martes, julio 21, 2026
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Sierra de Manantlán: un laboratorio natural para entender el futuro de los bosques

La Estación científica Las Joyas en un referente nacional para estudiar la respuesta de estos ecosistemas al cambio climático

Entre la neblina de la Reserva de la biósfera sierra de Manantlán, varios cables recorren el tronco de un árbol. A unos metros, una computadora almacena miles de datos que, desde hace años, registran cada cambio del bosque. Todo parece discreto hasta que se comprende la magnitud de lo que ocurre: kilómetros de árboles forman parte de un sistema que sostiene el agua, el clima y la vida de toda una región.

Caminar por la Estación científica Las Joyas es encontrarse con un laboratorio a cielo abierto. Cada sensor instalado en un tronco, cada cable que conecta con un datalogger y cada medición realizada entre la vegetación representan años de trabajo. Detrás de esa infraestructura hay una investigación que ha crecido con perseverancia y una científica: la doctora Karolina Riaño Ospina ha decidido mantenerla viva porque, como ella misma reconoce, todavía quedan muchas preguntas por responder.

En este bosque de niebla de la Universidad de Guadalajara se desarrolla el proyecto “Vulnerabilidad y resiliencia a la sequía en los bosques mexicanos”, una investigación que busca responder una pregunta que cobra cada vez más importancia frente al cambio climático: ¿cuál es el efecto que tiene la sequía sobre la respuesta fisiológica de los árboles?

A diferencia de la mayoría de los estudios de ecofisiología vegetal que se realizan en invernaderos o laboratorios, aquí el experimento ocurre directamente en el bosque. Los árboles permanecen donde han crecido durante décadas y los investigadores modifican únicamente la cantidad de lluvia que reciben para observar cómo responden sin alterar el resto de las condiciones naturales.

«La diferencia en fisiología de plantas de este estudio es lograr controlar un factor ambiental para ver la respuesta de la vegetación que lleva décadas creciendo acá, porque estos árboles con los que estamos trabajando son árboles adultos que tienen más de 30 años de estar aquí”, explica Riaño Ospina, profesora e Investigadora de CUCSur.

La investigación se desarrolla en dos sitios de muestreo: El León y Escobedo. Cada uno cuenta con una parcela de exclusión de lluvia de 30×30 metros equipada con estructuras que reducen la precipitación para simular un escenario de sequía y otra de control, donde los árboles permanecen bajo las condiciones naturales del bosque.

En cada sitio se monitorean ocho árboles: cuatro pinos y cuatro clethras, dos especies con estrategias distintas para manejar el agua. Desde el Laboratorio de ecofisiología de las plantas (Lefip), los investigadores registran de manera continua parámetros como el flujo de savia, la humedad del suelo, el potencial hídrico, el contenido de agua, la apertura del dosel, la fotosíntesis y la conductancia estomática. Cada dato permite entender un poco más cómo funciona el bosque cuando el agua comienza a escasear y cómo responden sus árboles frente a uno de los mayores retos que plantea el cambio climático.

Uno de los resultados que más sorprendió al equipo fue descubrir que los pinos continúan transportando enormes cantidades de agua incluso durante la temporada seca. Los registros muestran a individuos capaces de mover hasta 120 litros de agua al día, el equivalente a seis garrafones.

Fue entonces cuando surgió una pregunta inevitable. “120 litros de agua, ¿de dónde están saliendo? Pues es que esta… es la reserva de Manantlán. Estos son manantiales, son cuerpos de aguas subterráneos. Estas reservas son una fuente de agua para la región”, relata.

La respuesta cambió la perspectiva del proyecto. Más allá de la sequía simulada, los datos comenzaron a revelar la enorme importancia hidrológica de la sierra de Manantlán. Debajo de ese bosque existe una red de agua subterránea que continúa alimentando a los árboles, incluso durante los meses más secos del año. Comprender cómo circula esa agua y cómo sostiene al ecosistema abre nuevas preguntas sobre el funcionamiento del bosque y sobre la conservación de una de las reservas naturales más importantes del Occidente de México.

Después de varios años de monitoreo, el proyecto ya ha comenzado a mostrar cómo algunas especies reducen su consumo de agua, cómo cambia el dosel del bosque y cómo la sequía modifica poco a poco la dinámica del ecosistema. Cada resultado genera nuevas preguntas y demuestra que aún queda mucho por descubrir.

Hasta ahora, este es el único experimento de exclusión de lluvia desarrollado en un bosque de niebla en México, lo que convierte a la Estación científica Las Joyas en un referente nacional para estudiar la respuesta de los bosques al cambio climático.

Para Riaño Ospina, la infraestructura instalada representa mucho más que un proyecto. Desde el Lefip, la invitación permanece abierta para que estudiantes e investigadores de distintas disciplinas aprovechen este espacio y desarrollen nuevas líneas de investigación sobre biodiversidad, carbono, hidrología, fauna o cualquier otra pregunta que permita comprender mejor el funcionamiento de los bosques mexicanos.

Mientras los sensores continúan registrando información cada 15 minutos, el bosque sigue respondiendo en silencio. Cada litro de agua que asciende por el tronco de un pino, cada cambio en el dosel y cada dato almacenado en el datalogger recuerdan que entender cómo funciona un árbol también es entender cómo se sostiene la vida de toda una región.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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