Hace algunas décadas, Rocío (nombre ficticio) escribía en una carta cómo se sentía. Se describía feliz, animada y emocionada por saber que en Guadalajara vivían otras lesbianas que, al igual que ella, soñaban y luchaban con un mundo en el que pudieran expresar el amor a su manera.
A lo largo de casi dos cuartillas, Rocío expresaba su admiración por “Patlatonalli”, la primera colectiva lésbica de la capital jalisciense. Contaba también sus sueños, sus anhelos y cómo era el saber que no era la única que sentía amor por otras mujeres.
“Me hace muy feliz saber que se está haciendo algo por la ‘Revolución azul’, que es como yo llamo a nuestro derecho a expresar el amor a nuestro modo”, se lee en esa carta que forma parte del Fondo documental Patlatonalli, que alberga la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco (BPEJ) Juan José Arreola.
La carta de Rocío es solo uno de los miles de tesoros que guarda este archivo histórico que recoge las memorias de la colectiva “Patlatonalli” y su lucha a lo largo de tres décadas por los derechos de la diversidad lésbica y de las mujeres.
“Este archivo lo que muestra es cómo se organizaron, quiénes fueron, con quiénes colaboraron y, sobre todo, sus existencias y resistencias múltiples”, explica Arcelia Paz, encargada de este fondo documental.
El fondo está constituido por al menos tres mil 300 documentos y 720 fotografías que relatan la historia de Patlatonalli,entre recortes de periódicos, fanzines, cartas, folletos, dibujos y otros elementos que traen a la vida los recuerdos de esta colectiva y su trabajo desde mediados de los 80 hasta principios de la década de 2010.
En este conjunto de documentos es posible conocer detalles de la forma en la que trabajaban las integrantes, el apoyo que brindaban a otras lesbianas, mujeres heterosexuales y hombres gays, e incluso de aquellos episodios de represión que pretendían frenar su lucha.
Sin embargo, también es posible encontrar imágenes que documentaron sus festejos, sus alegrías en conjunto y los logros obtenidos durante años de buscar mejores condiciones para mujeres heterosexuales, lesbianas y gays.
“Habría sido muy complicado ser diverso o disidente en ese momento, pero también nos ayuda a ver que en aquella disidencia había gozo, había normalización, también había aspiraciones y sueños que en muchos casos sí se lograron”, añade Paz.
Fotografía: Edgar Campechano Espinoza
Una historia de resistencia
Ana Isabel se persignaba más de diez veces cada vez que un pensamiento lésbico llegaba a su mente. Sentía culpa, sentía vergüenza, sentía que era la única que amaba de esa forma. Pero no lo era, y nunca lo fue.
Entre las cientos de fotos del fondo Patlatonalli es posible observar a Ana Isabel López durante su juventud: se le ve en marchas gritando consignas, promoviendo actividades en centros de apoyo para lesbianas, o simplemente siendo feliz con sus amigas.
Recuerda sus primeros acercamientos a los movimientos lésbicos y cómo en los jardines de la exsede del CUCSH (en La Normal) se encontraba con otras mujeres que amaban a las mujeres, quienes se reunían para reflexionar, discutir y plantear las bases para las luchas por los derechos feministas y lésbicos.
“El objetivo era visibilizarnos, abrir espacios, tener un lugar donde atender a las chicas y a nosotras mismas; pero, lógicamente, cuando empiezas a hacer esto más visible se empiezan a mover más las mujeres y al principio esto nos daba miedo”, relata Ana ante un aula llena de estudiantes curiosos.
A la menor provocación, comparte sus anécdotas con sus acompañantes: habla del amor por su familia, de sus 25 años atendiendo a la población diversa y de las tantas aventuras y luchas junto con sus compañeras.
“Yo estuve estudiando en Los Belenes cuando estaba en la prepa, y ahí fue la primera plática que dimos como organización lésbica; ahí atendimos a un grupo de unas siete u ocho, pero sólo dos hablamos y con muchísimo miedo, porque fueron agresivos, pero poco a poquito todo fue cambiando”, asevera.
