Foto: ©UNICEF

Desde hace algunas décadas los flujos migratorios comenzaron a cambiar su composición: ya no se trataba sólo de varones adultos que viajaban rumbo al norte, si no que ya era posible identificar mujeres, hombres jóvenes y personas de la tercera edad. Posteriormente, a partir del año 2000, a estos flujos migratorios se sumaron, con mayor frecuencia, menores de edad tanto acompañados como no acompañados.

Entre los años 2012 a 2014 México registró un aumento en el flujo de menores migrantes, en que se puede identificar un subgrupo altamente vulnerable: las niñas migrantes. Si el proceso migratorio en sí mismo ya genera escenarios de vulnerabilidad y violencia, las niñas migrantes reflejan la cara oscura de sistemas de protección ineficientes y negligentes.

Desafortunadamente en México la investigación en este fenómeno es sumamente escasa, existen documentos académicos e institucionales sobre la migración infantil, que incluye niños, niñas y adolescentes, incluso existen datos oficiales sobre este grupo en su totalidad, pero no hay un desagregado de información que permita conocer con precisión la situación de las niñas migrantes.

Aproximaciones del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), sugieren que, desde la década de los noventa, el flujo de niñas migrantes ha variado según los años y las condiciones sociales y culturales que se presentan, datos que son resultado de análisis amplios sobre niñez migrante, pero no responden a objetivos precisos a propósito de la indagación del tema.

México al ser país expulsor, receptor y de tránsito de migrantes experimenta diferentes escenarios en los que las niñas migrantes transitan. Escenario uno: migración interna. Para el INEGI, la migración de niños, niñas y adolescentes se encuentra principalmente vinculada a los movimientos migratorios de sus padres, quienes se desplazan dentro del territorio nacional en búsqueda de mejores condiciones de empleo, principalmente para desempeñarse en actividades agrícolas (en campos de Baja California, Jalisco, Michoacán y Sonora, entre otros), aunque también hay otros grupos de población migrante (principalmente indígenas) que se desplazan hacia las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades laborales y resulta común identificarlos en semáforos y grandes avenidas vendiendo golosinas, artesanías, plantas, etc..

Es en este escenario donde las niñas migrantes pasan de ser infantas para convertirse en mano de obra barata en los campos agrícolas, otras se convierten en madres, dado que muchas veces al ser tan pequeñas y no poder laborar directamente en los cultivos o en la calle se quedan al cuidado de hermanos menores, hacen labores de enfermeras cuando los más pequeños o ancianos se enferman y los adultos no pueden cuidarlos, además se desempeñan como maestras enseñando a leer y escribir a miembros de la familia o del grupo que no saben hacerlo, también fungen como cocineras y lavanderas de sus familias o del grupo. En este punto, ellas han dejado de ser su prioridad, para atender necesidades de los otros, quedándose en muchas ocasiones sin continuar con sus estudios y al margen de las necesidades de los demás.

Escenario dos: migración internacional. En este escenario las niñas migrantes se suman a los flujos migratorios, ya sea en compañía de familiares o solas, huyendo de la pobreza y la violencia generada en sus lugares de origen o con el objetivo de reunificación familiar; bajo estas condiciones, ellas están altamente expuestas a ser blanco de explotación a través de redes de trata y tráfico de personas, a ser violentadas física y sexualmente por coyotes (en su intento de cruce fronterizo), a ser abandonadas en territorios inhóspitos, a padecer problemas de salud sexual debido a la falta de información, en muchos casos a sufrir embarazos no deseados e incluso llegar a la muerte.

La Organización Panamericana de la Salud (PAHO por sus siglas en inglés) sostiene que “Las mujeres y niñas migrantes carecen de información y recursos para cuidar su salud sexual y reproductiva” durante la migración… pues esta se ve afectada por un acceso limitado a toallas menstruales, agua y servicios sanitarios; los riesgos del sexo transaccional y la violencia sexual; el alto riesgo de infecciones de transmisión sexual; la imposibilidad de denunciar la violencia sexual; la falta de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva y prenatales; y el conocimiento limitado sobre sus derechos sexuales y reproductivos”.

Escenario tres: migración de tránsito. En los últimos años los desplazamientos poblacionales transitorios por México han enmarcado los titulares de medios informativos que han documentado el paso de las famosas “caravanas migrantes”, las cuales se originan en Centroamérica y atraviesan el territorio nacional con miras a llegar a la Unión Americana. En este escenario las niñas migrantes son víctimas del ‘rumor social’ que las alienta a embarcarse en una aventura desconocida y preocupantemente subdimensionada, son víctimas de los sistemas jurídicos y de salud que no les brindan la protección necesaria en su tránsito y las dejan a merced de bandas criminales y a su suerte en territorios hostiles ante climas extremos; en su travesía, las niñas migrantes también suelen ser consideradas como ‘estorbo’, pues muchas de ellas padecen condiciones de discapacidad y, en su fragilidad propia de impúberes, ralentizan la caminata del grupo. En muchos casos, enfrentan también barreras lingüísticas que las excluyen de procesos comunicativos necesarios, niñas indígenas o afrolatino-americanas son relegadas, acosadas y menospreciadas por el simple hecho de no ser hispanohablantes.

Organismos como la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) han expresado su preocupación por las condiciones en las que viajan las niñas migrantes. Para organizaciones como Save the Children “Las niñas migrantes, y en particular las no acompañadas, no encajan en las categorías sociales preestablecidas. Como migrantes están ‘fuera de lugar’ dentro del estado-nación; como mujeres existen fuera del ámbito doméstico; y como niñas están desprotegidas por la institución de la familia.” A nivel nacional algunas organizaciones no gubernamentales han llegado a cuestionar públicamente la responsabilidad parental, por exponer a las niñas a peligros, violencias, hambre, etc., de la misma manera, han realizado llamados públicos que urgen a la ayuda humanitaria, la protección, la salud, la higiene y la alimentación de este subgrupo vulnerable.

A pesar de que estos escenarios no son los deseables para las mujeres del futuro, la experiencia del desplazamiento forja en las niñas migrantes un carácter resiliente, independiente, pues desarrollan su capacidad de acción y empoderamiento, impregnando en su ser la esperanza de un futuro prometedor en el cual ellas son las protagonistas. Sin embargo, resulta inminente, desde cualquier trinchera, levantar la voz y exigir a los diferentes niveles de gobierno, a los organismos e instituciones nacionales, justicia, eficiencia y eficacia en los sistemas de cuidado y protección a la niñez migrante, especialmente a las niñas. A las universidades y organizaciones de investigación, el llamado es a generar datos e investigación específica sobre este subgrupo poblacional, y a los medios de comunicación un exhorto a realizar coberturas precisas y específicas en que la situación de las niñas migrantes se exhiba en su justa dimensión y no como parte de un grupo social amplio.

Texto: Leticia Hernández Vega, investigadora del Centro Universitario de Guadalajara (CUGDL) y SNII nivel I

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