lunes, mayo 18, 2026
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Patti Smith: rebeldía que trasciende a las “bellas artes”

Uno de los íconos de la época en que la contestación y el misticismo sacudieron una generación entera, la cantante estadounidense sigue hablándole a los más jóvenes de una manera cercana, con su forma de ser y narrar el mundo, enigmática y poética, que será reconocida con el Premio Príncipe de Asturias 2026

Especial

Cuando utilizaba pantalones rotos y los zapatos Converse en el peor estado posible, Patti Smith, la “punketa” transmisora de palabras y evocaciones, llegó a mi vida. Fue gracias a un cover de la canción “Twist and shout” (conocida mundialmente por The Isley Brothers y The Beatles) que empaticé con su energía, su ritmo y su vitalidad.

Había algo en su imagen que me resultaba impactante y atractivo; su aspecto andrógino, el cabello poco cepillado y de corte extravagante, las ropas holgadas, los trajes y los pantalones de vestir, sacos y accesorios diversos que la volvían una figura enigmática y totalmente evocativa.

Horses, uno de sus más emblemáticos álbumes, me impactó tanto en sonido como en imagen y concepto, convirtiéndose en uno de mis más fieles compañeros de travesías: rupturas de corazón, enfrentamientos contra mí misma y búsqueda interna. Podía entender en ella el poder místico, pero sincero, de la rebeldía descontrolada tan necesaria cuando se es joven. Son justo estas figuras, casi santificadas, las que me ayudaron a visualizar el camino hacia el cuestionamiento del todo, pero también hacia la belleza y la contemplación.

Patti Smith es mucho más que una simple cantante y compositora. Nacida en Chicago, pero criada en Nueva Jersey, emprendió muy pronto su fuga hacia la cuna del arte moderno estadounidense, la imparable ciudad de Nueva York. Sacrificó su hogareña vida, la compañía de sus seres queridos, hermanos y padres, para encontrarse con su destino: la creación artística.

Fue hasta 2024, aquí en Guadalajara, en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, donde finalmente pude verla actuar por primera vez. Su voz, contradictoriamente cansada y energética a la vez, transmitía aquellos ideales por los que muchos seguimos luchando.

FOTO: NACIÓN IMAGO

Y es que así ha sido siempre. La cantante ha dejado muy claro que entrega una parte muy suya, muy propia cada que su público está frente a ella y, aunque yo pude apreciarla siendo una mujer ya “mayor” (con el cabello blanco y las arrugas presentes), la magia permanecía intacta, mostrándonos que, tal como lo dicen las pancartas, “el rock nunca muere, ni se apaga”.

Enrique Blanc, periodista musical, conductor del programa “Radio al cubo” de Radio Universidad de Guadalajara, recuerda también con emoción la primera vez que asistió a un concierto de la “madrina del punk”, justo el que marcó el regreso de la cantante a los escenarios luego de sus años de retiro tras la devastadora pérdida de su esposo, Fred “Sonic” Smith y su hermano, Todd Smith.

“Patti Smith ya me había noqueado como cantante; después lo hizo como poeta con el libro Babel, el cual todavía conservo, aunque ya está todo deslavado”, dice Blanc con una sonrisa. “En 1996 yo me encontraba en Los Ángeles, y coincidió con su regreso a los escenarios con el álbum Dream of life, el cual contiene himnos emblemáticos como ‘People have the power’”.

Blanc, sumergido en una necesidad ferviente por presenciar en vivo la energía y la fuerza de Smith, acudió hasta el Wiltern Theater y, entre la multitud de asistentes y de otras celebridades de la música y el cine, pudo presenciar, por primera vez, a aquella mujer de voz poderosa y prosa implacable.

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El reconocimiento de las “bellas artes”

En su libro Just kids, el cual leí a mis veinte años, tal y como dicta la tradición, Patti Smith narra sus vivencias y primeros acercamientos artísticos, cuando Robert Mapplethorpe (su entonces pareja y amigo entrañable por el resto de su vida) y ella se sumergieron en la pasión por la vida, enfrentando con coraje cada prueba que el sistema les ponía enfrente (hambre, falta de dinero, enfermedades, desamores), con el fin de seguir creando poemas, fotografías, collages. De vivir y respirar del arte.

Es por eso y por las otras miles de acciones poéticas y legendarias de Smith –su vivencia en el mágico Hotel Chelsea, su conexión con Bob Dylan, su amistad con Janis Joplin y Jimmi Hendrix, su pasión por visitar tumbas de poetas muertos como Sylvia Plath y Arthur Rimbaud, por nombrar algunas–, que la artista se ha convertido en leyenda viva, en genio dentro de la lámpara del punk, que con la poesía y su actitud, casi siempre espiritual, rechazó la figura concebida del “rockstar”, abandonando lo mundano para sumergirse en su propio mundo.

