Después de décadas de abrazar y practicar el libre comercio, el 10 de diciembre de 2025 el Congreso de la Unión aprobó modificaciones a la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación para aumentar los aranceles a las importaciones procedentes de países con los que México no tiene un acuerdo comercial, hasta el nivel máximo permitido por la Organización Mundial del Comercio.

Si bien se dirigen a un puñado de países y afectarán sólo al 8.6 por ciento de las importaciones de México, estas modificaciones cobran relevancia en razón de que China no solo se encuentra entre esos países, sino que será el más afectado por las medidas; los demás (Corea del Sur, India, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Taiwán, Turquía y Rusia, entre otros) correrán mejor suerte.

El impacto en China será fuerte. Los aranceles a los automóviles chinos aumentarán hasta un 50 por ciento desde el rango actual del 15 al 20 por ciento. En el caso de las autopartes, el aumento será de entre el 10 y el 50 por ciento desde el rango actual del 0 al 35 por ciento. Los aumentos se aplicarán en paralelo a una campaña, ya en marcha, para combatir la importación ilegal de productos chinos.

El plan se implementará a pesar de que China es el principal proveedor de componentes y otros insumos para empresas mexicanas en las industrias automotriz y electrónica que fabrican productos terminados para exportar a Estados Unidos. Los automóviles y autopartes representaron el 13.6 y el 14 por ciento de las exportaciones de China a México en 2024, respectivamente, superando este último a Rusia como principal importador de automóviles chinos ese año.

Los aumentos se justificaron sobre la base de que los aranceles son requeridos por el Programa de Protección de Industrias Estratégicas incluido en el paquete económico del presupuesto federal para 2026. Oficialmente, el objetivo es proteger 325 mil 000 empleos en riesgo en 19 sectores industriales estratégicos, sustituir importaciones y reducir el creciente déficit comercial de México con los países objeto de los aranceles, especialmente China.

La medida busca lograr tres objetivos. El primero es responder a las presiones de Estados Unidos para que México aumente sus aranceles y se sume a la campaña de Washington para construir un muro arancelario contra China. Otro es fortalecer la posición de México en las negociaciones previas a la revisión del Acuerdo Comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) en julio de 2026. El tercero es concretar los citados objetivos de política interna y además fomentar la producción y la innovación nacionales.

Esta política ha sido elogiada en algunos círculos internacionales como una estrategia inteligente para apuntalar la posición de México en la escena comercial. Su significación más profunda, empero, reside en el potencial que tiene para consolidar la dinámica económica que se ha establecido entre México y las dos principales superpotencias del mundo. Los nuevos aranceles reafirmarán la alineación de México con los intereses de Estados Unidos y forzarán la necesidad de profundizar sus vínculos con China.

La primera guerra comercial de Trump con China y la pandemia de COVID-19 interrumpieron las cadenas transpacíficas de suministro, provocando retrasos en los envíos y aumentos en los costos de transporte. En ese contexto, México surgió como una ubicación lógica para la instalación de plantas por fabricantes chinos y estadounidenses, dada su cercanía con Estados Unidos, su amplia oferta de mano de obra y trabajadores calificados y el acceso a los mercados estadounidenses que ofrece gracias a su membresía en el T-MEC.

Esos procesos dieron lugar a la conformación de un nuevo triángulo económico que, a diferencia de los triángulos de crecimiento de la década de 1990, tiene un alcance transpacífico y se sustenta en una densa red de vínculos comerciales y de inversión y una intrincada red de cadenas de suministro que hacen que los intereses y objetivos de estos tres países converjan.

Las exportaciones chinas a México ascendieron a 129 mil 500 millones de dólares en 2024, lo que representa el 20.3 por ciento del total. Las exportaciones de México a China alcanzaron solo 9 mil 900 millones de dólares, lo que resultó en un déficit comercial récord de 120 mil millones de dólares. En 2023 China se convirtió en el segundo socio comercial de México, después de Estados Unidos. México se ha convertido así en el mercado más importante de China en América Latina.

Al mismo tiempo, México se convirtió en el mayor exportador a Estados Unidos y su principal socio comercial en 2023, superando a Canadá y a China. El comercio bilateral de bienes ese año alcanzó un récord de 839 mil 500 millones de dólares a finales de 2024. Las exportaciones de México a Estados Unidos ascendieron a 512 mil 700 millones de dólares en 2024, lo que representa el 83.3 por ciento de las exportaciones totales del país.

El giro proteccionista de México tiene el potencial de solidificar esas interconexiones y, por ende, el triángulo Estados Unidos-México-China como un fenómeno singular propulsado por la rivalidad geopolítica y económica entre Estados Unidos y China, en el que México juega un papel de equilibrio entre las dos superpotencias.

México ha pasado así de ser un actor pasivo y subordinado a erigirse en un socio indispensable para ambas superpotencias, un lugar donde pueden prosperar o bien librar sus guerras comerciales.

SOBRE EL AUTOR

Juan José Palacios. Fundador del Departamento de Estudios del Pacífico del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, y miembro del Comité Directivo Internacional de la Conferencia de Comercio y Desarrollo del Pacífico (PAFTAD).

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