Rubén Darío y la inmensidad de su obra

Principal exponente del Modernismo, el escritor nicaragüense dejó una gran variedad de trabajos en prosa y en verso que marcarían profundamente la literatura hispanoamericana

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Fotos: Cortesía

Uno de los poemas más conocidos de Rubén Darío es “Los motivos del lobo”. En el Colegio, Sor Consolata hasta levitaba al escucharlo. En los festejos escolares se presentaba ese poema con el poco feliz mote de “recitación”:

“El varón que tiene corazón de lis,/ alma de querube, lengua celestial/ el mínimo y dulce Francisco de Asís,/ está con un rudo y torvo animal, …”.

Esas dulces palabras pronunciadas por una ídem alumna inundaban todos los rincones de la escuela y allende la cuadra. Ni cómo escapar. Ella, en plena actuación, reprendía a un lobo imaginario que la escuchaba al igual que el respetable público presente. Luego un inmenso aplauso indicaba que, por fin, todo había concluido. “Este número estuvo bajo la dirección de sor Consolata…”, anunciaba la ceremoniera. El respetable se ponía de pie inundado con renovados aplausos el patio mayor y la sóror, toda modosita, los agradecía como si se los prodigaran por primera vez. ¿Por qué siempre ese poema? Quizá porque la oratoria aconseja lo atribuido a Stendhal: “La memoria necesita de la rima”.

Fue en los primeros meses de sexto grado cuando mi concepto sobre Rubén Darío cambió por completo. Les cuento. En el libro Lengua Nacional estaba el poema “Rimas” de Darío. “Hay un verde laurel. En sus ramas/ un enjambre de pájaros duerme/ en mudo reposo,/ sin que el beso del sol los despierte…”  Esa lectura era otra cosa. Pero fue Continente, libro de apoyo, el que modificó por completo la errónea percepción. Ahí viene una foto donde el poeta mira de frente la cámara, sentado en un mullido sillón. Más adelante se presenta el poema “Marcha Triunfal”: “Ya viene el cortejo!/ ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines./ La espada se anuncia con vivo reflejo;/ ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines”. Sor Consolata decía con énfasis: “Escuchen las palabras. Suenan como un desfile con trompetas y tambores”. Consolatrix —así la nombraban las monjas en privado— consideraba la lectura y los libros como un tesoro al que se debía merecer.

Azul… el primer libro de Rubén Darío, se publicó en Valparaíso en 1888. El cónsul de España en esa ciudad era primo del escritor Juan Valera, el autor de Pepita Jiménez. Por medio de él, Darío le envió su libro al novelista. Tiempo después, Valera publicó una crítica favorable bajo el título “Cartas americanas” en el periódico El Imparcial de Madrid (22 y 29 de octubre de 1888). Entre otros señalamientos, el crítico punteó: “En la prosa hay más riqueza de ideas, pero es más afrancesada la forma. En los versos, la forma es más castiza. Los versos de Vd. se parecen a los versos españoles de otros autores y no por eso dejan de ser originales; …” Para la segunda edición del libro, Darío le agregó nuevos textos y como prólogo, las dos “Cartas…” de Valera.

Félix Rubén García Sarmiento (Metapa, 18 de enero de 1867—León, 6 de febrero de 1916) es el nombre de pila de Rubén Darío. Él es el principal representante del Modernismo, movimiento literario que surgió en Hispanoamérica y renovó la lengua española. “Hay dos etapas —afirma José Emilio Pacheco— principales en el Modernismo: una parnasiana y otra simbolista y decadente”. Hubo muchos escritores de Latinoamérica que se sumaron a este movimiento; son de citar los mexicanos Salvador Díaz Mirón, José Manuel Othón, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, Enrique González Martínez y José Juan Tablada.

En relación con México, Rubén Darío estuvo solamente en Veracruz para los festejos del Centenario de la Independencia. El poeta se encontraba en Francia cuando el presidente de Nicaragua, el Dr. Madriz, lo nombró representante de su gobierno para los festejos. Darío se embarcó, el 21 de agosto de 1810, en el Puerto de Saint Nazaire, con escala en La Habana. En la travesía se enteró del derrocamiento del Dr. Madriz y de la toma del poder por Estrada. Aun así, siguió su camino rumbo a México. En Veracruz fue invitado a no avanzar a la Capital. El gobierno de Estrada, pro Estados Unidos, no le envió la acreditación como su representante. Rubén Darío visitó además del Puerto, Xalapa y Coatepec.

Foto: Inbal

La obra dariana es extensa. Sus colaboraciones en los periódicos de Hispanoamérica fueron comunes. En 1997, la revista Vuelta de Octavio Paz publicó dos poemas desconocidos publicados en La Razón de Montevideo. “Trabajos en prosa y en verso aparecieron en diarios locales, unos, levantados de conocidas publicaciones porteñas, otros, en revistas, motivo por el cual no fueron recogidos en libro”, informa la nota introductoria. Los poemas son “Versos a la reina” y “Mayúsculas”.

Carlos Fuentes, en su discurso de recepción del Premio Príncipe de Asturias 1987, citó un verso de Rubén Darío incluido en el poema “Los cisnes”.  Al explicar la expansión del idioma español, casi 350 millones de hablantes en esa fecha, expresó: “Esto significa que, en el siglo que se avecina, la lengua castellana será el idioma preponderante de las tres Américas: la del Sur, la del Centro y la del Norte. La famosa pregunta de Rubén Darío —¿tantos millones hablarán inglés?— será al fin contestada: no, hablarán español”.

“Variar la entonación de un idioma, afinar su música, es quizá la obra capital del poeta”, sostuvo Borges al colocar a Rubén Darío a la altura de Garcilaso de la Vega y de Luis de Góngora. Y agregó el título de sus poemas preferidos: “A Francia”, “Metempsícosis”, “Lo fatal” y “Verlaine”.  Y aclaró: “…son las primeras que acuden a mi pluma, pero sé que son muchas y que una sola bastaría para su gloria”.

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