Río Santiago: no solo en El Salto

A lo largo de varias poblaciones, el afluente del río destaca por su contaminación y su peligrosidad

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Foto: Jorge Alberto Mendoza

En San Cristóbal de la Barranca, en la orilla de uno de los tres ríos que lo cruzan (el Juchipila), un letrero del ayuntamiento recomienda: “Meterse al agua es su responsabilidad”. En cambio, en el caso de otro de ellos, el letrero verde que con letras blancas anuncia su nombre: “Río Santiago”, por si solo constituye una advertencia para quienes quisieran bañarse en él.

Si esto no bastara, en temporada de calor, cuando todavía hay gente de la ciudad que para pasar un día de campo acude a este pueblo, enclavado en el fondo de una barranca que surca la sierra Madre Occidental, 40 kilómetros al norte de Guadalajara, el olor nauseabundo y la espuma que reverbera en los bordes del río, representan una ulterior señal de que probablemente no es “adecuado” meterse en sus aguas.

“Está totalmente contaminado”, comenta Alfredo, dueño de una tienda de abarrotes: “ya tiene desde los años 70 así. Antes había pescado, camarones. Ahora ya no hay nada”. Afirma que toda la población lo sabe, y ni se le acerca, pero tienen que cuidar de las personas que vienen de fuera. “Una vez vimos a dos muchachas, en bikini, que estaban nadando en el Santiago, y jugaban con la espuma, contentas. Tuvimos que ir a sacarlas, si no con esta contaminación quién sabe lo que les iba a pasar”.

“El olor es insoportable”, explicó Andrés López, un vecino del pueblo. “En temporada de calor, cuando se agudiza, no se puede respirar y a muchas personas les arden los ojos o les dan dolores de cabeza terribles. Tenemos que salirnos a las afueras, para alejarnos del tufo”. Agregó que “si vas a donde se juntan los dos ríos, se nota la diferencia entre uno y otro. Hasta los peces del Juchipila, al llegar al Santiago, se regresan”. Efectivamente, las aguas de este están turbias y malolientes, mientras que las de aquel todavía son cristalinas.

Desinterés e impotencia
En cuanto a si las autoridades han implementado acciones para limpiar el río, Alfredo explicó que: “tenemos mucho tiempo pidiéndolo. Es la promesa que hacen todos los alcaldes en campaña, pero nadie hace nada. Hace nueve años, cuando entró el primer gobierno panista del estado, hicieron una propuesta para poner por lo menos una planta tratadora. Sin embargo, los priistas no quisieron”.

Isauro Sánchez Santana, actual presidente municipal de San Cristóbal por parte del PRI, con respecto al Santiago, dijo que “muchos políticos usan como trampolín el discurso de que van a tratar las aguas, pero en realidad esta es pura fantasía: no se puede hacer nada”.

Asegura “que sería inútil que tratáramos las aguas residuales que salen de nuestros hogares y las pequeñas industrias que tenemos, y que vertemos en el río Santiago, porque ya viene contaminado desde otros lugares”.

Hasta los años 80 muchas familias del lugar sobrevivían pescando y vendiendo el producto en la ciudad, pero ahora el agua del Río Santiago son inutilizables. “La contaminación afectó la economía. Ya somos un pueblo fantasma: todos emigraron”.
Según el último censo, San Cristóbal cuenta con una población de 25 mil habitantes, pero en la actualidad, “los que estamos viviendo aquí somos siete mil”.

Problemas de salud
Sánchez Santana, además de ser primer edil, tiene 33 años trabajando en San Cristóbal como médico. Dijo que debido a los gases de la contaminación, aumentan en el municipio la incidencia de algunas enfermedades. “En los periodos en que hay estos fuertes olores, repugnantes, se presentan problemas respiratorios, hasta de tipo alérgico y asmáticos, gripas frecuentes, además de irritación de ojos y conjuntivitis”.

El médico pasante Nicolás Hernández, encargado de la clínica de salud del lugar, argumentó que, de acuerdo a los resultados del Sistema de Vigilancia Epidemiológica, en los periodos de calor “hay una mayor incidencia de enfermedades gastrointestinales debidas a bacterias”, que se pueden relacionar con la contaminación del agua.

Hernández tiene apenas dos meses en la clínica. “Cuando llegué aquí no conocía el lugar, pero no me imaginaba que el río estuviese en tales condiciones”. Por esto investigó si existían análisis sobre la calidad del agua, “para ver si se podía relacionar la contaminación con algunos tipos de patologías”. Sin embargo, no encontró nada.

Los datos que nos proporcionó la Región Sanitaria 10, de la que depende la clínica, confirmaron que las infecciones respiratorias agudas son la enfermedades más comunes. En 2009 se registraron 1024 casos, con repuntes en la temporada de calor. Lo mismo pasa con las infecciones intestinales, que figuran entre las primeras cinco por números de casos, que aumentan considerablemente entre mayo y julio.

Un problema grave
En San Cristóbal, como en los demás poblados de la parte norte del alto Santiago, se concentra todo tipo de contaminantes. Como explicó José Antonio Reyna Gómez, investigador del CUCEI, “el problema grave se halla en la parte norte de Guadalajara.”

“El río, además de conservar gran parte de la contaminación industrial que se concentra en El Salto, en su pasaje por la ZMG y los municipios conurbados, que tienen sus descargas directamente en el Santiago, recibe un cúmulo de contaminantes, desde naturales hasta químicos, porque no hay ordenamiento en la ciudad que divida la zona urbana, industrial, comercial y agrícola”.

Agregó que “desde el Valle de Atemajac, la cuenca del Ahogado, y por la parte norte, la barranca de Colimilla y de Oblatos, el río recibe unos afluentes, como son el río Osorio, San Andrés y San Juan de Dios, que ya no son ríos, sino drenajes, que están llenos de contaminantes porque la ciudad trata solamente el tres por ciento de su agua”.

Por ende, el problema “se hace patente en los puntos bajos del río, como en la barranca. Hay espumas y olores fétidos, porque allí se concentran los contaminantes debido a que se encuentran a 1000 metros de altitud sobre el nivel del mar, y por gravedad reciben todos los ríos con las descargas de la ciudad, que está a 1500 metros”.

Esto lo saben bien los habitantes de San Cristóbal, pueblo que a pesar de su entorno natural y estético, deja un sentido de impotencia y desolación. Convivir con el río Santiago aquí, no es cosa fácil.

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