Transgénicos: llegaron para quedarse

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Datos de 1982 reportan los primeros ensayos de producción transgénica en México. Hoy se cultiva maíz, algodón, tomate, jitomate, canola, algodón, soya, calabacita, papaya, papa, melón, trigo, chile, piña, plátano, tabaco, alfalfa y arroz. Una parte de estos alimentos consumidos todos los días en los hogares, pueden ser organismos genéticamente modificados (OGM), pero lo desconocemos, porque no existe ninguna norma que obligue a las empresas a señalar que el producto es transgénico.
Datos de la ONG Biodiversidad en América Latina y El Caribe, señalan que hasta 2005 eran 16 estados de México los que contaban con permisos para cultivar transgénicos en más de 200 mil hectáreas: Chiapas, Sinaloa, Guanajuato, Veracruz, Baja California, Estado de México, Tamaulipas, Baja California Sur, Coahuila, Sonora, Nuevo León, Chihuahua, San Luís Potosí, Nayarit, Morelos y Jalisco, en municipios como Autlán, Arandas, Atotonilco, Sayula, La Barca y Tlajomulco.
Hasta esa fecha, 151 empresas contaban con un permiso otorgado por las autoridades federales para el cultivo de transgénicos, los cuales “se comenzaron a vender con la idea de poder resolver el problema del hambre en el mundo, generando cultivos resistentes a epidemias”, explicó la doctora Rosa Leticia Sherman Leaño, investigadora del Departamento de Salud Pública, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara.
En este tema, el maíz, alimento básico en México, “corre un peligro claro y evidente de que deje de ser nuestro”, comentó la especialista, después de que empresas transnacionales como la estadounidense Monsanto, que cultivan en la república mexicana productos transgénicos, hace algunos días obtuvo dos permisos para sembrar 63.49 hectáreas de maíz transgénico en Sinaloa.
Ambientalistas coinciden en que las autorizaciones otorgadas por el gobierno federal son ilegales, violan la Ley de bioseguridad de organismos genéticamente modificados (LBOGM) y se contrapone a lo que señala la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y la Comisión Nacional de íreas Naturales Protegidas (Conanp).
Para la también coordinadora de la maestría en gestión ambiental, de la UdeG, el cultivo de maíz transgénico por Monsanto, la segunda empresa que obtuvo mayores ganancias por la venta de semillas en el mundo en 1999 (aproximadamente mil 700 millones de dólares), es parte de “medidas ambientalistas totalmente destructoras y depredadoras del medio ambiente”, porque el flujo de los genes de los transgénicos no son estáticos y pueden afectar a las variedades silvestres de maíz.
Añadió que además de Monsanto, la empresa mexicana Pulsar, la estadounidense Dupont y la alemana Aventis y las filiales de éstas, son algunas de las 28 empresas que cultivan transgénicos en México y juntas obtuvieron el 67 por ciento de los permisos para cultivo.

Rechazo europeo
La industria de los transgénicos en diferentes países de Europa ha reportado una disminución del 13 por ciento en el número de cultivos de transgénicos. Además, los gobiernos de Francia, Alemania, Polonia, Austria, Grecia, Luxemburgo Hungría, Italia y Letonia se sumaron a la lucha para impedir la siembra de maíz transgénico, después de que se aliaron para proteger la agricultura y la alimentación. España, Portugal, República Checa, Polonia, Eslovaquia y Rumania son los únicos países que cultivan transgénicos a nivel comercial.
Aleira Lara, coordinadora de la campaña Agricultura sustentable y transgénicos, de Greenpeace, México difundió que la verdadera solución al problema del desabasto de alimentos está lejos de los organismos genéticamente modificados. Conviene “apostarle a una agricultura sostenible a largo plazo, que haga un uso eficiente de los recursos naturales y que nos provea de alimentos a largo plazo. Esa agricultura esta siendo demandada por organizaciones campesinas en nuestro país”.
Sherman Leaño comentó que es necesario reflexionar y regresar al manejo ancestral de la tierra.

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