Colibrí Pico Ancho Norteño (Cynanthus latirostris). Foto: Carlos Palomera

El gran lente telefoto hurga entre las ramas y el follaje. Busca capturar la imagen de los seres vivientes que están ahí, pero no los vemos. Ilusamente creemos que nosotros los observamos, a lo lejos con nuestros binoculares. Nos creemos sigilosos y queremos pasar desapercibidos, pero nuestra presencia la sienten con otros sentidos, nos ven con el olfato, nos perciben con el sonido de la tierra, se camuflan. Aves, reptiles e insectos nos miran con más cuidado que nosotros a ellos. Nosotros queremos una imagen instantánea, ellos prefieren mantenerse vivos.

Antes que nuestros ojos o lentes fotográficos logren enfocar, nosotros ya somos el objetivo claro de una mirada ajena: una que parece evadirnos, esconderse, fugaz, pero que siempre está ahí, en su nido, su madriguera o arriba de nosotros, en el aire… ¿Quiénes nos miran antes que nosotros los veamos? Sentirnos observados por otro mundo es parte del objetivo de la exposición “Miradas de la maturaleza”.

Para lograr esas grandiosas instantáneas, es necesario entrar en la naturaleza para fotografiar y aceptar un diálogo silencioso. Un intercambio de miradas relámpago donde no hay trueno, sino encuentros de mundos opuestos que parecen detenerse por un microinstante. La Iguana negra o garrobo que se calienta bajo el sol nos sigue con atención mientras pacientemente madura desde su actual color verde frutal. El suelo que pisamos nos conecta en vibraciones, la mirada se cruza y nos pensamos en su iris redondo, contrastante y siempre vigilante.

Garrobo o Iguana negra (Ctenosaura pectinata). Foto: Carlos Palomera

Paciencia y suerte se conjugan para presenciar el frenético vuelo del Colibrí Berilo. Su aleteo zumba frente a la cámara que requiere menos de una milésima de segundo para congelar sus alas abiertas en posición simétrica. Nos concentramos en su diminuto cuerpo, pasan desapercibidos sus ojos, que por un instante nos ven y en otra milésima desaparecen junto a las plumas que dejan un eco con efecto dopler. En contraste, el Colibrí Pico Ancho Norteño tiene menos prisa, lo vemos como muy pocas veces, posando sobre una rama en espera de la fotografía, voltea como si escuchara nuestro pensamiento que le dice “mírame”.

Otras especies más grandes y acostumbradas a la invasión humana y óptica, como el Pelícano Café o la Iguana Verde, lanzan una mirada retadora: ¿qué haces aquí, en mi casa? Si nosotros nos sorprendemos con los colores de un Momoto Corona Canela, o el acuatizaje de un Bobo Patas Azules, no es de extrañar la mirada punzante y atenta con la que nos siguen las crías de Garza Nocturna Corona Negra o la familia de Fragatas Tijereta.

Estos cruces de miradas y las imágenes capturadas son un reflejo de miles de años de convivencia, no únicamente un instante. Quienes nos miramos sobrevivimos cambios, la evolución y las amenazas constantes. Las miradas extintas ya no pueden vernos ni aparecer en una fotografía, ya no son parte de nuestro mundo. Por ello, “Miradas de la naturaleza” no es una exposición, sino un espejo de la especie humana, lo que hemos logrado conservar y también lo que hemos puesto en riesgo.

Momoto Corona Canela (Momotus mexicanus). Foto: Jesús Espinoza

María Ospina dice que “ya casi nadie quiere acogerse al roce de las plantas”. Las áreas verdes urbanas, con sus pastos cepillados y arbustos recortados, eliminan los árboles del paisaje y, a veces, de nuestra memoria. La flora desaparece junto con la fauna que la habita. Nuestra comodidad, que exige espacios climatizados y artificialmente asegurados, nos aleja de los peligros de la naturaleza salvaje, pero también nos limita el contacto con su belleza y esplendor.

Eduardo Galeano rememora cómo los humanos observamos, aprendemos y dominamos cuando narra que “El cazador aprendió. Imitando al viento y al pájaro, creó la primera flauta”. Pero la naturaleza no se domina ni se rinde, resiste. Por fortuna todavía existen criaturas audaces que, día tras día, noche tras noche, reclaman el cielo, las aguas y los rincones sin pedir permiso y adaptándose a las invenciones y los deseos de los humanos.

La presencia o ausencia de especies es un diagnóstico de nuestros ecosistemas. Un espacio donde no escuchamos aves, insectos, reptiles, no podría considerarse un mundo sano o apto para vivir.

“Miradas de la naturaleza” recupera la observación como una acción que lucha, como la naturaleza, por hacerse un espacio entre la vida acelerada. 60 fotografías de diversas especies frenan nuestro paso para que la mirada recorra los diferentes formatos que buscan dialogar con la vista. Nosotros no somos los que dominamos con la mirada, debemos sucumbir ante la imponencia de una minúscula Polilla Búho o Leopardo, rendirnos ante la penetrante visión de una Piranga Roja o coquetear con la “Mirada Esmeralda” de un Perico Mexicano. No somos la especie dominante, somos otros ojos con el poder de decidir.

Más allá de observar lo colorido de esta muestra, aceptemos la invitación a permitir que la naturaleza nos observe y reconocer en esa variedad de ojos ajenos las vidas que merecen su permanencia en este mundo. Al final del recorrido cuidadosamente acomodado, cada visitante se llevará el compromiso de mirar más de una vez, con mayor detenimiento y respeto aquello que nos es desconocido, no porque esté lejos o sea inaccesible, sino porque evitamos darnos la oportunidad de mirar con detenimiento, conversar con la mirada, tejer puentes de entendimiento, convivencia y unirnos a una voz silenciosa que no se escucha, se mira.

“Miradas de la naturaleza”, a través de la magia de la fotografía, pone al alcance de nuestros ojos el mundo natural para reflexionar y pensar si es necesario un cambio social para preservar y admirar. La exposición está abierta al público en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola. Se puede visitar de manera gratuita hasta el 25 de febrero en la planta baja de la Galería Jesús Guerrero Galván. Las instalaciones están abiertas en un horario de lunes a viernes de 10 a 18 hrs. Sábado y domingo de 10:00 a 15 hrs.

LOS FOTÓGRAFOS

Los autores que nos regalan esas miradas son:

Jesus Alberto Espinosa Arias

Jesús Alberto Espinosa Arias es Biólogo y profesor del CUSur (UdeG) en Zapotlán el Grande. Su trabajo une arte y tecnología para conservar la biodiversidad en Jalisco. Es creador de ZAVES, proyecto pionero de divulgación inclusiva que ofrece aplicaciones y videos en Lengua de Señas Mexicana para personas con discapacidad. Por esta labor educativa y de aviturismo, recibió el Galardón Colibrí 2023 en la categoría de Producción Audiovisual por su defensa del medio ambiente.

Carlos Palomera García también es Biólogo y académico del CUCSur (UdeG) en Autlán de Navarro. Su pasión por la fotografía nació simultáneamente a su interés científico por las aves durante sus años universitarios. Ha dedicado su lente a documentar la avifauna, compartiendo su trabajo en redes sociales y plataformas especializadas para difundir la riqueza natural de la región.

Carlos Palomera García

TEXTO: Javier Antonio Zepeda Orozco. Docente de tiempo completo en el Departamento de Artes y Humanidades, del CUSur. Integrante del UDG-CA-1085. Colaborador del Laboratorio de Periodismo. Curador de la Exposición “Miradas de la naturaleza”.

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