Con una trayectoria enfocada en el estudio, cuidado y seguimiento a niñas y niños con altas capacidades intelectuales, la doctora Dolores Valadez ha dedicado su tiempo a los más pequeños y a tratar de entender la forma en la que ven la vida.
¿Cuáles han sido sus principales líneas de investigación? “Siempre he trabajado con población que requiere mucho apoyo. Estuve un tiempo trabajando con población psiquiátrica, pero desde el punto de vista educativo. Después trabajé con niños de la calle, con niños desnutridos y al entrar a la Universidad empecé a trabajar con niños que requerían apoyo de educación especial, fue con una población con discapacidad intelectual profunda y así fui trabajando con otras poblaciones hasta que llegué a niñas y niños con altas capacidades”.
¿Cómo se da su ingreso a la Academia? “Supe de la Academia Mexicana de Ciencias hace mucho tiempo porque mi mentor en ese momento era miembro y a mí se me hacía algo lejano, difícil y complicado; después ingresé al Sistema Nacional de Investigadores, que uno cree que es difícil, y lo es, pero con trabajo se ingresa. Entonces me llamó la atención pertenecer a la Academia porque se me hace que desde ahí se puede contribuir en el conocimiento”.
¿Qué ha aprendido al trabajar con niñas y niños con altas capacidades? “Trabajar con población de altas capacidades me ha permitido mirar de forma diferente a todas las personas, esto quiere decir que nosotros no siempre vemos donde está el talento, en dónde destacan o cuáles son las potencialidades; estamos más centrados en las dificultades, en las deficiencias, en lo que se hace mal, pero se trata de ver cuáles son las fortalezas”.
¿Qué es lo que sigue en su carrera? “Ahora estoy muy centrada en el campo de las personas cuidadoras, sobre todo de padres que tienen hijos con diferentes condiciones y en aquellos que requieren mucho más apoyo. Estamos trabajando en ese sentido para mejorar su calidad de vida, en favorecer más su bienestar. Y en el campo de las altas capacidades, estamos muy inmersos en la doble excepcionalidad, porque en este ámbito hay muchos niños que tienen alta capacidad además de otra condición como trastorno del espectro autista, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, dificultades de aprendizaje o alguna discapacidad física; se conoce poco y hay mucha confusión en este tema”.
¿Qué consejo le daría a las y los jóvenes investigadores? “Se tienen que visualizar. Yo desde jovencita decía ‘quiero ser investigadora’ y empecé a trabajar sobre ello. Desde que ingresen a la licenciatura acérquense a las áreas que les vayan interesando para que sepan si realmente es por ahí o es por otra área. Lo que hay que hacer es aplicarse, inspirarse y trabajar, sí se puede, todos podemos llegar hasta donde nos visualicemos”.