Ahora las bellas artes reconocerán esta importante trayectoria y su impacto con una de las preseas más aclamadas en la cultura: el Premio Princesa de Asturias, que le será entregado el próximo mes de octubre, según el fallo, por ser una “intérprete de estilo vigoroso, quien ha plasmado la rebeldía del individuo en la sociedad en canciones palpitantes, algunas de las cuales ya son iconos de la música popular de nuestro tiempo. Como escritora, ha transmitido una visión poética de la vida, comprometida con ofrecer un mensaje de esperanza frente a las injusticias. Con una actitud inconformista y transgresora, ejemplo para muchas artistas, ha conmovido a oyentes y lectores de todo el mundo y sigue inspirando a las nuevas generaciones”.

La última parte de esta cita conmueve el espíritu, y es que, aunque ahora tenemos diversos y diversas artistas con una excelencia musical y una métrica lírica respetable, la trascendencia parece ser un objetivo cada vez más difícil de alcanzar. Acondicionados a los algoritmos, a la recepción precoz de información y a las miles de opciones que te ofrece el mercado, parece que el andar del artista, ahora más que nunca, lo obliga a transitar por el olvido.

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Una artista siempre jóven

Sin embargo, Patti Smith ha demostrado su genialidad y su capacidad de poder conectar con diferentes generaciones por medio de su arte, su naturalidad y sus ganas, siempre notorias, de ver y observar al otro. Tal como debería ser cualquier artista, sobre todo los poetas y escritores, que ven en “el de al lado” la más pura inspiración.

En su visita a Guadalajara se pudo observar cómo adolescentes y adultos jóvenes (los cuales podríamos suponer que no tendrían por qué tener a una mujer de más de 70 años dentro de su radar), formaron parte de las filas para su presentación en el performance Correspondences, acompañada por el colectivo Soundwalk.

“Yo estaba emocionado, listo para que firmara uno de mis ejemplares de Just kids; sin embargo, entendía que estaba frente a una figura importante y sabia, por lo que me atreví a preguntarle: ‘¿qué podemos hacer para continuar moviendo y acercando la cultura a todo el mundo desde la universidad?’. A lo que ella me respondió muy sabiamente: ‘Escuchen a los jóvenes, ellos son la guía y tienen el espíritu’”, dijo en entrevista el director del Festival Internacional de Música de Guadalajara (FIM GDL), Sergio Ospina.

Relató que, gracias a ese evento y a la presentación que la artista tuvo en el Paraninfo Enrique Díaz de León, pudo notar la conexión intacta que tenía Smith con la juventud.

“A mí, particularmente, me sorprendió que cuando invitamos a muchos jóvenes a hacer un recorrido por la exposición con Patti, eran de preparatoria, y me sorprendió su disposición a trabajar y estar con ellos, a escucharlos. Te juro que yo pensé que no había mucha referencia de ella en gente de esa edad. Venían muchos niños con libros, con un entendimiento de quién era esta señora, quien, con generosidad y emoción de estar con gente tan joven, conmovió a quienes lo presenciamos”, agregó Ospina.

Smith puede verse entonces como aquella luz al final del túnel, la personificación de quien entiende su influencia y relevancia y busca compartir lo aprendido con aquellos que buscan una mejor comprensión del mundo, en sus facetas de escritora y cantante ícono de una época de rebeldía.

 
Foto: NACIÓN IMAGO

“Musicalmente destaco la rabia, el oponerse al sistema”, explica Blanc. “Obviamente, ella es una pluma privilegiada, no cualquiera escribe canciones con una pluma que roza con la poesía”, añade.

“A veces, cuando uno dice y menciona que Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura, hay gente que no lo entiende –subraya–. Pero es que las canciones de Dylan, como las canciones de Patti, son de altos vuelos, están por encima de la gran mayoría de canciones del universo pop. Ella comienza haciendo casi como spoken word declamando, acompañada con la guitarra, encontrando un lenguaje muy claro de expresarse, que si bien es canción, también es una especie de poesía electrificada”.

Es ahora, cuando los jóvenes del mundo se inclinan hacia la derecha, la imposición y el fascismo, que letras como las de Patti necesitan resonar, ser puestas en el frente como un arma de defensa. Son su poesía y su vivencia las que deben acompañar la libertad que como jóvenes siempre ansiamos conseguir.

Es aquella magia la que merece ser reconocida. Es esa rabia la que debe revivir y mutar hasta convertirse en una llama que se propague y encienda, de manera natural, cada chispa de ímpetu e instinto por defender lo ajeno, pero también lo propio.

¡Madrina del punk, no nos desampares, te rogamos!

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