Percepción extrasensorial

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“Llame, llame ya…”. Así terminan un montón de anuncios de televisión, entre éstos, el de los adivinadores de la suerte. Debe ser un gran negocio, si vemos que Amira nos puede decir nuestro futuro si le pagamos más de 6 pesos por mensaje, más 11 por ciento de IVA en ciudades fronterizas o si lo prefieren semanal, cuesta 12.60 más IVA o bien mensual, 50.43 más IVA.
Walter Mercado, quizás el más conocido de todos, comenzó en el negocio de la adivinación de pura chiripa. Sucede que hubo una ópera que iban a transmitir por televisión y le pidieron que se vistiera con ropas indias para que dijera unas palabras astrológicas frente a la cámara. Llamó tanto la atención, que dos meses después ya tenía su propio programa de televisión. ¡Ah!, y ya no se llama Walter Mercado. Ahora se hace llamar Shanti Ananda (paz y felicidad).
La parapsicología está compuesta por la telepatía, la clarividencia, la psicoquinesis y la percepción extrasensorial, entre otras materias. Hablando específicamente de esta última, hay muchísima gente que cree que realmente tenemos sentidos extras (sexto sentido) o bien que vemos o escuchamos cosas del futuro o del pasado. Por ejemplo, una encuesta realizada en Estados Unidos (Moore, 2005), dice que 41 por ciento de los entrevistados cree en la percepción extrasensorial, 31 por ciento en la telepatía y 26 por ciento en la clarividencia. Los estudiantes de la licenciatura en Psicología tienen un altísimo 73 por ciento (a estas alturas no me debería de sorprender, porque doy clases en la carrera de Psicología, en la Universidad de Guadalajara), de acuerdo a un estudio de Taylor y Kowalski, de 2003.
Para mayor sorpresa mía, un pequeño porcentaje de los científicos, 4 por ciento, para ser específicos, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, también cree en estas supuestas capacidades humanas y 10 por ciento cree que hay al menos una posibilidad de que existan (McConnell y Clark, 1991).
Esta cuestión de la percepción extrasensorial fue acuñada como término en 1870, por sir Richard Burton, e investigada más o menos sistemáticamente por J. B. Rhine, desde la década de los treinta, utilizando las famosas cartas Zener, nombradas así por un colaborador de Rhine.
En México comenzó en 1919, cuando el doctor Gustav Pagenstecher encontró a una paciente (por medio de la hipnosis) que supuestamente tenía estos poderes.
La investigación en el área la continuó Enrique Aragón, que llegó a ser rector de la Universidad Nacional Autónoma de México y director de las facultades de Filosofía y Psicología y Psiquiatría.
Es hasta 1974 cuando se organizan todos los seguidores de estas creencias y fundan la Sociedad Mexicana de Parapsicología, la cual al parecer apoya al arzobispado de México trabajando con las personas a las que les van a hacer un exorcismo (Gomezharper, documento de internet).

La investigación actual
Desde hace mucho tiempo han existido varios intentos por probar científicamente estas capacidades y a pesar de que tienen más de 100 años tratando de probarlas, los resultados no son alentadores que digamos. Investigadores contemporáneos a Rhine trataron de replicar sus hallazgos y no lo lograron (Ullman, Krippner y Vaughhan, 1973).
En un primer momento Daryl Bem y Charles Honorton publicaron un artículo (en una revista bastante prestigiosa), en el que utilizaron una técnica estadística conocida como “meta-análisis”, la cual permite a los investigadores combinar los resultados de muchos estudios para tratarlos a todos como si fueran uno solo.
En su análisis (Bem y Honorton, 1994) descubrieron que los participantes habían obtenido un nivel de aciertos del 35 por ciento, que es más alto que el 25 por ciento de probabilidades de atinarle por puro azar (recuerden que la elección se da entre una de cuatro opciones).
La respuesta vino por parte de Julie Milton y Richard Wiseman, quienes posteriormente agregaron más estudios que los analizados por Bem y Honorton. La conclusión a la que llegaron fue que los efectos del método Ganzfeld es puro azar (Milton y Wiseman, 1999).
En 2001, Lance Storm y Suitbert Ertel (2001) respondieron con otro meta-análisis, en el que volvieron a encontrar evidencia a favor de la percepción extrasensorial. E inmediatamente se les respondió con un artículo más (Milton y Wiseman, 2001), en el que criticaban el artículo de Storm y Ertel sobre fallas metodológicas que ponían en serias dudas sus afirmaciones a favor de la percepción extrasensorial.
Mi opinión continúa siendo escéptica, no sólo porque todos sus estudios están en entredicho, sino porque la pura existencia de la percepción extrasensorial va en contra de lo que se sabe en otras muchas disciplinas científicas. Por ejemplo, la física. Si fuera cierto que podemos ver el futuro o cosas que están lejísimos, entonces todo lo que se conoce en física sobre cuestiones tales como el espacio, el tiempo y la materia, se tendrían que reformular. Y hasta donde sé, no hay nada en la física que avale la existencia de semejantes ideas.

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