En su charla, Ana recuerda aquellos episodios en los que se sintió amenazada por ayudar a otras lesbianas. La represión y los cristales rotos. Hace memoria y trae con su relato algunas imágenes del ayer ayudando a hombres homosexuales con VIH, a personas trans y a lesbianas que se sentían solas.
Fotografía: Gustavo Alfonzo
Luego de un suspiro, reconoce que “Patlatonalli” le salvó la vida y la libró de esa culpa que sentía por amar a otras mujeres. Afirma que a lo largo de esos 25 años vivió entre ajetreos por la escuela, la familia, los viajes a las marchas por la diversidad, sus jornadas deportivas y el compromiso por atender a otras.
Suspira y asegura que en aquel entonces todo era luchar, presionar, cuestionar; pero hoy, aunque la lucha todavía no acaba, es menos complicado encontrar a otras personas que, como ella, aman de una forma distinta a la tradicional.
Ahora, Ana es una mujer casada y vive en una familia diversa, junto con su esposa y su hijo, quien es fruto del amor fraternal con uno de sus mejores amigos.
Su historia no podría contarse sin “Patlatonalli”, y viceversa. Presume que ya no se persigna en cada ocasión que piensa en mujeres. Ahora ya no siente culpa ni vergüenza, con el tiempo su miedo se fue y ya se siente libre de compartir sus experiencias, sus batallas, su forma de amar.
“Sean libres, el amor se tiene que vivir siempre en lo que tú quieras, en lo que elijas, en lo que tú seas”, invita.
Fotografía: Gustavo Alfonzo
“Cada vez con más fascinación y menos miedo”
Parece que Arcelia Paz conoce de memoria el Fondo documental “Patlatonalli”, porque sabe dónde están los folletos que invitaban a las reuniones de este grupo lésbico; reconoce los rostros en las fotos que se deslizan por sus dedos y comparte fluidamente el contexto de cada documento que muestra.
Dentro de la BPEJ fue creado el acervo luego de que “Patlatonalli” decidiera donar esos documentos a la Universidad de Guadalajara (UdeG); ahí se alberga como un tesoro más entre miles de libros y, con ayuda de la doctora Paz y otras investigadoras e investigadores, poco a poco se ha consolidado.
El archivo recoge los recuerdos de “Patlatonalli”, de algunas de sus integrantes más activas, como Ana Isabel López, Marta Nualart, Guadalupe López y Patricia Trujillo; y aunque los recuerdos no quedaron intactos, sí se quedaron plasmados en las memorias de Arcelia Paz y en los ojos de quien se sorprende al conocer su historia lésbica.
“La UdeG es la única institución que le ha dado espacio dentro de sus colecciones a un archivo de esta índole, no es necesariamente LGBT, es feminista y lésbico, aunque claramente hay material LGBT dentro. Y sí, es básicamente la única institución en el país que ha decidido también abrir sus potenciales y sus posibilidades a un archivo disidente”.
Entre pláticas y relatos, la doctora Paz comparte los detalles de los recortes de periódicos que comunicaban sobre los movimientos lésbicos hace algunas décadas; también muestra documentos oficiales que no eran amables con la población diversa, pero afirma que las cartas que encontró son algunos de los tesoros más invaluables de ese archivo.
“Hay cartas que nunca se pensaron en recibir porque la idea del grupo nunca fue esa. Ellas querían juntarse para entender cómo era ser distintas en Guadalajara y querían incidir en un futuro en la política pública, querían reeducar a la gente, querían decirles ‘somos como cualquier otra persona’”.
Para ella, la historia de “Patlatonalli” también refleja la historia de Guadalajara, del feminismo en esas épocas, de los grupos de la población diversa y de las mujeres lesbianas que han luchado en la ciudad, por lo que considera que este archivo es una herramienta más para entender el pasado y el presente lésbico en la ciudad.
“Hay varios orígenes para la palabra ‘Patla’ en los diccionarios náhuatl, uno viene de ‘mujer que ama a otra mujer’ y el otro me gusta más, porque incomoda más: ‘mujer que masturba a otra mujer’, y ‘tonalli’ viene de energía o destino. Entonces, para ellas significaba ‘destino lésbico’, o en una versión más poética ‘la energía de dos mujeres que estaban destinadas a amarse’”.