Tortugas en La Gloria: hidrometeorólogos y biólogos unidos para conservarlas

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TORTUGAS MARINAS PLAYA MAYTO

En el mar la vida no siempre es del color que la pinta el refrán… a menos que tengas la suerte de ser una tortuga golfina, de la especie Lepidochelys olivacea, y que la suerte —el azar— o las condiciones oceanográficas y meteorológicas, o una combinación de todas ellas —lo que si eres estudiante o investigador del posgrado en Hidrometeorología del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías en Guadalajara (CUCEI), estarás interesado y encantado de estudiar— te hayan llevado a depositar tus huevos en la arena del playón de Mismaloya, en el campamento La Gloria del municipio de Tomatlán —y si eres estudiante o investigador del Departamento de Estudios para el Desarrollo Sustentable de Zonas Costeras del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSUR), seguramente no pasará un día sin que hayas vigilado los nidos—. Para tortugas, hidrometeorólogos y biólogos, estar en La Gloria representa una oportunidad única en la vida por diversas razones, como veremos a continuación.
Desde hace casi 20 años, José Antonio Trejo Robles y Rosa Estela Carretero Montes, investigadores del CUCSUR, llevan a cabo un trabajo de vital —palabra nunca mejor empleada— importancia para la conservación de la tortuga golfina. Tan sólo para la temporada pasada (2008), gracias al esfuerzo de cientos de personas coordinadas por ellos, entre las que se incluyen estudiantes, miembros de la cooperativa pesquera La Cruz de Loreto y habitantes de la comunidad, un total de cuatro mil 612 nidos, con 446 mil 200 huevos y 325 mil 109 crías fueron liberados al mar.
Que biólogos de la UdeG estén metidos hasta los codos en las arenas de La Gloria para estudiar y proteger a las tortugas marinas puede que no extrañe a ningún lector. Que oceanógrafos y meteorólogos quieran meter su cuchara —o, para ser más precisos, sus termómetros— en La Gloria es algo menos común, en especial si no tenemos en mente que la reproducción de la tortuga es afectada de manera determinante por la temperatura. Si eres una tortuga, tu sobrevivencia a temperaturas por debajo de los 27 y por arriba de los 33 grados centígrados es bastante improbable. Si eres un biólogo, sabrás que a 30 grados centígrados la mitad de las tortugas recién nacidas serán hembras; a temperaturas por debajo de los treinta grados, obtendrás únicamente machos; en tanto que, arriba de la temperatura mencionada, serán sólo hembras las que salgan de los huevos cuidados noche y día por ti. Si eres hidrometeorólogo, tendrás que explicar cosas como la variación de la temperatura de la arena de los nidos a diferentes profundidades, y cómo influyen en la vida de las tortugas las tormentas tropicales que cada verano y otoño pasan cerca del campamento tortuguero.
Como quienes escriben esto no son biólogos (y, evidentemente, tampoco tortugas), pasaremos a describir con mayor detalle el objetivo de la participación de oceanógrafos y meteorólogos en los trabajos de campo en La Gloria: estudiar la variación de parámetros meteorológicos —como son: la temperatura y la humedad del aire, la radiación solar y la velocidad y dirección del viento— y oceanográficos —como la temperatura del océano—, así como de la temperatura de la arena en diferentes puntos de la playa y a distintas profundidades, con la finalidad de encontrar las relaciones entre la variabilidad del medio ambiente y la frecuencia de salida de las tortugas a la playa para hacer sus nidos, pues se ha observado —o, mejor dicho, los biólogos lo han hecho— que en ciertos días las tortugas pueden estar de humor de poner decenas de nidos, mientras que en otros deciden comportarse en honor a su nombre y no poner ninguno.
Para lograr nuestra meta, en abril de 2008 instalamos en la playa, cerca de los nidos de tortuga golfita, una estación meteorológica automática y anclamos en el mar dos boyas oceanográficas con termómetros y medidores de nivel del mar, así como otros diez termómetros distribuidos horizontal y verticalmente por la playa. A la fecha contamos con nueve meses de medición, pero todos estos instrumentos de medición seguirán registrando datos cada veinte minutos durante por lo menos un par de años más, con lo que podremos estudiar no sólo los cambios estacionales, sino también interanuales —como los ocasionados por fenómenos como El Niño y La Niña, habida cuenta de que uno de ellos esté presente durante el período de medición—.
Para aquellos lectores impacientes, que no pueden resistir leer los resultados de este trabajo en La Gaceta de marzo de 2011, podemos adelantar que un breve análisis de los datos tratados hasta el momento muestra que el ciclo diurno de temperatura se manifiesta en la arena de la playa hasta una profundidad de 45 centímetros. Cuando se aproxima una tormenta tropical, el descenso de temperatura asociado a ella puede manifestarse en la arena a una profundidad de hasta más de un metro y durar así hasta un par se semanas, lo que innegablemente influye de manera determinante en la reproducción de las tortugas. Al término de este estudio, biólogos e hidrometeorólogos serán felices al publicar artículos o presentar ponencias en congresos, con títulos como: “Proporción sexual de crías, mortalidad embrionaria y conducta de anidación de hembras de Lepidochelys olivacea”.
Vayamos ahora en sentido contrario, hacia un pasado de hace decenas de millones de años, en el que no existían biólogos ni hidrometeorólogos, pero sí tortugas. La temperatura del planeta comienza a cambiar, nacen únicamente crías de dinosaurios de un solo sexo y, en consecuencia, cientos de especies de estos reptiles empiezan a tener problemas para encontrar pareja. Meteoritos aparte, ¿cuántas extinciones podrían achacarse a esta cercana relación entre temperatura y sexo? Que los científicos se preocupen por dar respuesta a ello y, mientras tanto, que las tortugas continúen reproduciéndose en La Gloria. [

* Investigadores del Posgrado en Ciencias en Hidrometeorología,
Departamento de Física, CUCEI.

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