miércoles, agosto 12, 2026
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Tres décadas de estudio de las aves acuáticas desde el CUCSur

Investigadores y estudiantes han hecho mancuerna para generar conocimiento y formar un equipo sólido

En 1996, cuando Salvador Hernández Vázquez, profesor e investigador del CUCSur, decidió enfocar su trabajo en las aves acuáticas de la costa de Jalisco, había más preguntas que respuestas. Se sabía poco sobre las especies que habitaban la región, sus sitios de anidación o los patrones que seguían a lo largo del año.

Lo que comenzó como una búsqueda por responder preguntas básicas sobre las aves de la costa de Jalisco, se convirtió, luego de casi tres décadas, en una línea de investigación que ha desarrollado proyectos científicos y formado a numerosas generaciones de estudiantes.

Aunque actualmente es reconocido por su trabajo con aves acuáticas, Hernández Vázquez no siempre tuvo claro cuál sería su camino. Antes, trabajó con tortugas marinas, reptiles, insectos, tiburones, rayas, cocodrilos, e incluso plantas medicinales. “Yo era todólogo, pero encontré el camino del bien, las aves”, comenta entre risas.

Su interés surgió al encontrar un vacío de información sobre las aves acuáticas de la región. “Mi intención era responder preguntas básicas, ¿qué hay en la costa de Jalisco?, ¿cuánto hay? y ¿cuándo llegan?”, explica.

Uno de los momentos clave en su trayectoria ocurrió durante su primera visita a Peñablanca, una isla que con el tiempo se convertiría en uno de los sitios más importantes para el estudio de aves marinas en la región. El interés por ese lugar surgió a partir de los relatos de un capitán que hablaba de la presencia de aves en la zona. Al llegar, encontró grandes colonias de bobos y rabijuncos, conocidas por los pescadores locales como “gallitos”, pero prácticamente desconocidas desde el ámbito científico.

A pesar del fuerte oleaje y de llevar el brazo enyesado, decidió desembarcar y explorar la isla. “Una vez que subí, hice un recorrido, y dije, ‘No, yo tengo que trabajar aquí. Tengo que conseguir dinero para venir aquí y conseguí el dinero’. Y ahí empecé el primer estudio ya un poco más intenso en Peñablanca”, relata con orgullo.

Con los años se incorporaron más estudiantes y se desarrollaron nuevos proyectos. Una de las etapas más importantes para el crecimiento del grupo fue la llegada del doctor José Alfredo Castillo Guerrero, profesor e investigador del CUCSur, que tras concluir sus estudios de doctorado y buscar durante varios años una oportunidad laboral estable, se integró al centro universitario para continuar trabajando con aves marinas, un tema que ya formaba parte de su trayectoria académica.

“Yo lo sentí muy natural. Llegué a trabajar con especies que ya conocía, pero también con nuevas posibilidades para desarrollar proyectos”, comenta.

Uno de sus primeros recuerdos dentro del equipo ocurrió también en Peñablanca. “Ver cómo Chava brincaba de la lancha a la piedra lo hacía parecer muy fácil”, recuerda entre risas. “Pero cuando das el salto te das cuenta de que sí es más complicado de lo que parece”. Sin embargo, más allá de las dificultades para desembarcar, lo que más recuerda es la sensación de familiaridad que experimentó al encontrarse rodeado de bobos y rabijuncos.

“Ya había trabajado con esas especies en otros lugares, así que cuando llegué y los vi, me sentí como en casa”, comenta.

Para Salvador Hernández, contar con otro investigador permitió ampliar las líneas de trabajo y ofrecer más oportunidades a los estudiantes. “Cuando trabajas solo, llega un momento en que te cansas. Tener a alguien con experiencia y nuevas ideas ayudó mucho al crecimiento del proyecto”, señala.

Trabajo en equipo

Desde entonces, ambos investigadores han colaborado en proyectos relacionados con el monitoreo, reproducción, comportamiento y conservación de aves marinas. Además de los proyectos científicos, uno de los principales resultados después de casi tres décadas ha sido la formación de estudiantes, pues más de 100 jóvenes han participado en actividades de investigación, tesis, servicio social o trabajo de campo.

Lizely Estrada, pasante de la licenciatura en Biología marina, forma parte de ese grupo. Ingresó al equipo a través del servicio social y recuerda claramente su primera salida a Peñablanca.

La primera salida fue en febrero del 2020, en una estancia. Los primeros años no fueron sencillos, además de conseguir financiamiento para desarrollar proyectos, uno de los principales desafíos era encontrar personas interesadas en participar. Con el tiempo comenzaron a llegar estudiantes del CUCBA para realizar estancias académicas y posteriormente se integraron tesistas, prestadores de servicio social y voluntarios.

“Me acuerdo mucho ver la gran piedrota blanca desde la lancha y sentir el corazón a mil”, nos cuenta Lizely con nostalgia en su voz.

La historia de Ana Catalina López Córdoba también refleja cómo las experiencias en campo pueden cambiar el rumbo de los estudiantes y admite que su primera opción fueron los mamíferos. Además del trabajo científico, quienes han formado parte del equipo destacan el ambiente de apoyo y compañerismo que existe entre estudiantes e investigadores.

Y la historia de Esteban Alejandro Morales García, estudiante de octavo semestre de Biología marina, también está marcada por la perseverancia. Después de varios intentos por integrarse al grupo, finalmente encontró una oportunidad para participar. “Lo único que puedes hacer es esperar y tener paciencia, pero sí vale la pena esa espera, o sea, sí tienes muchas recompensas después”, comenta Esteban.

Después de casi treinta años, el equipo de aves acuáticas del CUCSur reúne a investigadores, estudiantes y egresados que han participado en distintos proyectos de investigación y conservación.

Cuando se le pregunta qué es lo que más le enorgullece, Salvador Hernández no habla primero de publicaciones o proyectos. Habla de las personas, de los estudiantes que encontraron una vocación, de quienes regresan años después convertidos en profesionistas, de quienes llegaron con curiosidad y terminaron formando parte de una historia que comenzó en 1996 y que continúa escribiéndose cada año.

Porque, al final, además de generar conocimiento sobre las aves de la costa de Jalisco, el equipo ha contribuido a la formación de nuevas generaciones de biólogos que continúan trabajando en la investigación y conservación de estas especies.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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