadalajara, y ahora ha dado lugar a una exposición —inaugurada el pasado 27 de agosto— y a un libro digital en el que el columnista Jaime García Elías es autor del texto de presentación y donde el monero Manuel Falcón participó ilustrando la imagen de un fotoperiodista.

En la actual era de las tecnologías, el nutrido trabajo de quienes recogen cada día la estampa del entorno inmediato ha encontrado una plataforma virtual que permite admirar aquellos pormenores que en un montaje podrían verse limitados. Por ello, la exposición está compuesta por una selección de cuarenta fotografías y dos secuencias fotográficas de veintitrés fotoperiodistas y fotodocumentalistas que radican en la Zona Metropolitana de Guadalajara, mientras que la muestra recogida para el libro virtual, con más de cien imágenes, permite conocer mayores detalles sobre el trabajo de cada autor. Un proyecto de periodistas para la construcción de una memoria fotográfica local.

“Tenemos, por un lado, a fotógrafos consagrados como José Hernández Claire, Chema Martínez, Luis Fernando Moreno o Rafael del Río y, por otro, tenemos a fotógrafos emergentes que tienen dos o tres años en los medios pero ya repuntan por su calidad de imagen; por eso se les invitó, para tener el contraste de la vieja guardia de fotógrafos con la nueva”, asegura Nuñez, aunque reconoce que en las futuras ediciones del almanaque la participación de fotógrafos no dependerá de una invitación como se hizo en esta primera exhibición, sino de una convocatoria abierta.

La curaduría de la exposición, explica, priorizó la organización de las imágenes por esferas temáticas, divididas en ocho grupos, mientras que el libro —de acceso gratuito— pondera el trabajo y la figura del autor.

Así “por el lado amable que tuvo la ciudad tenemos los temas como el Bucket Challenge, con una foto que representa cómo también a nosotros nos vino a contagiar esa moda; también está la presentación de Lola Lince (y su compañía de Danza Experimental), o las lunas de octubre con la Minerva de fondo”, dice Núñez, aunque precisa que otro tipo de temas dejaron al descubierto lo contrastante de la realidad que observa este almanaque, por ejemplo, la fotografía de Alfredo García de la cena del 24 de diciembre de 2014 en la Mesa de los Ocotes, donde una familia de bajos recursos celebra con una carne asada la Navidad; o las dos secuencias fotográficas que ponen al descubierto preocupaciones sociales importantes, porque algunas imágenes sólo pueden cobrar sentido vistas como una continuidad.

Ignacio Reyes es el autor de una de ellas, compuesta por siete imágenes en las que es posible observar el momento en el que un espontáneo recibe una cornada; la otra secuencia de Fabricio Atilano muestra a un migrante —de los tantos anónimos que cruzan en tren por nuestra ciudad— resbalando y cayendo a las vías del ferrocarril. Y no faltaron las distintas perspectivas desde donde varios autores posaron la mirada en la megamarcha convocada en apoyo a los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, en la que la presencia de los padres de familia representó un elemento histórico.

Además, estan presentes temáticas que dan muestra de preocupaciones recurrentes en el gremio periodístico, comenta Núñez, como “la inseguridad que mantenemos en la zona metropolitana, que es mucha y se ve reflejada en el trabajo, pues nosotros no les marcamos una pauta para el envío de fotos y tampoco hubo ninguna censura, así que creo es el reflejo de su trabajo; aun cuando también hubo guiños mucho más amables que Guadalajara nos hizo, como la luna, el teatro o la danza”.

Con este almanaque se inaugura no sólo una forma de comprender la fotografía como un apoyo documental para la memoria, sino una práctica que año con año irá enriqueciendo el acervo de nuestro estado, y atestiguando, a través del trabajo de los fotoperiodistas y fotodocumentalistas —como periodistas en activo— o como observadores de su entorno —como sujetos documentadores—, los sucesos del acontecer local.

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